Vida académica: ¿qué hacen quienes investigan? (I)

Hace unos días me topé con una representación visual que trata de sintetizar las tareas que el personal docente e investigador de la universidad desempeña habitualmente. El gráfico, creado por Susan Wardell, segmenta las mismas en los ámbitos de investigación, docencia y gestión. Con toda seguridad esta última es la más desconocida para quienes están al margen del mundo universitario, a pesar de que absorbe una cantidad desproporcionada de horas de trabajo, algo que, de momento, he sabido sobre todo por las quejas de mis colegas. Me atrevería a decir que saber desenvolverse en estas tres áreas es fundamental para la carrera académica. Los procesos de evaluación del profesorado universitario incluyen entre sus baremos méritos por cada una de ellas. Y todas resultan preponderantes en alguna de las etapas de la carrera universitaria (aunque también esto es aplicable al mes académico en que nos encontremos).

Inmediatamente el gráfico llamó mi atención, puesto que pensé que me podría aportar una panorámica completa de la vida académica, incluida, y especialmente, aquella que todavía no he conocido. Hacerse con esta visión de conjunto puede que me resulte beneficioso estratégicamente en el futuro (si es que alguno tengo en al complicada carrera académica) por lo anterior. Más todavía, creo que el gráfico tiene el valor añadido de que no se limita a señalar los roles o figuras profesionales que pueden ser ocupados en la academia, como suele habitual, sino que trata de recapitular las tareas que se consideran ineludibles. De este modo me permite también evaluar si se estoy faltando a alguna tarea de las que se debieran considerar fundamentales (aunque en mi caso en este compendio hay algunas tareas que son fruto de responsabilidades que aún no he adquirido en mi breve carrera académica). Sin embargo, lo que me motivó a escribir unas líneas fue la idea de que se trataba de una oportunidad para recapitular cómo abordo algunas de estos quehaceres en mi día a día y, de paso, compartirlos.

Por lo general, he tenido que diseñar e implementar mis propias dinámicas de trabajo, sin más recursos que mi intuición y capacidad de organización. Sin duda, cada cual se organiza según sus preferencias y capacidad de trabajo. Pero no es menos cierto que pocas veces hay trasvase entre colegas sobre cómo se sustancian muchas de estas tareas en el día a día. De hecho, en muy pocas ocasiones he recibido consejos o alguna instrucción sobre el quehacer investigador, incluyendo mi etapa de formación predoctoral, lo que puede resultar también chocante para observadores externos. Aprovecho para señalar que creo que el fracaso de muchos procesos doctorales, si bien no se explica por este único factor, comienza o se ve abonado por él. El inicio en la vida académica suele ser a ciegas, desconociendo mucho sobre cómo investigar (cuestión distinta al desconocimiento del objeto de estudio y su abordaje).

A este último respecto, en esta breve entrada pretendo recabar aquello que me hubiera gustado saber hace mucho tiempo, cuando daba mis primeros pasos en la vida académica, por si pudieras servir a otras personas. En los últimos meses he estado en contacto con personas que inician sus procesos doctorales, y con las que me he visto en la necesidad de intercambiar experiencias y aprendizajes. Sirvan estas notas entonces para ordenar algunas cosas y tenerlas en la recámara cuando trate de dar este tipo de apoyos. Quizá a futuro escribiré algo sobre las otras áreas (docencia y gestión), limitándome en la actual a la de investigación, en la que más tiempo he invertido hasta ahora.

1. Leer nuevas publicaciones y estar al día de las novedades en el campo de estudio

Evidentemente esta es una tarea nuclear de la investigación y la vida académica. Desde mi punto de vista la principal, puesto que sin ella no es posible realizar el resto. Aún así, encuentro que en ocasiones es harto complicado cumplir con esta misión, especialmente en los inicios de la vida académica, ya que no sólo se trata de estar al día con las últimas novedades, sino que en esta etapa convive con la necesidad de adquirir y fortalecer el conocimiento más básico y elemental del campo de estudio. Caso a parte es la limitada falta de tiempo para realizar tareas que requieren una inversión de tiempo considerable y constante, o la creciente incapacidad para mantener la atención en tareas complejas y exigentes. Puede que a esto le dedique más atención en otra entrada en el futuro, ya que he leído algunos ensayos interesantes al respecto.

He procurado incorporar algunas rutinas que me faciliten este objetivo de mantenerme al día. La principal —y reciente— es consultar con frecuencia los últimos números de las principales revistas en mi ámbito de estudio. Para ello utilizo como herramienta fundamental Inoreader. Hacer uso de este u otro lector de feeds simplifica notablemente esta tarea. Lo que me resulta interesante pasa a mi gestor de referencias (Zotero), donde trato de ser lo más ordenado posible utilizando etiquetas (siguiente, prioritario, leyendo, etc.). Solo el segundo es software libre, pero ambos están disponibles para mis dos dispositivos de trabajo principales (Windows y iPadOS). He de reconocer que en un curso de iniciación en la investigación me aconsejaron el uso de esta estrategia, pero en su momento no supe ver su importancia, precisamente porque por aquel entonces estaba más preocupado por acceder al conocimiento más consolidado de mi objeto de estudio, no el más reciente.

Sigue sorprendiéndome de todos modos lo difícil que es sacar tiempo a veces para llevar a cabo esta tarea. También que entre mis colegas hay quienes se limitan cada vez más a leer solo resúmenes, conclusiones y discusión de los artículos científicos. No cabe duda de en un buen artículo todo gravita en torno a estas partes, y que deben de contener todo lo que merece ser dicho. Yo mismo empleo este atajo cuando manda la premura. Aún así, considero que esto limita el aprovechamiento de la rica tarea de leer literatura científica o monográficos y ensayos especializados. A saber, conocer nuevas técnicas metodológicas, ver distintos usos de las ya conocidas, acceder a otras referencias interesantes citadas en el cuerpo del texto, ver otras formas de emplear conceptos conocidos, cómo se llega a formular preguntas de investigación, etc. Profundizar en el campo de investigación y en la investigación en sí misma al fin y al cabo. Insisto en que más allá de los resultados o discusiones, algunos artículos me resultan más útiles desde estas otras ópticas.

No cabe duda de que hay otras formas de estar al día de las novedades y avances de nuestros campos de estudio. Eso sí, complementarias desde mi punto de vista. Algunas hasta diría incluso que entorpecen. Leer noticias de prensa o blogs y revistas de divulgación especializados, al menos en el ámbito de las Ciencias Sociales, es una ineludible, para estar al corriente de lo que acontece en la sociedad, y de qué debates y opiniones dominan la opinión pública. Incluso sirve para identificar problemas que merecen la pena ser estudiados. Los principales que consulto los tengo en este blog referenciados. En este último caso destacaría dos por sobre el resto. Son Agenda pública y The Conversation, ambos participados por muchas personas académicas y profesionales de referencia en un perfil más divulgador (sobre esto hablaré más adelante).

Por otro lado, hace tiempo que las redes sociales —y quizá, sobre todo, Twitter— se han erigido como un instrumento clave para conocer la actualidad, incluida la científica. Y esto no solo porque contribuyen a difundir investigaciones, noticias y avances relevantes. Tiene el valor añadido de que esta información pasa por el filtro de opinión de otras personas de referencia del mundo académico y profesional. Tengo que señalar que en mi experiencia la red social ha sido un elemento más de distracción en mi flujo de captación de información que todo lo contrario. El esfuerzo para encontrar aportaciones útiles entre tantos mensajes y fuentes acaba por saturarme, y no me renta. En unas pocas semanas de disciplina con mi lector de feeds he accedido a un mayor número de artículos y referencias que en un par de años en Twitter. A esto hay que añadir que, salvo contadas excepciones, los debates que se generan suelen ser superficiales e imprecisos. En el peor de los casos, debido a la necesidad de captar la atención inherente a este tipo de redes, resultan innecesariamente espectaculares o pretendidamente polémicos. ¿No observan que hay mucho disenso porque sí y demasiados debates circulares? Yo tomé la decisión de salir de la red, entre otros, por estos motivos, y ciertamente no me he arrepentido hasta día de hoy (con el mérito además de haber pasado por una suerte de periodo de abstinencia).

2. Recogida de datos y su análisis e interpretación

Ambas cuestiones aparecen como tareas separadas en el gráfico de referencia. Me cuesta verlas de tal modo, y por economía las presento unidas. También me parece muy ambivalentes. Entre esos datos incluiría los artículos y textos en general sobre la disciplina o tema de estudio, a lo que ya he hecho referencia en el punto anterior. Imagino no obstante que la autora se refiere en este caso al uso de fuentes secundarias y, sobre todo, al desarrollo de fuentes de datos propias (primarias) mediante el trabajo de campo propio.

Al menos en mi campo hay un gran multiplicidad de fuentes secundarias de datos, por lo general cuantitativos y abiertos. Abarcan censos, encuestas y bases de datos de entidades, organismos e institutos de titularidad pública (como el INE o EUROSTAT). También del ámbito privado, pero con acceso abierto (quizá en el futuro también me lance a hacer un listado de fuentes que conozco y suelo emplear). Son menos frecuentes las bases de datos con información cualitativa en mi área, en la que esta debe ser por lo general obtenida en el curso de las investigaciones. Por cierto, muchas bases de datos y recursos secundarios los he conocido leyendo al detalle los artículos y eludiendo antedicha práctica de limitarse a leer discusión y conclusiones de los mismos.

A la hora de usar fuentes secundarias, mi estrategia habitual ha sido la de identificar qué quiero estudiar y, ya en segundo término, consultar las bases para ver si hay algo que me pueda resultar útil. En definitiva, darle un papel secundario a las fuentes de datos secundarias, valga la redundancia. En mis últimos trabajos el acercamiento ha sido distinto, a la inversa. He utilizado la información de estas bases como fuente principal de algunos textos académicos, construyendo las hipótesis y preguntas de investigación a partir de la información explotable y disponible en esas bases de datos. No creo que haya una forma mejor que otra, ni que en un caso u otro se esté empezando la casa por el tejado. Diría que ambas prácticas pueden ser complementarias, claro que habrá casos en los que una sea más adecuada una que otra.

Hay una diferencia notable. La segunda vía solo es posible si se conoce con cierto nivel de detalle las fuentes de datos, sus indicadores y su metodología. Afortunadamente esto se puede propiciar consultando las fuentes de datos con frecuencia y haciendo algunos análisis sin necesidad de utilizarlos en lo inmediato o en el próximo artículo. Es un esfuerzo extra pero que da algunas ventajas. Además de ayudar a aprender bien los límites y posibilidades de las bases de datos y facilitar su consulta cuando se necesiten, permite mantenerse al día con los últimos datos y tendencias, tal y como se urgía en el punto anterior. Esto es útil para dar alguna nota de actualidad en alguna charla, reunión, y para escribir textos rápidos, sobre todo de divulgación. Algunos observatorios sociales basan su estrategia en esta actualidad (también están incluidos entre mis fuentes de consulta habituales).

En suma, esta estrategia sigue el principio de la metodología de estudio y toma de notas Zettelkasten (ideada por uno de mis sociólogos fetiche, el prolífico Niklas Luhmann), que he incorporado a mi rutina tras la lectura del libro explicativo de Sönke Ahrens (2020). Básicamente postula que la principal tarea de las personas académicas es la escritura, y que una forma de acelerar esto mismo es iniciar este proceso desde el mismo momento en que se accede a la información, esto es, desde la lectura (pero también consulta de datos, incluiría). Si se cuenta con un sistema estructurado y centralizado de organización de esas notas (el método Zettelkasten) ayuda a pensar y profundizar en el conocimiento. Hay una cuestión que también pocas veces se tiene en consideración. Todo lo que se lee y de lo que no se toma nota, se olvida. Y lo que se olvida es como si no se hubiera leído nunca. Parece evidente, de primero de carrera, pero yo no he sido consciente de eso hasta que no me encontraba en fases avanzadas de mi investigación doctoral, con la consiguiente frustración. Hoy en día soy más disciplinado en sacar de cada texto que leo alguna idea que incorporo a mi gestor de notas, procurando vincular lo nuevo con otras notas anteriores (otro de los principios del método de Luhmann). Es un proceso lento en lo inmediato, pero seguro muy ventajoso en lo venidero.

3. Escribir y publica textos académicos

Este podría considerarse el hito subsecuente. La lectura debe llevar a identificar huecos en el conocimiento, preguntas de investigación e hipótesis. Incluyo aquí, insisto, tanto la literatura académica como la no académica. Por así decirlo, este puede ser el modo más ortodoxo de acercarse a la investigación. Hay en ello algo anacrónico desde mi punto de vista. Es fundamental e ineludible ejercitarse en estas tareas, pero el rol de ratón de biblioteca puede vitaminarse. No cabe duda de que en épocas pasadas esta era la únicas forma de acceder al conocimiento y plantear nuevos interrogantes. Hoy en día, en un mundo hiper-conectado las preguntas de investigación surgen muchas veces en contextos de interacción, favorecidos por las nuevas tecnologías. Asistir y atender a conferencias, seminarios y grupos de expertos puede ser una forma de agilizar nuestros conocimientos sobre el estado de la cuestión y acercarnos a cuestiones irresueltas. Huelga decir que también para estar al día del campo de investigación. No sé si hoy en día hay mucha gente dedicada a la contemplación, que también está muy bien, y tiene ese aire romántico, pero puede ser azarosa y solo válida para genios.

  1. Solicitar subvenciones y postular a convocatorias de proyectos y becas.

  2. Recogida de datos.

  3. Gestión de proyectos.

X 4. Análisis e interpretación de datos.

x 5. Escribir y publicar textos académicos

X 6. Leer nuevas publicaciones y estar al día de la novedades

  1. Participar en conferencias académicas. Entregar resúmenes, preparar comunicaciones, preparar presentaciones.

  2. Divulgación de conocimiento.

  3. Asesoría, consultoría

Tiempo ganado buscar libgen sci-hub

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