¿Cómo un religioso naturalista ve el Viernes Santo?: Mi evangelio
April 4, 2026•952 words
Para mí, como ateo y como alguien no creyente en la actividad sobrenatural, la crucifixión de Jesús para la salvación de los pecados de la humanidad no tiene sentido alguno. Reconozco que es loable que mucha gente se inspire en Jesucristo en calidad de ícono de entrega absoluta para que los demás se salven. El altruismo y la generosidad son una virtud que debemos practicar siempre que esté a nuestro alcance y las circunstancias lo ameriten.
No obstante, no tiene mucho sentido el que Dios "entregue" a su Hijo para que muera en un proceso de ejecución horrendo, cuando, desde una perspectiva de un ser "todopoderoso" y "omnisapiente", podría escoger mejores maneras para mostrar su amor por nosotros. Si aun con eso, usted piensa que lo que hizo Dios es aceptable, yo le invito a reflexionar: Imagínese que hay una persona que ha cometido el más horrendo de los crímenes, ¿usted estaría dispuesto a hacer que su hijo padezca la humillación más horrenda concebible ante un público que se burle de él, para que muriera? Estoy siendo "suave" con la pregunta. Recordemos que la idea de una crucifixión es la de servir de un anuncio gigantesco al público para humillar al condenado, y se deja a la intemperie por días para que se los coman vivos las aves y los chacales. ¿Estaría usted dispuesto a ello? Mi apuesta es que no. ¿Por qué? Porque usted AMA a su hijo. Y por más que usted quiera ser altruista con el criminal, usted buscaría OTROS medios para remediar su situación, pero no un "sacrificio" de su hijo.
A medida que continué instruyéndome en filosofía, y más refinaba mi pensamiento ético al respecto, la idea de un sacrificio vicario de Jesucristo para salvar la humanidad se me hacía cada vez más repugnante. No veo justificación alguna de ello.
No obstante, ya cuando cambié mi espiritualidad cristiana (particularmente católica) a una escéptica y religiosa naturalista, sí podía pensar en la "muerte" de las estrellas como aquellas que nos brindan la vida. Lo bello de la religiosidad naturalista es que no necesariamente tienes que renunciar a formas religiosas o espirituales de hablar de un evento natural. La literatura en general, la poesía, la música, el arte plástico, la escultura, las expresiones religiosas en general, la arquitectura, el drama, la épica, son formas que, aun en el mundo más secular, se emplean para expresar lo más profundo del ser humano. Sin embargo, una religiosidad genuinamente naturalista busca la Totalidad de la Realidad, tal como la presentan las ciencias en general, como punto de reflexión. Desde esta perspectiva, conocemos lo que es Real (o conocemos lo que tentativamente podría ser la realidad según nuestro mejor conocimiento), y podemos expresarla en diversos lenguajes, incluyendo el religioso.
Desde un punto de vista metafórico, "las estrellas mueren para que nosotros vivamos". Por supuesto, sabemos que las estrellas no mueren en la realidad, porque no viven. Sin embargo, lo que metafóricamente llamamos "vida de las estrellas" es todo un proceso. Como diría el físico Daniel Altschuler, "las estrellas son los lugares donde se cocinan los elementos". Cada molécula de nuestro cuerpo, cada átomo que nos compone, proviene de uno de tres lugares:
Los átomos de hidrógeno que se formaron después de la Gran Expansión.
Las estrellas
El decaimiento de sustancias radiactivas.
En cuanto a las estrellas, no podríamos existir sin ellas. Aquí en la imagen que acompaña esta postal, muestro una estrella que "muere" para convertirse en una enana blanca. En el proceso de colapso por agotamiento de su combustible, la estrella implota debido a la fuerza gravitacional y expulsa material al espacio. Esto es lo que eventualmente le pasará a nuestro sol. Otras estrellas del pasado se convirtieron en estrellas neutrónicas, donde se cocinaron elementos mucho más pesados. Cuando muchas de las estrellas agotan su combustible debido a la producción de hierro e implosionan, esa puede ser una de las consecuencias. Otra es que se formen nuevos elementos en una supernova. Si ustedes tienen consigo oro, plata o metales más pesados en sus pantallas, collares, etc., sepan que eso proviene de una estrella que "murió" y que ya no existe, pero que llegó a ustedes porque, con esos restos (y los de otras estrellas), se formó nuestro sistema solar y, junto a este, nuestro querido planeta.
Así que, en vez de presentarles a ustedes un Jesucristo sangriento en una cruz, que lleva un mensaje de salvación vicaria que no tiene sentido, sí les ofrezco la imagen de la muerte de una estrella cuyos restos probablemente les darán "vidas" a otras. Ciertamente, hubo estrellas que murieron, de cuyos restos vivimos nosotros.
Como he expuesto en varias charlas sobre la perspectiva estoica de los evangelios y de Pablo, en la antigüedad, a las estrellas se las veía como "seres divinos", dioses menores, ángeles, daimones, todos compuestos de una sustancia celeste divina que solo persiste en los cielos. Por eso, decía Pablo, nada carnal puede persistir en un lugar pneumático, lo equivalente a lo etéreo.
Descubran ahora una revelación impactante de todo este misterio cósmico: si queremos encontrar lo divino en las estrellas, podemos mirar a nuestro derredor. Miremos nuestros cuerpos, los paisajes, la vida urbana, nuestras familias y amistades, el cielo ... las estrellas. Todos participamos de esa vida divina. Como dijo el gran Carl Sagan: "Somos cosa de estrellas contemplando las estrellas".
¿No es esta una alternativa más hermosa y espiritual? Y lo más precioso de esta lección: ¡es real! Esta es mi buena noticia, mi evangelio.
[Imagen: La "Nebulosa Anillo" (M57); Telescopio Espacial James Webb
(c) 2026, Pedro M. Rosario Barbosa
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