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100 días de prosas y ficciones ( #100days)

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El equívoco

Hasta su último suspiro, Nora Joyce, née Barnacle, no cansó de repetir a quien quisiera escucharla que el 16 de junio de 1904 su primer encuentro sexual no fue con James sino con W.B. Yeats, que la tomó "por la puerta trasera, sin tocar dos veces", mientras Joyce fungía de espectador pasivo y elogiaba la fáustica virilidad del poeta con palabras de grueso calibre.

El sexo de los libros

Del escritorio de Michel Houellebecq:
"En dos siglos, los objetos llamados "Libros" follarán entre sí. Lo que es la aberración de una mente bibliofílica, será un derivado perverso, además de lucrativo, para la pornografía. Se sabe que los libros carecen de género y de identidad sexual, por lo que las preocupaciones humanas sobre el placer, y el acceso a éste, no restringirán la interacción entre los objetos. ¿Quién, en su sano juicio, no pagará por asistir al cortejo y acoplamiento de dos trochos, considerados durante milenios como objetos sacrosantos del conocimiento? Por supuesto, es una idea hedonista y marginal, pero sus posibilidades no dejan de ser inquietantes. Me centro en la sensación física de la cópula, en silencio, sin exageraciones, dos objetos consumiéndose el uno al otro mediante una baba, semejante a la textura del caracol, sin dejar rastro de papel a los ojos de los espectadores. La eficaz compulsión de los lectores ante la posibilidad de liquidar tantas bibliotecas. El síndrome de abstinencia. La desolación.
El final de la mala literatura llegará por la vía impensada del sexo de los libros".

La última flor

Más que por la virtud de su arquitectura, destinada a provocar admiración en las inteligencias superiores que hallaría en su recorrido por el universo, Gertrude, el algoritmo, era valorada por ser un testimonio antropológico de dimensiones incalculables. Al eslabonar de manera infinita el aforismo "Una rosa es una rosa es una rosa", transmitía el valor excepcional de la flor sobre la que bardos y escritoras construyeron las literaturas de la tierra. Flor de la que, en un atisbo de torpeza común a la especie, no se había conservado semilla o material alguno que permitiera, a esas mismas inteligencias superiores, recrearla genéticamente.

La lista de compras

El detective accedió sin problemas al computador del asesino más buscado. En su interior encontró una carpeta con la etiqueta "Nuevo inicio" en la que había una libreta de notas sin título. Al abrirla, el detective encontró una lista de números. Su primera reacción fue sorpresiva: a primera vista, la lista ponía en evidencia los asesinatos del criminal en orden cronológico. El caso, cuya duración remontaba a 15 años atrás y por el que pasaron 3 detectives antes que él, estaba resuelto por un descuido del asesino.

Sin embargo, antes de celebrar, el detective se inquirió si el asesino no estaría jugando con sus expectativas. Había estado muy cerca de capturarlo una vez, de no ser por el aviso de un soplón al interior de su equipo. La tecnología jugaba un papel importante en la cacería, mapas de calor de los lugares sospechosos de ser guaridas y arañas digitales estaban activas recorriendo la red en pos de rastros. Era una cuestión de tiempo para que el criminal fuera detectado o cometiera un error que pusiera fin a la búsqueda. Pero, una libreta de notas descuidada en un viejo computador no encajaba con su perfil. Después de confrontar la lista con sus archivos, encontró que ambos documentos concordaban 100%. Un resultado inédito que incrementó su desconfianza. El asesino era una reconocida inteligencia superior. ¿Y si era una lista de compras codificada con las fechas de sus 24 asesinatos?. Criptografía no encontró vinculo alguno con su premisa. Frente a él estaba la verdad desnuda que permitiría formular los cargos y acelerar su captura.

Para el detective era aceptar la evidencia y proceder por el camino trazado.

El camino del asesino.

Pulsó "borrar" y cerró el caso para siempre.

Grandes Éxitos

Pese a nunca haber hecho realidad mi sueño de ser un crítico musical, como tampoco alcancé el de ser un escritor leído, sí cuento con una ventaja que mis rivales quisieran tener: sueño frecuentemente con mis músicos preferidos en los escenarios ideales para escribir las crónicas que nunca escribiré.
Por ejemplo, esta noche fue Thievery Corporation durante un ensayo, en un sótano de Washington, mientras preparan la gira de otoño. Hasta toqué la marimba, único instrumento musical que domino, para acompañar la voz de Natalia, la vocalista argentina que sigo en Instagram. Conversé con Rob Garza y Eric Hilton de muchas cosas, siendo el tema central la importancia de los uniformes que los miembros de la banda visten en cada concierto. Por supuesto, Thievery no usa uniformes. Tal vez Rob y Eric coincidan en el vestuario negro, ultra cool, de dos djs cuya música me acompaña desde el lejano 2005, pero LouLou y Natalia, Rob y los demás, están sin ropa sobre el escenario. En esos momentos descubro que sueño. Mi vida es un jet-lag entre escenarios vacíos.
Dentro de mi antología de sueños musicales hay una conversación con Bono antes de un ensayo de U2. Sus palabras no eran nítidas para mí, pero no queda duda con respecto a su mensaje de coexistencia mientras Larry chequeaba el celular, Adam rondaba por ahí con su gesto impasible y Edge, molesto, quería enchufar la guitarra. Otro destacado fue con James Hetfield, que tenía escondida una botella de Jack en una bolsa de Armani. No sé, todo me salió tan homeless que le propuse a papa Hef tomarnos dos shots de algo mientras llegaban los demás. No me sorprendió que hace una semana Metallica cancelara la gira. El de Radiohead fue difícil porque Phil no toma café colombiano y el de Miles Davis fue violento: el genio limpiaba su trompeta policolor e insistía, en perfecto creole, que era hora de volver al cielo. En uno, con los Kraken, apareció mi madre, alma bendita que nunca gustó de mi música, y en el de Cerati, mi exmujer le preguntó si seguía amando a Cecilia. Por supuesto, al regresar del jet-lag transcribo lo que más recuerdo. Puedo adelantar que estoy en conversaciones con Kanye. A veces aparece detrás de una puerta, pero el guardián me dice que debo esperar y luego, para cerrar la conversación, me pregunta:"¿Qué hay detrás de la ventana?".

Raíz

Mi padre, que fue un hombre dado a interpretar los sueños, encontró las señales de su muerte en uno que no quiso interpretar. En el despertar tenía las imágenes frescas en su memoria, por lo que decidió transcribirlas en un párrafo. Era una parte de su rutina: anotar sus sueños y dibujar las tiradas del Tarot. Mantenía vivo su talento como dibujante mientras acumulaba paneles con escenas de las cartas tiradas que portaban una advertencia, o un consejo, para las personas. En la escritura usó lápiz; en el dibujo, un bolígrafo. Azul, de trazos gruesos, los fondos en carboncillo. Antes de irme de Cali, pasábamos las tardes tomando café bajo la canícula. En su conversación derivaba de la literatura hacia el Tarot, y viceversa. Yo, que fui filólogo, escuché cómo él describió minuciosamente la última lectura que hizo, diseccionando el sentido en el más estricto rigor gramatical. Después de soñar su muerte, el instinto de supervivencia lo alejó del Tarot, el dibujo y la escritura. También supe, de sus labios, que fue aceptación, aunque para ello haya tardado 18 años desde su partida y otro sueño, el de anoche, en que nos encontramos, y él, con una sonrisa en los labios, me contó su historia.

Filantropía degollada

El museo de cabezas auspiciado por la fortuna de Jeff Bezos es su obra cumbre, superior a sus negocios al detalle, su filantropía, y es la muestra más elevada de su actitud visionaria. A diferencia de titanes como Elon Musk (por cuya testa financió una expedición de NASA hasta Marte) o Donald Trump (exhibida con y sin peluquín, de acuerdo con la intenciones del comisario de turno), Bezos capturó el espíritu de su época al buscar, y capturar, al hombre de la multitud, que con su esfuerzo erigió la fortuna de sus amigos y la suya a niveles inconcebibles para la historia del capitalismo. Por supuesto, reconocer las cabezas de Zuckerberg y de Billie Eilish es una arrogante evidencia de sus conexiones con la plutocracia norteamericana. Observar las humanidades del primer comprador de su librería en línea, o la del analista de inversiones que dio luz verde a su portafolio, e incluso la serie de indocumentados que hicieron una mediana fortuna repartiendo paquetes en la América de la década del 20, no deja de ser un recordatorio de los excesos y horrores del siglo, encarnados en el poder ilimitado de Bezos. Sin embargo, no deja de ser frustrante notar que su cabeza no cuenta con un podio en su museo. Consciente de que tras su desaparición se transformaría en un fenómeno post mortem de feria y peregrinación global, hizo respetar su voluntad de ser incinerado, pese a que él mismo, consciente de que estimularía una competencia a muerte entre ambiciosos y ególatras, puso sobre su humanidad una nada desdeñable recompensa para aquel que pudiera reducirlo y degollarlo.

Cthulhu

Después imagino una selva lóbrega cuya extensión supera el horizonte. Imposible de abarcar con la mirada, quien la recorra se extraviará entre lianas, barro y árboles derrumbados. Sin refugio para el débil, los rumores de los condenados resonarán con una fuerza superior a los fuegos de otros infiernos, menos temidos. Ubicua, la bestia aguardará.

En mi devoción atestiguo su amor furioso.

Psicología inversa

Al convencerse de que su necesidad de figuración abocaría su carrera al fracaso, Samuel Beckett decidió no escribir una línea más en inglés. En cambio abrazó al esperanto, una lengua apta para erosionar su narcisismo y su incontinencia verbal.

Sobre ti

Al igual que millones de su generación, Lautaro adquirió la app para darse un tiempo fuera de Internet sin que esto afectara la frecuencia de sus publicaciones, interacciones y comentarios, ni disminuyera la base de sus seguidores, pese al descenso de los últimos días, atribuido, según él, a un cansancio crónico de una vida de exposición mediática en la red.

Él, cuya identidad había sido gestionada desde antes de nacer por un algoritmo, no dudó en otorgar permiso vitalicio para que la app hiciera la labor programada. Lautaro sintió extrañeza al regresar al mundo material. Al adecuar su visión, descubrió que el mundo fuera de la red no contaba con los filtros, alteraciones y comodidades a las que estaba acostumbrado. Quiso reversar los protocolos de la app, pero el robot revocó su acceso al no encontrar información de respaldo en su base de datos.

-El almacenamiento del sistema no permite más incorporaciones. Proceda a llenar este formulario con su información personal y nos comunicaremos cuando haya almacenamiento disponible-fue la respuesta inalterable que Lautaro recibió por el resto de sus días.

Destino de la impostora

Desoir las advertencias fue una constante en la vida de Luisa.

Le venía de niña, aunque ella afirmó en mas de una ocasión que su necesidad de trascender era innata, y no el producto de las condiciones sociales de su época. Por lo que, mientras sus compañeros cultivaron un talento con miras a un futuro sin incertidumbre, ella empeñó sus esfuerzos en pulir lo que era rebeldía para construir esa imagen de líder que infundíó esperanza en sus seguidores.

Interpelada en cientos de entrevistas sobre su labor, Luisa nunca dudó de sus acciones. Las vinculaba con el destino común de sus millones de seguidores, con lo que apelaba a mantener un sentido de comunidad que inspirara a miles más a unirse a sus causas, algunas a contracorriente del espíritu de su época, del que ella, en meditaciones nocturnas, elaboraba reflexiones profundas y con un acento de invocación para recordar que, sobre todo, las acciones debían realizarse en el presente que habitaba la humanidad.

Sin embargo, hubo ocasiones en que la asaltó la inquietud sobre las consecuencias de sus actos. Eran momentos de vacío en los que la urgía determinar el impacto que sus luchas tenían sobre su vida. La mortificaba el sentido de urgencia: asumir las causas como si estuvieran destinadas para ella, llevarlas hasta el límite y luego abandonarlas para pasar a otras, más grandes, más radicales, en un círculo virtuoso que demandaba más declaraciones, imágenes y acciones contundentes. Muy temprano descubrió que su accionar estaba motivado por la soberbia de quien se descubre rechazada en una negativa o en el insistente golpear de una puerta cerrada que franquea el paso a alguna parte. Ya no había negativa suficientemente poderosa que lograra hincarla o puerta que no estuviera abierta. Descubrió que el sentido de su lucha era insostenible e inajenable, como el de quienes la precedieron, como el de los que la seguirían. Pero que, tal vez, no era el suyo. Como respuesta a esa incertidumbre, sus acciones adquirieron un matiz oscuro, que provocó el rechazo de algunos, pero que a ella le tuvo sin cuidado. hasta sus últimos momentos.

Desoir las advertencias fue una constante en la vida de Luisa.

Lo comprobó cuando sintió los impactos contra su pecho. Pudo contarlos, pero creyó que eran pocos: uno o dos más hubieran cimentado un legado sin discusiones para la posteridad.

Dos muertos

-¿Por qué a mí?-Clamó la víctima, de puntillas sobre un banco.
-Los caminos del señor son misteriosos-Respondió el asesino.
El bruto, en cuyas manos estaba la soga que amarraba al cuello de la víctima, estornudó.
-Sí es así, ¿por qué no me mata de una vez?
-Todavía no es momento-Respondió.
...Para su infortunio, el bruto estornudó por segunda vez. Con su fuerza tensó la cuerda que quebró el cuello de la víctima. Fue una muerte inmediata. Luego amarró la soga a un poste y encaró su destino.

Big Crunch

Cuando necesito conectar con mi vida, sentir la fuerza de un propósito emancipador, poderoso, revolucionario y caótico, abro un cuaderno al azar, empuño el bolígrafo y comienzo a pergeñar frases y párrafos sobre la hoja en blanco, hasta que, poco a poco, y por la fuerza de gravedad del agujero negro contenido en el cuaderno, son engullidas sin dejar rastro. Como mi vida, sin sentido. Desaparecidas.

#BatmanDay

Creemos que la soledad de Bruno Díaz es nuestra, hasta cuando descubrimos que el dolor autoinfligido no evita el insomnio.

Titulares imposibles

Cansados del estereotipo promovido sobre ellos por la industria del porno, actores afro han iniciado un #MeToo por la reivindicación de sus derechos.

Mal del siglo

La muerte del amor fue anticipada por la técnica, cuando los programadores, en un rapto de lucidez, implementaron el modo oscuro en los teléfonos.

Un bucle infinito

Sin pausa, el bot transita por teras de información en busca de un rastro que conecte su recorrido con la estela de una vida anterior, intuida, sin cifrar.

Olvido eres y en olvido te convertirás

A punto de concluir su novela, el escritor recordó que no tenía título para ella. Había indicios diseminados en los capítulos de la obra, pero aglutinarlos en una oración era una labor traumática después de años de convivencia con protagonistas, antagonistas, escenarios y tramas. Estaba tan exhausto que, al llegar al punto final, se desvaneció ante la plantilla abigarrada de carácteres que él había escrito a lo largo de su vida.

Lo que no sabemos de los gatos

Ante una caja de cartón, los felinos se apellidan de Schrödinger. Incluso Smudge, cuya repulsa a las verduras lo hizo viral.

Dilema IA

A perpetuidad, chatbots conflictúan por el término «sustantivo».