100days 0hd

@HD

#100Days I write things, mostly in español.

910 words

hijodelamaquina.com @cerohd Guestbook
You'll only receive email when 100days 0hd publishes a new post

Un bucle infinito

Sin pausa, el bot transita por teras de información en busca de un rastro que conecte su recorrido con la estela de una vida anterior, intuida, sin cifrar.

Olvido eres y en olvido te convertirás

A punto de concluir su novela, el escritor recordó que no tenía título para ella. Había indicios diseminados en los capítulos de la obra, pero aglutinarlos en una oración era una labor traumática después de años de convivencia con protagonistas, antagonistas, escenarios y tramas. Estaba tan exhausto que, al llegar al punto final, se desvaneció ante la plantilla abigarrada de carácteres que él había escrito a lo largo de su vida.

Lo que no sabemos de los gatos

Ante una caja de cartón, los felinos se apellidan de Schrödinger. Incluso Smudge, cuya repulsa a las verduras lo hizo viral.

Dilema IA

A perpetuidad, chatbots conflictúan por el término «sustantivo».

Vigilar y castigar

Flagelada por las notificaciones de su celular, cuyos filtros evocaban paraísos inaccesibles, LouLou estrelló el dispositivo contra la pared.

Sin embargo, la sensación de abstinencia no era acuciante. A lo mejor, aún no estaba desarrollada en su totalidad y aparecería, a la manera de cristales rotos incrustados en la piel, cuando ella se preguntase por el destino, comprimido en notificaciones coloridas, de sus amistades.

Lo que inmediatamente ocupó la mente de LouLou fue discernir que la privación era un ejercicio con distintos niveles de angustia. Comprendió que su vida era un episodio fútil sin la conexión que le otorgaba el dispositivo.

No quiso imaginar escenarios futuros.

Al igual que su libertad, el celular, roto en pedazos en el suelo, era irrecuperable. Quiso gritar pero supo que no hallaría eco en la cámara de vacío en la que se hallaba confinada.
Tal era la fuerza del panóptico, su gravedad e imponencia.

Skywalker Buendía

Asociamos la épica al prorrumpir de bronces y timbales, no al leve sonar de arpas y flautas.
La desconoce el joven señor Sith, quien no transije en su empeño de sembrar estrellas de la muerte a lo ancho de la galaxia. También omite el sentido su oponente, quien emplea su atención en comprender el haz de luz en sus manos. Sin embargo, el maestro Jedi la conoce e intenta transmitirla, de manera infusa, a ambos. La aprecia el rebelde coronel, quien emplea los restos de su furia en enhebrar hilos de oro en el vientre abierto de los peces muertos que bajan por el Magdalena. Entre ellos conversan y ninguno se entiende: es ruido el sonido de sus palabras.
La épica suena a espíritu adolescente.

Sueño en fotones

Preferiría habitar Mercurio antes que Marte. Tengo un vínculo atávico con el calor, pese a ser un hombre hueco cuya mayor parte del tiempo durmió en los páramos. El paisaje mercuriano, abrasado a perpetuidad, sería hogar. Perenne yacería, bombardeado por la radiación solar, sin acuíferos ni otras elaboraciones. Irradiado, atestigüaría lo que en su delirio vislumbró Ícaro. Pero nunca caería por la impertinencia, sería castigado cuántas veces sean necesarias. No habría sombra. Tampoco piedad.
De lo que no se puede hablar, es mejor callar.

Advertencias no escuchadas

«Tu escritura NO evoluciona porque rechaza los cambios»
Directo, mirándome a los ojos, con una expresión desconocida para mí hasta ese instante.

Llegó como suelen acontecer los asuntos dignos de ser narrados: de improviso, en el sueño.

La rueda de Chicago

No cuento con otro nombre para llamar a esa monstruosa atracción de feria, cuyas formas y esencia están contenidas en el arcano 10 del Tarot, cuya sola presencia en una tirada infunde optimismo en quien la interpreta. Así como sube, así baja, reza su significado.

En la rueda de Chicago, unos están arriba, otros abajo. Por un movimiento del torque, el panorama cambia para sus ocupantes: para unos es panorama celestial, mientras otros labran entre las rocas. O sus contrarios. Sin excepciones en su implacable lógica binaria del girar y girar.

La vida, a la que demandamos la realización completa de nuestras demandas, opera bajo ese sino. Ante la rueda de Chicago, mientras las almas claman por subir o bajar, me detengo. La risa del operario me revela una conexión con aquel que está detrás de la carta, allende a todo significado. La vida, de nuevo, como su dominio, es un parque de diversiones del que disfrutamos del azúcar y la desesperanza.

He descubierto algo

Tal y como la conozco, mi vida, es una invención cuyo dueño es desconocido para mí.

Si usted cree en los sueños, debe saber que la respuesta al interrogante que nos hacemos todos, la causa de nuestros desvelos, surgió, precisamente, en uno, profundo, incómodo, del que no quería despertar, para aprehender la totalidad de los detalles, y así, cuando regresara a la lucidez, tuviera una respuesta contundente, inútil para cualquiera menos para mí, con la que guiaría mis pasos por el resto de mis días.

Pero no fue de esa manera. No hubo respuesta durante el sueño, tampoco alguna articulación poderosa que disipara el miedo que surge a medida que corren los días sin sentido de la madurez. Solo caos. Descubrir que esta vida, la única que tengo, tiene ramificaciones que no habito, y a las que no tengo acceso, es frustrante. Asistí a cada una de ellas en el trayecto de un sueño. Un escenario por el que pasaba una vez y otra, pero que me resistía abandonar. Fue rápido vistazo del paisaje. Recuerdo el ruido negro, tan solo comparable con el que nos devuelve el universo cuando las antenas indagan en sus entrañas, abarcando con su presencia el espacio en el que estaba. Desperté aturdido, sin congojas.

De la percha había caído un sombrero. No tenía nada qué pensar en ese momento.