MI EXPLORACIÓN DE LA TEORÍA MONETARIA MODERNA

En días recientes, especialmente durante la temporada navideña, he estado estudiando algunos temas que he dejado pendientes. Mientras hago algunas labores y preparaba algunas charlas, estuve empapándome bastante de la teoría económica que se conoce como la Teoría Monetaria Moderna (TMM). Conozco esta teoría gracias a Eduardo Garzón. Aunque no coincido con sus ideales comunistas, sí me ha intrigado bastante su acercamiento como economista a muchas de sus discusiones. Como siempre, antes de aceptar o rechazar una teoría económica, quiero conocerla de lleno y familiarizarme con la evidencia empírica al respecto.

Ya para todos los efectos, rechazaba la Escuela Austriaca, ya que, nada más con reflexionar sobre ella, uno descubre sus contrasentidos (e.g., la estupidez de decir que "todo impuesto es un robo", algo que es falso aun si suponemos el marco neoclásico). Asimismo, uno puede señalar notables discrepancias entre la evidencia empírica y la teoría (especialmente, cuando tratamos con los problemas de selección racional en los modelos conductistas). Entiendo perfectamente bien por qué no es la teoría económica dominante, aunque sí mueve algunas masas.

Por otro lado, la TMM es la otra postura heterodoxa de la que los economistas en general no están muy entusiasmados. Para ello, compré el libro de Eduardo Garzón publicado por Routledge (una editorial de calidad académica) titulado Modern Monetary Theory: A Comprehensive and Constructive Criticism. También conseguí el libro de Stephanie Kelton que escribió con fines divulgativos, El mito del déficit: La teoría monetaria moderna y el nacimiento de la economía de la gente. Lo que me "asusta" de este marco teórico económico es que, al menos, inicialmente, de lo que he leído hasta ahora tiene muchísimo sentido, y es muy coherente (al menos, desde mi perspectiva no especialista en economía). Si uno acepta las premisas de la teoría, las conclusiones contraintuitivas se siguen. Todavía estoy pensando en torno a la evidencia a su favor y los potenciales contraejemplos a este modelo. Quiero ser muy cuidadoso a la hora de aceptar un marco teórico. Me "asusta" en el sentido de que, como no soy economista, no puedo evitar pensar que hay alguna información necesaria que afecta la teoría de una manera que no puedo ver. Conozco suficiente de economía para aceptar y rechazar ciertas propuestas. Conozco bastante bien a Adam Smith y a Karl Marx, además de Ronald Coase, A. C. Pigou, Robert H. Frank, Cass Sustein, Richard Thaler, Paul Krugman, Thomas Schelling, entre otros economistas que tengo en cuenta (de todo el espectro). Y no me puede faltar también el aprecio a economistas puertorriqueños que tengo en alta estima, tales como Francisco Catalá Oliveras, José Caraballo Cueto, Rosario Rivera Negrón, Edwin Irizarry Mora, entre otros. No obstante, todos y cada uno de los mencionados opera dentro del marco neoclásico, no de la TMM.

Ahora bien, la TMM en sí misma es al menos "en teoría" agnóstica en torno a posturas económicas "de derecha" o "de izquierda". Por ejemplo, hay economistas favorecedores de la TMM que son de derecha. Y, cuando Kelton propuso los paquetes de estímulo por la situación del COVID en E.E.U.U., hubo republicanos que favorecieron la medida desde la perspectiva de la TMM.

Por ahora, si entiendo bien la teoría, mi posición del "estado-benefactor libertario" (propuesto por Robert H. Frank y otros) es muy compatible en la práctica con este marco teórico. De hecho, creo que se puede sostener más con la TMM.

Por otro lado, hay muchas interrogantes en torno a las implicaciones de ética colectiva en cuanto a nuestra responsabilidad por los más necesitados de la sociedad y la atención que merecen asuntos relacionados con el medioambiente. Esto incluye una revaluación seria del rol de los impuestos en la sociedad. Bajo el marco neoclásico, los impuestos son una medida de solidaridad, de deber del individuo con el Estado, no solo para que continúe operando, sino también para que garantice unos bienes y servicios que no puede ofrecer el sector privado. Bajo la TMM, no es así; el rol de los impuestos es triple: no para financiar nada público (ya que el Estado puede crear todo el dinero que desee para hacerlo), sino retirar el dinero ya usado del mercado para destruirlo y así controlar la inflación; para crear la demanda por el dinero y así circule en un país; y, a la vez, establecer política pública de incentivos y disuasivos. Los impuestos pigouvianos son un ejemplo de ello. Por supuesto, esto solo sirve para los países que producen Fiat y cuyo valor no se fija en alguna otra moneda (dólar, euro, yen, yuan, etc.).

Hay muchas interrogantes en torno a las implicaciones de ética colectiva en cuanto a nuestra responsabilidad por los más necesitados de la sociedad y la atención que merecen asuntos relacionados con el medioambiente. Esto incluye una revaluación seria del rol de los impuestos en la sociedad. Bajo el marco neoclásico, los impuestos son una medida de solidaridad, de deber del individuo con el Estado, no solo para que continúe operando, sino también para que garantice unos bienes y servicios que no puede ofrecer el sector privado. Bajo la TMM, no es así; el rol de los impuestos es doble: no para financiar nada público (ya que el Estado puede crear todo el dinero que desee para hacerlo), sino retirar el dinero ya usado del mercado para destruirlo y así controlar la inflación; y a la vez establecer política pública de incentivos y disuasivos. Los impuestos pigouvianos son un ejemplo de ello. Por supuesto, esto solo sirve para los países que producen Fiat y cuyo valor no se fija en alguna otra moneda (dólar, euro, yen, yuan, etc.).

Voy a continuar estudiando el tema, a ver si me convence, o continúo adoptando el marco neoclásico. Por ahora, la TMM me parece muy interesante y una propuesta seria. Para entenderla, hace falta comprender que se trata de un nuevo paradigma por el que debe entenderse la dinámica de la economía. Lo único que me detiene de adoptarla es la frialdad de muchos economistas de todo el espectro que muestran reparos al respecto. Algunos de los argumentos en contra me parecen bien superficiales. Otras me parecen muy serias y que deben considerarse.

Me tomaré un tiempo, consultaré con economistas que conozco, veré qué concluyo.


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