El Último Suspiro

Arnoldo Hams dio su último suspiro el 20 de enero de 1548. Él inventó la rueda de la fortuna para darle un beso a la muchacha que le gustaba. La invitó y en lo más alto de la máquina, Arnoldo, con toda su timidez, y sin haber logrado decirle una palabra a la muchacha cuyo nombre no quedó registrado en los libros de historia, acercó sus labios a la cara de la muchacha quien volteó la cabeza y se alejó tanto como le fue posible de Arnoldo, en un gesto que hizo parecer que prefería ser lanzada del armatoste mecánico que tocar sus labios con los de Arnoldo. La ocurrencia le rompió el corazón a Arnoldo quien ordenó destruir no sólo la copia en la que había sido rechazado sino el resto que entonces se calculaba en dos docenas esparcidas por el territorio flamenco y una adicional comisionada para la ciudad de París. 

Los vecinos, amigos y compatriotas de Arnoldo respetuosamente esperaron hasta su fallecimiento más 25 años de luto antes de compartir su regalo con el mundo. 


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