Sobre la naturaleza de la tecnología y de la ciencia

15 de octubre de 2021


Tiempo ha se lleva buscando una unificación conceptual de las naturalezas de la ciencia y de la tecnología. Esta unificación la he leído a veces como tecnociencia, por la emplearé en este texto; pero tal distinción de naturalezas radicalmente opuestas genera un grave problema, y es que las naturalezas de ambos objetos difieren en términos conceptuales semánticos, epistemológicos, lógicos, ontológicos e incluso axiológicos. Si bien sí es cierto que comparten una clara impronta metodológica (diferente entre sí, pero común), no son expresiones situadas al mismo nivel, pese a la imagen que el vulgo tenga de ellas.

A menudo se confunden ambas naturalezas, como si se tratase de una única, sin tener en cuenta siquiera la aplicatividad de la tecnociencia. Esto parece ser incrementado hoy día, en parte por el desconocimiento científico generalizado, en parte por la democratización -en el sentido filosófico, no politológico- de la tecnología, no habiendo habido nunca una sociedad tan tecnocratizada y, a la vez, desconocedora de su propia tecnología.

La consecuencia directa de la aplicación de la naturaleza de la ciencia es, en términos generales, la introducción de un nuevo conocimiento de la realidad. A menudo es denominado progreso científico, pero personalmente tengo serias discrepancias con el término, ya que éste conlleva semánticamente positivismo tal, que no es propio de una adquisición de conocimiento, puesto que la pérdida de este conocimiento, a nivel personal o cultural afecta directamente al planteamiento de desarrollo continuo, gradual y generalizado; podría postular que la ciencia se acaba con la cultura -entendida como método de transmisión de información- a no ser que exista un método de almacenamiento de datos que permita su perpetuación, la ciencia es tan volátil como su medio; algo conceptualmente contrario al progreso. Desde el punto de vista social, la aplicación de la ciencia es de marcado carácter positivo, puesto que un mayor conocimiento de la realidad no puede tener, en absoluto, consecuencias morales o éticas -por más que la sociedad modernista lo pretenda-, sino un mayor acercamiento y entendimiento del entorno, sin entrar en un debate sobre la cognoscencia de la realidad, claro.

Si bien la ciencia, entendida como la entienden los clásicos -scientia-, tiene más peso epistemológico; siendo considerada como tal la filosofía, el derecho o la teología, hay que tener en cuenta que el concepto de ésta ha sido relegado a un ámbito más concreto y especializado desde el Renacimiento, postergado únicamente como ciencia a las disciplinas científicas empíricas, experimentales, matematizables (englobado en el método científico). En lo personal destacar que no veo problema alguno en esta concretización de la ciencia, siempre que se respete el saber lógico de las disciplinas científicas descartadas, evitando caer en un cientificismo filosófico nocivo.

En contraposición, la consecuencia directa de la aplicación de la técnica es la innovación tecnológica, cuyo objetivo es la aplicación de técnicas lógicas transformadoras del medio para la obtención de un beneficio concreto. Fundamentalmente, la innovación tecnológica si bien no puede considerarse desde el pensamiento moral; ya que la técnica es la aplicación de una habilidad o destreza -τεχνικός-, propia de la herramienta; sí que tiene un impacto consecuencial en éste. Para dar cuerpo a este argumento, reduciré la naturaleza de la innovación tecnológica a la simplicidad de la fabricación de una espada, cuya naturaleza es ajena a toda moral, como cualquier herramienta. Sin embargo, la hoja de la espada puede ser empleada de forma que sus consecuencias obliguen a pensar en una problemática dentro de la filosofía moral: una espada puede ser usada para ejecutar a un inocente, al igual que para cortar carne que sirve de alimento, o para defender al mismo inocente. Llevando esta argumentación a una complejidad mayor de técnica: la innovación tecnológica producida a partir del conocimiento científico adquirido denominado relatividad especial y general han permitido la tecnificación de la fusión nuclear, que ha dado lugar a la implementación de generación de energía, así como a la fabricación de armamento de destrucción masiva. De nuevo, ajeno a la moral excepto en el impacto sus consecuencias concretas.

Entonces, la ciencia tiene una naturaleza contemplativa de un aspecto concreto de la realidad, así como las órdenes contemplativas reflexionan con serenidad, detenimiento y profundidad sobre la divinidad, sus atributos y los misterios de la fe, el científico observa con los mismos atributos la realidad material, sus relaciones y reacciones; y esta contemplatividad puede ser, por supuesto, asociada en relación de ayuda y apoyo de las consecuencias del avance en la técnica, que tiene una naturaleza activa en el medio. Esta es la relación simbiótica entre las naturalezas de la ciencia y de la tecnología.

Concluyo con que el intento de diluir ambas naturalezas reduciéndolas en una sola, tiene como fin único la subordinación absoluta de la ciencia ante la tecnología, delegando a la ciencia a una mera disciplina con el único objetivo de dar base a la innovación de la tecnología. Ciencias puras como la matemática o la astronomía quedarían obsoletas, puesto que no tendrían aplicatividad en la tecnología. Siendo la tecnociencia la destrucción última de la ciencia.


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