La nueva normalidad

Todos hablan de la nueva normalidad. Pero la nueva normalidad no es más que el negativo de lo que era la normalidad: Es menos que la normalidad, o de otra forma, es la normalidad menos las restricciones actuales. La nueva normalidad solo hace referencia a lo que antes llamábamos normalidad.

Tal vez la normalidad ya esté perdida. Nunca va a regresar y tuvimos más de siete meses para llorarla. Sí, eran divertidos los conciertos. Sí, era divertido ir a un bar y escuchar a una banda en vivo. Sí, las oficinas atiborradas eran un éxito de la civilización. Ok, esto último no.

Creo que debemos empezar a llamar normalidad a lo que hemos ganado: trabajo remoto, comercio en línea, trámites en línea, educación a distancia (para adultos al menos, es una tortura intentar que los niños aprendan algo en línea). Mayor convivencia familiar. Mejores relaciones con nuestros vecinos, en quienes ahora tenemos que apoyarnos en caso de tener dificultades.

Nuestra normalidad anterior no era algo de lo que debiéramos estar orgullosos. La enorme desigualdad, la política siempre corrupta, los crímenes ignorados. Incluso las iglesias ya iban en camino a vaciarse. Y no digo esto con un arrebato de religiosidad, sino pensando que quien asiste a las iglesias son personas devotas que se interesan por el otro, que reconocen como valores supremos la justicia, la belleza, la verdad y la fraternidad.

La nueva normalidad, ahora nuestra normalidad, debería consistir en enforcarnos en las miles de personas que ahora se sienten aisladas. Intentar, con creatividad, buscar hacer un cambio para mejorar nuestras familias, nuestras comunidades y, eventualmente, el mundo.


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