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Sin-sentido común (octubre 11)

Dos hechos marcaron la agenda noticiosa de la última semana. Primero, la confesión de los excomandantes de las antiguas Farc de que habrían sido ellas quienes mataron a Álvaro Gómez Hurtado. Segundo, el levantamiento de la medida de prisión domiciliaria a Uribe por parte de una juez de garantías que le permitirá, al menos por ahora, continuar su defensa en libertad. En ambos casos la legitimidad e independencia de la justicia están en el corazón de la discordia.

Aunque es razonable y necesario cierto escepticismo respecto a la confesión de la Farc, hay sectores de la derecha que, por principio, no parecen estar dispuestos a aceptar ninguna investigación que arroje un resultado distinto a que fue un crimen del regimen narco-gerrillero de Sámper, como lo pusiera Fernando Londoño en una de sus editoriales de los últimos días y sugiere María Isabel Rueda en su columna de hoy en El Tiempo. Menos aún, si tal esclarecimiento lo hace la JEP.

En cuanto al caso de Uribe, aunque la decisión de la jueza de ninguna manera cuestiona la legitimidad del proceder de la Corte mientras el proceso estuvo en su jurisdicción, sus seguidores han presentado su libertad como prueba inequívoca del prevaricato de los magistrados de la Suprema. Y, por supuesto, tampoco aceptarán fallo distinto a la absolución del caudillo. Por lo demás, el fiscal Jaimes -por si alguien tenía dudas- ha dejado claro que se sumará a la defensa de Uribe, luego a lo mejor por este frente ni necesidad tendrán de desacatar.

La extrema derecha colombiana, cada vez con más desenfado -si cabe decir (y es mucho decir)-, muestra su falta del más mínimo escrúpulo democrático y su completa insumisión frente al poder judicial. Opera a este respecto bajo la misma lógica del chiste ese de "mi novia nunca llega tarde, porque si llega tarde ya no es mi novia". Como principio, en efecto, clama: la justicia está de nuestro lado, porque si no lo está entonces no es justicia.

Máximas, invectivas y aforismos (septiembre 29)

§ Si tan solo la cortedad propia nos irritara tanto como la ajena...

Máximas, invectivas y aforismos (septiembre 13)

§ En la hechura de la historia cada uno de nosotros tiene que ver más de lo que imagina y, sobre todo, de lo que dice que imagina, pero mucho menos de lo que fantasea.

Máximas, invectivas y aforismos (agosto 15)

§ La fantasía del mediocre es inmolarse.

Máximas, invectivas y aforismos (agosto 12)

§ Los derechistas (y un amplio sector de la progresía liberal) llaman izquierdista radical a cualquiera que meramente se sitúa a su izquierda, sin que haya realmente un desacuerdo ideológico de fondo.

Pero el izquierdismo radical, si acaso existe, no podría estar situado a ningún costado, sino en frente de unos y otros.

Máximas, invectivas y aforismos (agosto 10)

§ Nuestros descubrimientos cotidianos no son valiosos porque sean auténticos o perspicaces –las más de las veces son manidos y triviales–, sino porque han emergido de la experiencia propia.

Máximas, invectivas y aforismos (agosto 3)

§ A toda la sabiduría del mundo prefiero la ignorancia de Sócrates, que en nada era experto, salvo en las cosas del amor...

Máximas, invectivas y aforismos (julio 28)

§ Debemos ser capaces de apreciar las virtudes de nuestros adversarios no menos que -sin condescender- de tolerar la mediocridad del amigo.

Máximas, invectivas y aforismos (julio 26)

§ Harto más preferible un enemigo agudo que un partidario estulto. Aquel es acicate de la inteligencia; el segundo, rémora.

Máximas, invectivas y aforismos (junio 16)

§ Hay días en que nos dejamos impacientar por la estupidez y la poquedad ajenas. Otros, somos suficientemente lúcidos para reconocer que solo nos han irritado la mezquindad y la envidia propias.

Máximas, invectivas y aforismos (junio 15)

§ «Hoy me venceré», brilla en el ideal. Pero la voluntad, inmóvil, se obstina. Al final, muchas veces, el ideal capitula.

Máximas, invectivas y aforismos (junio 14)

§ Que tratemos de hacernos mejores en nada cambia las consecuencias de nuestros actos pasados, pero muchas veces es la única manera que tenemos para honrar a quienes hemos dañado y soportarnos a nosotros mismos.

De pajas y fetichismos

En una de sus columnas publicadas en Libération y luego compiladas en Un apartamento en Urano, P. B. Preciado relata haber descubierto "con sorpresa", al leer sus diarios, a una Virgina Woolf más preocupada por su atuendo que por las huelgas de mineros que entonces agitaban a Inglaterra; inquieta por la venta de sus libros y no por la violencia de la policía londinense contra los trabajadores ferroviarios movilizados; atribulada porque alguien le dijo que no estaba guapa pero incapaz de reflexionar sobre los conflictos económicos y políticos que desatarían la guerra solo unos pocos años después. Pero ¿por qué habría de sorprendernos esto? La apatía política de Woolf, a lo sumo, choca con nuestro imaginario ilustrado que, contra toda evidencia, nos quiere hacer pensar -a nosotros, buenos letrados- que eso que unilateralmente llamamos cultura y conocimiento de alguna manera constituye una garantía del bien. En cualquier caso, sí que debemos dejarnos interpelar por la pregunta que se hace Preciado en leyendo los susodichos diarios: "¿por qué es tan difícil estar presente frente a lo que sucede?".

Ayer M. Vidov me compartió por chat una animación (https://twitter.com/malbuena/status/1263874412652171264?s=19). En ella vemos en simultaneo, dividida la pantalla en dos cuadros, la cotidianidad de dos hombres: uno duerme plácidamente en una amplia cama, solo, usando un tapaojos, mientras el otro no puede conciliar el sueño, recostado sobre periódicos, con un bebé sobre su pecho y arrumado con varias personas más; el uno se ejercita en su máquina de correr, el otro recorre las calles descalzo, fatigado, cargando a sus hijos; uno come suntuosos platos y postres, el otro, un poco de arroz, alguna galleta y bebe agua estancada; uno se queda sin conexión a internet, el otro sin un peso en la billetera, etc. Me dice Vidov: "comparto este video en el chat de la casa: 'ah, pero eso también es como para hacerlo sentir mal a uno con lo que tiene gracias al trabajo'". No me contó Vidov qué contestó, ni sé qué habría respondido yo.

Sé, sí, que no podríamos llevar estas vidas pequeñoburguesas nuestras sin eso que Zizek llama negación fetichista: "Lo sé, pero me rehúso a asumir completamente las consecuencias de lo que sé, para poder continuar actuando como si no lo supiera". Estar presente frente a lo que nos sucede es tan difícil porque si lo estuviéramos, sencillamente, no podríamos seguir viviendo igual. Antes que reafirmar y justificar nuestra inocencia (o nuestra no-culpabilidad) diciéndonos que nos ganamos la vida -porque podemos, por lo demás- decentemente y con trabajo, ¿no sería en cierto sentido más ético reconocer que, mientras nosotros y los nuestros estemos bien, sean quienes sean los que contemos entre ellos, lo demás no nos importa y que no queremos que nos lo echen en cara? ¿No es preferible la apatía, sincera y superficial como pueda ser, que una pose política hipócrita y afectádamente comprometida y crítica? Pero el cinismo es demasiado fácil...

Como quiera que ello sea, tenemos que recordarnos que, muchas veces, cuando el dolor ajeno y la injusticia nos conmueven no hay en ello más que un acto masturbatorio. Hasta para eso (¿o sobre todo para eso?) necesitamos mayor sentido ético. Al refrán que dice que peor que facho convencido es un comunista arrepentido, deberíamos añadir que un izquierdista pajuelo no es mejor que un burgués impertérrito.

Máximas, invectivas y aforismos (julio 7-II)

§ En los periódicos colombianos predominan dos tipos de historias: noticias hechas farándula y farándula convertida en noticias.

Máximas, invectivas y aforismos (julio 7)

§ Un buen contradictor nos obliga a aclarar lo que decimos. Uno malo, lo que no hemos dicho.