El 8M o la necesidad de protestar

El 8 de marzo de 2020 me manifesté en Madrid en la manifestación feminista en contra del machismo. Me manifesté, a pesar de que la pandemia ya estaba en la ciudad, por que sentí que tanto la gente como yo necesitábamos ver con nuestros propios ojos que el feminismo seguía activo y que seguía existiendo más allá de los círculos feministas. A su vez, otro motivo para manifestarme fue mostrar a la ultra derecha que la ciudadanía no estaba dispuesta a retroceder por mucho que ellos intentaran destruir el progreso. 



Actualmente, está habiendo simultáneamente manifestaciones en contra del racismo en muchas ciudades del mundo, a pesar, una vez más, del coronavirus. Considero que es muy importante que la gente salga a la calle, a pesar de la pandemia, y se manifieste abiertamente, sin temor, entre otras cosas para expresarse y para que se vea y quede constancia que la gente está en contra del racismo. Si no fuera así, si nadie hubiera salido a la calle en esta manifestación o en el 8M, creo que hubiera sido un triunfo para la ultraderecha de los diferentes países y habría creado una sensación popular de desazón y desanimo ya que ojos que no ven, corazón que no siente. Por tanto, podríamos concluir con acierto, que necesitamos protestar y más concretamente actuar físicamente (en lugar de pensar o compartir en redes) para que se consolide una experiencia. 





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