El tiempo de calidad

“Quiero pasar tiempo de calidad con mi familia”. “Quiero hacer algo especial”. “Quiero hacer un plan que va a ser genial”.

Hoy he estado pensando sobre la cantidad de veces que se dicen esas tres cosas y como, inevitablemente, acabamos decepcionados. Pensamos en planes ideales y perfectos porque eso es lo que el mundo moderno nos ha hecho creer que existe y trabajamos para llegar a ello. Pero luego las expectativas pocas veces se cumplen porque no hay perfección: un amigo no se presenta a la cita porque prefería descansar, el arroz caldoso se quema, el niño se pone malo, el vuelo se retrasa, la foto de grupo sale borrosa, llueve y hace viento... Y tendemos a buscar excusas a por qué no hemos tenido nuestro momento perfecto ‘de calidad’, a enfadarnos con el mundo y a sentirnos mal por no haber alcanzado ese momento ideal que habíamos soñado de manera irreal en nuestra cabeza. Un auténtico desastre.

A la mierda con el tiempo de calidad o la expectativa de un gran plan para ser felices. El tiempo de calidad es todo. El plan perfecto es cualquiera, como ir al McAuto o pasar el tiempo juntos mientras alguien dormita, otros se toman un café y otro ve la televisión. O mientras llevas a tus hijos al colegio y te cuentan la broma infantil de turno que les hace partirse de risa. Esa es la vida que tenemos día a día y no la hamaca en la playa con una Coronita en la mano mientras nuestros hijos perfectos con bañadores a juego hacen castillos en la arena. Cualquier momento mundano con los niños, familia o amigos es calidad y así debemos sentirlo porque es el único momento que existe.


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