¿Hablamos de socialismo? Apuntes sobre reforma tributaria y desigualdad social

"Sí hay una guerra de clases, pero es mi clase la que está adelántandola, y la estamos ganando."
“There’s class warfare, all right, but it’s my class, the rich class, that’s making war, and we’re winning.”
Warren E. Buffett. Billonario estadounidense.

La clase trabajadora no quiere nada regalao
Juan Ballestas Murcia

Como apoyo al paro Edson Velandia y Adriana Lizcano sacaron la canción Todo regalao. En ella, con frases sencillas nos hablan de las necesidades y preocupaciones concretas de la mayoría de colombianos y colombianas. El raye, la inquietud, la molestia, tienen una idea detrás: llegar a fin de mes no debería ser tan difícil.

A la preocupación y el malestar económico ciudadano muchas veces lo limita y lo obstaculiza la impresión de que los "asuntos económicos" de la nación (adrede vagamente definidos) se revisten de innecesaria complejidad, enredados axiomas y abstrusos vocabularios. Puesto que la economía se convierte en algo inaccesible para propuestas concretas por parte de la ciudadanía, tiene lugar una expropiación política de la dimensión democrática del sistema económico y productivo.

A esto se suma un cariz de fatalidad: no solo las cosas están terribles, sino que salir de ellas será a un costo terrible. Este argumento toma distintas formas en distintos momentos de crisis. Se usó en el escenario de recuperación económica europea tras la crisis de 2008 legitimando agendas de recorte de inversión social y "austeridad" avaladas por instancias ni electas ni democráticas (la llamada 'troika europea' en su momento). Se usa ahora en Colombia, en el contexto del fallido proyecto de reforma tributaria, para asustar con fantasmas que solo unos pocos, sacerdotes de una religión con su dogma en crisis, entienden bien: las calificadoras internacionales de riesgo y la calificación del país. Antes de la caída de la reforma las declaraciones gubernamentales y ahora sus medios de comunicación aliados presentan como urgente e inevitable la tributaria, apelando a que su no aprobación no solo dificultaría enfrentar la crisis, sino que también se requiere mantener 'la confianza' de un grupo de agencias internacionales.

Esas calificadoras de riesgo, corre el argumento, son las que emiten juicios y recomendaciones sobre la economía de un país y su viabilidad para cumplir sus compromisos internacionales. Esas son las mismas calificadoras de riesgo que fueron célebres en la crisis inmobiliaria estadounidense del 2008 por reconocer ante el congreso de Estados Unidos que no revisaban estudios de crédito, que solo daban excelentes calificaciones a todos los negocios privados que realizaban los bancos. A esas calificadoras de riesgo les permitimos incidir en nuestra democracia, decidir por nosotros, sin que su autoridad (y fatalidad) se problematice o se discuta.

La relevancia fantástica de esas agencias hace parte de otro conjunto de mitos que el neoliberalismo ha construido para restarle capacidad a las fuerzas democráticas de la sociedad. Defender la desregularización de la producción hablando de 'libre mercado' induce al error, omitiendo que, de hecho, son leyes, marcos legales, políticas públicas (en síntesis regulaciones) las que intervienen ese mercado para hacerlo a la medida de la libertad de los agentes económicos con más fuerza. Similar juego de espejos se hace cuando a la intervención estatal en la economía se le objeta con argumentos como que la planificación es anti-técnica, ineficaz y que hace parte de las acciones paquídermicas del Estado. Poco se reconoce el lugar de la planificación en el sector privado, en las necesarias proyecciones que hacen sobre escenarios favorables. Es eso, no otra cosa, la llamada 'confianza inversionista'. La seguridad de tener marcos legales que les permita planificar ganancias a largo plazo.

En un contexto de permanente negociación-conflicto-negociación de intereses colectivos (económicos, productivos, políticos) en democracia, una reforma tributaria, más en un tiempo de crisis, es una declaración de intereses y prioridades para construir una visión de país: materializa unas relaciones de poder y una visión del grupo, la clase, que más fuerza tenga. La pregunta de quién va a pagar esta crisis hay que entenderla en ese contexto: se responde en el marco de una disputa de fuerzas sociales — unas que trabajan y otras que pareciera que lo quieren todo regalao. Por esto mismo son ingenuas las lecturas que piensan la presentación del proyecto de reforma tributaria como una iniciativa solitaria del gobierno Duque: esa reforma tiene sus defensores, su borrador no se escribió en un solo portátil.

¿Ahora qué viene tras su retiro? Aun estoy pensando si es viable mantener las acciones de calle y el paro como ha venido funcionando. Me inclino a pensar que no. Creo que sí hay espacio para concentrarse en tres cosas:

1. Que se estrene el Pacto Histórico con un proyecto de reforma tributaria para volverlo bandera con otras fuerzas de oposición e independientes.
2. Mantener activa a la corriente de opinión pública popular y clase media que se está activando en las calles, ahora con el proyecto de reforma a la salud. A pesar de que ningún tema convoca como el del bolsillo, debemos buscar la forma de volver taquillera y significativa una movilización por un tema que todos reconocen como crítico.
3. Avanzar en agendas de comunicación, sensibilización ciudadana y redacción de proyectos de reforma a la Policía Nacional. El precio de tumbar el proyecto de reforma, lastimosamente, fue muy alto. Lo que hemos visto en respuesta a la protesta no puede sino llamarse terrorismo de Estado. Esto es una muestra más de la necesidad de reformar ese cuerpo de seguridad ciudadana. Creo que se debe considerar la posibilidad de que los hechos del 9 de septiembre del 2020 —hechos que por demás permanecen en la impunidad— ha creado un clima institucional que ha envalentonado a los sectores más reaccionarios y violentos de la Policía. Por esto, su reforma y a otros estamentos de seguridad no solo es necesaria para hacerle frente al abuso y encubrimiento sistemático a violaciones de derechos humanos, sino que es una acción estratégica para construir alianzas con los sectores más democráticos de esta institución.

Avanzar en agendas de una reforma tributaria progresiva, un sistema de salud que garantice la protección de este derecho y la re-politización de la economía son algunas de las agendas que en el contexto actual pueden erosionar el alcance de las fuerzas del mercado en nuestra sociedad. Con esto lograremos avanzar en proteger aspectos de nuestra vida y de la vida de nuestras comunidades. Desde el precio del pan hasta la visita al odontólogo. A esto le llamamos socialismo.


Ni pereza ni codicia, es el capitalismo...
Por Julián Harruch Morales

De acuerdo con datos publicados por el Dane esta semana, durante el 2020 más de 3,5 millones de colombianos cayeron en la pobreza. De tener 17,4 millones de pobres en 2019 pasamos a 21,2, lo que equivale al 42,5% de la población. Las cifras también muestran que 7,4 millones de personas viven en pobreza extrema. Junto con la pobreza, además, aumentó la desigualdad: el coeficiente de Gini pasó de 0,526 en 2019 a 0,544 en 2020. Mientras más y más personas pierden la capacidad adquisitiva mínima para satisfacer sus necesidades básicas, los ingresos de la nación se acumulan en menos manos.

La crisis social y económica agudizada por la pandemia ha permitido que nuevamente se pongan en cuestión algunos mitos del neoliberalismo. Entre otros, la idea de que el mercado siempre premia a los talentosos y esmerados, y que los pobres son pobres porque no aprovechan las oportunidades, no trabajan suficientemente duro, quieren vivir recostados en el Estado o cualquier otra cosa por el estilo. Lo cierto, en cambio, es que los ricos se hacen cada vez más ricos, no porque aporten más valor en la producción de la riqueza, sino porque su poder económico se traduce en poder político y este, a su vez, en aún más poder económico, etc. Que Luis Carlos Sarmiento Angulo tenga una fortuna de 8.8 miles de millones de dólares mientras el 42,5% de los colombianos vive con menos de 331.688 pesos al mes nada dice de los méritos y capacidades de uno y otros.

Ahora bien, así como no hay que centrarse en el individuo para dar con las causas de la pobreza, ¿no será que tampoco en él es donde debemos buscar la explicación para la extraordinaria acumulación que caracteriza al capitalismo tardío? ¿Obedece la incesante búsqueda de lucro a la maldad o la codicia personal de gente avorazada o, más bien, es resultado de las estructuras económicas propias del capitalismo? ¿No es acaso cierto que, aunque no cabe duda de que el capitalismo ha mostrado una capacidad sin precedentes para generar riqueza, también ha mostrado que nada en su funcionamiento interno asegura una distribución de la misma que garantice unos mínimos vitales dignos para la mayoría de la población?

En diferentes discusiones en semanas y meses recientes, me ha llamado la atención que muchas personas coinciden en que sí, que muchos de nuestros males derivan no de las motivaciones perversas de individuos, sino de estructuras sistémicas. Al mismo tiempo, incluso muchos que se identifican en la izquierda, se rehúsan siquiera a considerar un proyecto que sitúe la superación del capitalismo en el horizonte de lo posible, mucho menos si la palabra socialismo se desliza en la conversación. Pero si en efecto la crisis que vivimos tiene todo que ver con su funcionamiento interno, ¿no es entonces necesario que nos esforcemos por elaborar una visión y una estrategia de cómo superar el capitalismo?

La pregunta relevante no es si el capitalismo es bueno o malo, sino si podemos imaginar una alternativa mejor. Yo creo que sí. Sin ninguna pretensión de exhaustividad, considero que hay dos principios que deben ser parte de la visión para salir de la crisis en que estamos abismados: primero, que la gente no debe depender de su desempeño en el mercado y, por tanto, de su poder adquisitivo para satisfacer sus necesidades más básicas (alimentación, salud, vivienda, educación, etc.). Y dos, que la desigualdad social no debe convertirse en desigualdad política. A esto le llamamos socialismo.


NOTICIAS DE CAMPAÑA

En la última semana, el comité ejecutivo del PDA postergó para el 6 y 7 de junio la elección de delegados al V Congreso. Así mismo, modificó los números asignados a cada lista para la votación. A Fuerza Común le correspondió la #22. En las circunscripciones territoriales nuestras listas quedaron con los siguientes números:

Antioquia, lista #1
Bogotá, lista #5
Casanare, lista #2
Huila, lista #1
Nariño, lista #3
Quindío, lista #3
Norte de Santander, lista #2
Magdalena, lista #2
Santander, lista #1

LECTURAS RECOMENDADAS
https://jacobinlat.com/2021/02/12/como-ser-anticapitalista-en-el-siglo-xxi/
https://jacobinlat.com/2021/01/12/que-via-al-socialismo/
https://quillette.com/2020/02/27/the-two-middle-classes/
https://thequietus.com/articles/13004-mark-fisher-ghosts-of-my-life-extract
https://elpais.com/elpais/2012/09/26/opinion/1348650071_389535.htmlx


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