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El enigma no existe

Colombia. En vivo, directo a su celular y en horario familiar.

A organizar para avanzar

Por Juan Ballestas Murcia y Julián Harruch Morales

Primero las victorias: el paro ha logrado la caída de dos proyectos de ley (la reforma a la salud y la reforma tributaria), ha tumbado directamente un funcionario (Carrasquilla) e indirectamente ha obligado un movimiento ministerial (Cancillería, Alto Comisionado para la Paz, el Ministerio de Cultura). Finalmente, la cancelación de la copa América en el país es también resultado directo de las movilizaciones.

Más victorias: se están activando nodos barriales, comunitarios y otros escenarios de organización por fuera de marcos tradicionales como el sindical y el estudiantil. Los parches , los jóvenes en sus territorios, han visto cómo sus acciones locales han tumbado leyes nacionales, y ahora quieren avanzar en la construcción de agendas de transformación. De ahí que, incluso si mañana el Comité dijera que se levantó el paro, solo sectores formales y muy asociados con el sindicalismo clásico cesarían la movilización. El grueso de los jóvenes que le han puesto pecho a esto no lo harán. No tienen por qué. Consolidar estas y otras formas de organización es el reto más difícil que enfrentará el movimiento social en los próximos meses, uno que requiere mucha paciencia y perseverancia.

Todos estos éxitos se han dado en medio de la radicalización de discursos y modos de operar autoritarios y hasta fascistas. Camionetas recorriendo Cali, Medellín, Tuluá, Pereira, disparando impunemente al pueblo movilizado, no son el resultado de acciones individuales de personas emputadas con los bloqueos. Son el producto de la legitimación de la violencia por fuera de marco legal, bien por parte de privados o agentes del Estado, desde las más altas esferas del gobierno nacional y de su partido, que insisten en negar a la protesta social como un fenómeno político, con razones de fondo y que responde a una forma legítima de participación ciudadana, y en presentarla como un problema de seguridad pública, en el mejor de los casos, o bien como resultado de una conspiración terrorista internacional, en el peor. Esa desconexión entre ‘el palacio’ y las calles ha quedado redondamente ilustrada en esa bochornosa muestra de propaganda que es el monólogo en inglés disfrazado de entrevista que el gobierno de Iván Duque ha hecho circular en los últimos días.

Necesitamos organización y método para enfrentar los dos riesgos que corremos: el desgaste de la protesta y la deriva fascista. Mal que bien, Colombia tiene una infraestructura oenegera que ha crecido y se ha fortalecido como respuesta a un Estado poco garantista. También tenemos la infraestructura organizacional que ha legado el proceso de paz (por ejemplo, la red de universidades de trabajo en salud pública y paz, el Centro de Estudios para la Paz de la UNAL, veedurías internacionales, etc.). Tenemos, en fin, varios actores que coordinados entre sí pueden contribuir a sistematizar las demandas tras el descontento social y a articular las estrategias de organización que los jóvenes están adelantando para expresarlas. El éxito de la movilización no debe medirse ya en las plazas colmadas de multitudes, sino en la capacidad que tengamos para encauzar la indignación y el malestar a través de procesos asamblearios que puedan apuntalar un nuevo contrato social. No todas las agendas, por lo demás, dependen del 2022: discusiones como la del Plan de Ordenamiento Territorial pueden alimentarse democráticamente de las necesidades y propuestas de la juventud.

En Bogotá, por ejemplo, hoy domingo 23 de mayo se adelantó una asamblea distrital que contó con representantes de los puntos de resistencia y otras fuerzas sociales de la ciudad. Es un espacio diseñado para construir poder de abajo hacia arriba y consolidar una plataforma, con garantías y exigencias claras, para mantener el impulso democratizante que ha aflorado en las calles. Se avanzó metodológicamente en la recolección de propuestas y en la articulación de diferentes puntos de protesta. En Cali por otra parte, este fin de semana se reunieron en asamblea con la administración municipal, delegados de todos los grupos de Primera Línea. Estos ejercicios, dirigidos a la organización del descontento, son el camino a seguir.

Los estertores del gobierno Duque no nos darán un nuevo país

Por Juan Ballestas Murcia y Julián Harruch Morales

Como en toda coyuntura compleja, en la crisis que estamos atravesando es más fácil errar que acertar el tiro. Necesitamos evitar que la protesta se desgaste y que el tribalismo, el caos y la violencia, que solo darán oxígeno al decaído proyecto político del uribismo, sigan en aumento. No hay ni que ceder a fantasías insurreccionales de la izquierda más miope —que no radical—, ni amplificar los belicosos discursos de los sectores más reaccionarios de la derecha. ¿Cómo salimos fortalecidos de esta crisis? ¿Qué puede la sociedad movilizada aspirar a lograr en los escenarios de diálogo que puedan abrirse? ¿Qué compromisos son necesarios y suficientes para que concluya el Paro Nacional, puesto que eventualmente tiene que concluir? El reto actual que tenemos como izquierda es mantener una visión de transformación social radical, al tiempo que evitamos posturas maximalistas. No podemos aspirar a arrancar del gobierno Duque reformas estructurales, pero sí conseguir mejores condiciones para buscar esas reformas.

Bajo esa óptica, varias cosas pueden decirse tras una lectura del pliego del comité nacional del Paro. Por descontado, se necesitan medidas de alivio económico. Esto se concentra en tres ítems: la renta básica para la población más vulnerable (punto 2), los subsidios a las Mipymes y a la producción nacional (punto 3) y la disminución de barreras económicas en el acceso a la educación superior (punto 4). El punto 1, el retiro del proyecto de reforma a la salud, no solo es viable, sino que si el gobierno lo aceptara, sería un gesto de desescalamiento real con las fuerzas sociales trabajadoras y populares.

Ahora bien, en otros puntos incluidos en el pliego, más que propuestas o exigencias concretas, hay una retórica reivindicativa pero que puede ser ineficaz por lo abstracta: "no a la discriminación de género, diversidad sexual y étnica" (punto 5). ¿Acaso los factores explicativos de este estallido social están crucialmente relacionados con las discriminaciones raciales y de género? ¿Vamos a pedirle al gobierno de derecha de Duque que decrete el fin de los prejucios? ¿Por qué incluir un punto tan difuso mientras, en cambio, quedan por fuera temas tan concretos y urgentes como la reforma a la policía? Tampoco es clara la necesidad de incluir la exigencia de no a la alternancia en colegios (también punto 4), cuando seguramente pueden haber otras rutas de diálogo y concertación para tramitar muchas de las agendas surgidas por la pandemia. En el punto 1, por ejemplo, en el que se habla del retiro del proyecto de reforma a la salud, también se menciona, vagamente, mejorar el plan de vacunación. Una propuesta concreta es que se concerte con actores claves de los movimientos sociales y de trabajadores una veeduría ciudadana al plan nacional de vacunación.

Por otra parte, si el pliego tiene problemas de alcance (no lo puede recoger todo y no puede ser reformado de inmediato todo lo incluido), el comité nacional tiene un problema de representatividad. La movilización desborda los sectores representados en él. De manera clara, no está allí la juventud popular, que ha sido la que ha sostenido la protesta. Esta, además de seguridad material (salud, educación, empleo, etc.), está pidiendo reconocimiento. ¿Cuáles son los límites de una agenda marcadamente gremial en sus intereses en un país con un movimiento popular compuesto por trabajadores pertenecientes a sectores informales de la economía? ¿Cómo recogemos a ese país en el marco de este paro? Como señaló Sergio Jaramillo, necesitamos "un proceso de diálogo creíble, con método y garantías"(1), que involucre los niveles local, regional y nacional. Difícilmente las bases de un escenario tal saldrán de las negociaciones entre el comité del paro y el gobierno. Pero ese diálogo es y será imprescindible, aun si derrotamos al uribismo en las próximas elecciones. Urgen diseños organizativos e institucionales que en el medio-largo plazo puedan hacer posible ese pacto nacional.

La crisis de violencia y violación de derechos humanos por la respuesta estatal al paro ha generado una reacción permanente desde la óptica de los derechos humanos: heridos, desaparecidos, asesinados, alertas tempranas, denuncias policiales. Debemos también esforzarnos colectivamente por hacer una lectura del orden político. A la gira internacional de denuncias sobre derechos humanos se le debe acompañar con una estrategia dirigida a politizar la ira, a encauzar políticamente un momento de transformación desde los contextos locales. Piénsese en el ejercicio del referendo popular en el Portal de las Américas en Bogotá (2). Encuentros ciudadanos como los adelantados en Pereira(3) y en Cali(4) también son acciones relevantes y que merecen ser visibilizadas. Ahí hay un país que se imagina en paz. Se hace preguntas y toma decisiones sobre su futuro. ¿Cómo incentivamos y recogemos ejercicios similares? ¿Cómo buscamos construir alianzas por fuera del paro en este momento? Un primer paso es dudar de forma saludable de nuestras propias certezas y, sin subestimarlo, no presumir mala fe del adversario. Al menos no de todos los adversarios.

1 https://www.elespectador.com/politica/una-nueva-agenda-nacional-analisis-del-excomisionado-para-la-paz-sobre-el-paro/
2 https://www.facebook.com/JuntanzaTechotiva/videos/1896539167180543/
3 https://twitter.com/AntonioSanguino/status/1394354573184229384
4 https://www.las2orillas.co/plenaria-de-la-camara-de-representantes-en-cali-buscando-tambien-salidas/

Desescalar para acumular: Sobre el Paro Nacional y una agenda de movilización

Por Juan Ballestas Murcia y Julián Harruch Morales

Las jornadas de protesta del Paro Nacional, iniciadas el pasado 28 de abril, han dejado ya decenas de personas muertas y desaparecidas y cientos de denuncias por abusos y excesos de las fuerzas de seguridad del Estado. Frente a esta coyuntura, hay tres ideas que nos parece importante desarrollar. En primer lugar, el terrorismo de Estado, en la magnitud que se está dando, debe leerse teniendo en cuenta el momento de quiebre que significaron las actuaciones de la policía nacional en respuesta a las protestas del 9 de septiembre de 2020 en Bogotá. En segundo lugar, lo más urgente es desescalar la tensión que hay en las calles. Finalmente, se necesita proyectar políticamente qué hacer con el descontento social de cara a la disputa electoral de 2022 y cuál debe ser el papel del Pacto Histórico.

Aunque no se trata de eventos inéditos y, de hecho, suceden con frecuencia en zonas rurales del país —por ejemplo en los procedimientos de erradicación forzada de coca—, lo cierto es que no estamos acostumbrados a ver respuestas tan desenfadadamente violentas ante la movilización social en las grandes ciudades. A plena luz del día, retando a la ciudadanía que los graba, agrediendo a veedores de derechos humanos, las actuaciones de la policía nacional en Bogotá, Cali, Medellín y otras ciudades resaltan en su brutalidad y extensión. Los hechos del pasado 9 de septiembre de 2020, con los diez muertos y más de setenta heridos a bala en el marco de las manifestaciones por el asesinato de Javier Ordoñez son el antecedente más reciente de una situación de características similares. En ese sentido, los hechos del 9S parecen haber marcado un punto de inflexión en el accionar policial frente a la protesta ciudadana. A ocho meses de los asesinatos, hasta donde se sabe por canales públicos, solo están siendo formalmente investigados tres patrulleros y ningún mando medio o alto, a pesar de los múltiples videos de evidencia que circularon ampliamente en redes sociales y medios de comunicación. Tan grotesco nivel de impunidad es un espaldarazo inequívoco para el deliquio homicida de los últimos días.

Después del 9S es un hecho que los sectores más reaccionarios de la policía están envalentonados y con ánimo de descararse en las prácticas más brutales de violencia estatal. Esa envalentonada también encuentra sustento en la encendida retórica criminalizante de la protesta social por parte del alto gobierno nacional. El contrato social está en riesgo por las actuaciones calculadas de fuerzas reaccionarias en la república. Son ellos los que incitan al asesinato del pueblo movilizado y que en otros canales activan el llamado a romper la democracia aplicando un estado de conmoción interior.

Ante tanta ignominia, que incluyó la lamentable escena de tener al presidente de la rama judicial leyendo un libreto enviado por la rama ejecutiva, parece inútil hacer un llamado a desescalar la violencia en las calles. Frente al calor de la arenga y la rabia de las escenas de violencia contra manifestantes, se respira no solo un aire que justifica el descontento sino que llama a adelantar vías de hecho. Tenemos que desescalar sin apagar las energías de transformación democrática de la gente. Pero desescalar es entender que no podemos, desde ninguna fuerza que se presuma democrática, avalar un escenario de conflicto social en el que personas se disparen por el bloqueo de una carretera, se queme un CAI con policías adentro o se asesine a sangre fría a ciudadanos que se movilizan. Claro, se puede afirmar que el establecimiento, el liderazgo presidencial, debe pedir perdón, que a ellos les corresponde dar el primer paso. Y aunque eso es cierto, tenemos que operar con las decisiones que tenemos en las manos nuestras.

Doblar la apuesta de violencia solo dejará a más y más personas expuestas a la brutalidad del régimen, acelerará el desgaste y la degradación de la movilización, y jugará en contra de las reivindicaciones sociales que la animan. No defendemos, valga decir, una movilización mansa e inocua. La protesta social no tiene como fin la expresión simbólica de la ciudadanía, sino ejercer una presión eficaz en favor de unas demandas. Pero esto solo es posible, precisamente, cuidando de no descender al caos y proponiendo agendas concretas y realizables dado el contexto y la correlación de fuerzas actuales.

En el escenario que nos encontramos, es necesario un alto sentido de responsabilidad política. Hay que sumar esfuerzos para reorganizar la movilización en torno a objetivos claros y viables, de suerte que se conquisten algunas medidas básicas para aliviar la crisis social, se acumule políticamente en función de las elecciones parlamentarias y presidenciales del próximo año y, sobre todo, se detenga rápidamente la sangría de jóvenes en las calles.

Tres puntos, en un listado no exhaustivo, consideramos relevantes en ese proyecto de encauzar el descontento social. En primer lugar, lograr el retiro de la reforma a la salud, esto como un hito para levantar el paro. Segundo, es fundamental que el bloque político que está construyendo el Pacto Histórico trabaje y proponga al país una reforma tributaria que anticipe la visión que se tiene desde esta coalición de lo que será la política económica y fiscal de un gobierno alternativo. También hacer lo propio para la reforma a la salud. El reto es mostrarle al pueblo que sí tenemos una propuesta concreta y realizable.

Finalmente, para desescalar acumulando y avanzando, necesitamos que se construya entre organizaciones, oposición y gobierno un cronograma de trabajo claro sobre lo que significaría una agenda de reformas a la policía nacional, incluyendo sacarla del Ministerio de Defensa. Este punto de reforma a la policía reviste de importancia táctica: debemos ser conscientes de la necesidad de mejorar la relación entre la ciudadanía y la Policía y de que es crucial que nosotros participemos en ese esfuerzo. No son realistas ni prácticas las plataformas de algunas izquierdas sobre la abolición de la policía y el ejército. Tampoco son útiles ni llevan a algún lugar relevante a la hora de construir consensos políticos y aliados dentro de las FFMM. Necesitamos diálogo, reflexión y movilización.

¿Hablamos de socialismo? Apuntes sobre reforma tributaria y desigualdad social

"Sí hay una guerra de clases, pero es mi clase la que está adelántandola, y la estamos ganando."
“There’s class warfare, all right, but it’s my class, the rich class, that’s making war, and we’re winning.”
Warren E. Buffett. Billonario estadounidense.

La clase trabajadora no quiere nada regalao
Juan Ballestas Murcia

Como apoyo al paro Edson Velandia y Adriana Lizcano sacaron la canción Todo regalao. En ella, con frases sencillas nos hablan de las necesidades y preocupaciones concretas de la mayoría de colombianos y colombianas. El raye, la inquietud, la molestia, tienen una idea detrás: llegar a fin de mes no debería ser tan difícil.

A la preocupación y el malestar económico ciudadano muchas veces lo limita y lo obstaculiza la impresión de que los "asuntos económicos" de la nación (adrede vagamente definidos) se revisten de innecesaria complejidad, enredados axiomas y abstrusos vocabularios. Puesto que la economía se convierte en algo inaccesible para propuestas concretas por parte de la ciudadanía, tiene lugar una expropiación política de la dimensión democrática del sistema económico y productivo.

A esto se suma un cariz de fatalidad: no solo las cosas están terribles, sino que salir de ellas será a un costo terrible. Este argumento toma distintas formas en distintos momentos de crisis. Se usó en el escenario de recuperación económica europea tras la crisis de 2008 legitimando agendas de recorte de inversión social y "austeridad" avaladas por instancias ni electas ni democráticas (la llamada 'troika europea' en su momento). Se usa ahora en Colombia, en el contexto del fallido proyecto de reforma tributaria, para asustar con fantasmas que solo unos pocos, sacerdotes de una religión con su dogma en crisis, entienden bien: las calificadoras internacionales de riesgo y la calificación del país. Antes de la caída de la reforma las declaraciones gubernamentales y ahora sus medios de comunicación aliados presentan como urgente e inevitable la tributaria, apelando a que su no aprobación no solo dificultaría enfrentar la crisis, sino que también se requiere mantener 'la confianza' de un grupo de agencias internacionales.

Esas calificadoras de riesgo, corre el argumento, son las que emiten juicios y recomendaciones sobre la economía de un país y su viabilidad para cumplir sus compromisos internacionales. Esas son las mismas calificadoras de riesgo que fueron célebres en la crisis inmobiliaria estadounidense del 2008 por reconocer ante el congreso de Estados Unidos que no revisaban estudios de crédito, que solo daban excelentes calificaciones a todos los negocios privados que realizaban los bancos. A esas calificadoras de riesgo les permitimos incidir en nuestra democracia, decidir por nosotros, sin que su autoridad (y fatalidad) se problematice o se discuta.

La relevancia fantástica de esas agencias hace parte de otro conjunto de mitos que el neoliberalismo ha construido para restarle capacidad a las fuerzas democráticas de la sociedad. Defender la desregularización de la producción hablando de 'libre mercado' induce al error, omitiendo que, de hecho, son leyes, marcos legales, políticas públicas (en síntesis regulaciones) las que intervienen ese mercado para hacerlo a la medida de la libertad de los agentes económicos con más fuerza. Similar juego de espejos se hace cuando a la intervención estatal en la economía se le objeta con argumentos como que la planificación es anti-técnica, ineficaz y que hace parte de las acciones paquídermicas del Estado. Poco se reconoce el lugar de la planificación en el sector privado, en las necesarias proyecciones que hacen sobre escenarios favorables. Es eso, no otra cosa, la llamada 'confianza inversionista'. La seguridad de tener marcos legales que les permita planificar ganancias a largo plazo.

En un contexto de permanente negociación-conflicto-negociación de intereses colectivos (económicos, productivos, políticos) en democracia, una reforma tributaria, más en un tiempo de crisis, es una declaración de intereses y prioridades para construir una visión de país: materializa unas relaciones de poder y una visión del grupo, la clase, que más fuerza tenga. La pregunta de quién va a pagar esta crisis hay que entenderla en ese contexto: se responde en el marco de una disputa de fuerzas sociales — unas que trabajan y otras que pareciera que lo quieren todo regalao. Por esto mismo son ingenuas las lecturas que piensan la presentación del proyecto de reforma tributaria como una iniciativa solitaria del gobierno Duque: esa reforma tiene sus defensores, su borrador no se escribió en un solo portátil.

¿Ahora qué viene tras su retiro? Aun estoy pensando si es viable mantener las acciones de calle y el paro como ha venido funcionando. Me inclino a pensar que no. Creo que sí hay espacio para concentrarse en tres cosas:

1. Que se estrene el Pacto Histórico con un proyecto de reforma tributaria para volverlo bandera con otras fuerzas de oposición e independientes.
2. Mantener activa a la corriente de opinión pública popular y clase media que se está activando en las calles, ahora con el proyecto de reforma a la salud. A pesar de que ningún tema convoca como el del bolsillo, debemos buscar la forma de volver taquillera y significativa una movilización por un tema que todos reconocen como crítico.
3. Avanzar en agendas de comunicación, sensibilización ciudadana y redacción de proyectos de reforma a la Policía Nacional. El precio de tumbar el proyecto de reforma, lastimosamente, fue muy alto. Lo que hemos visto en respuesta a la protesta no puede sino llamarse terrorismo de Estado. Esto es una muestra más de la necesidad de reformar ese cuerpo de seguridad ciudadana. Creo que se debe considerar la posibilidad de que los hechos del 9 de septiembre del 2020 —hechos que por demás permanecen en la impunidad— ha creado un clima institucional que ha envalentonado a los sectores más reaccionarios y violentos de la Policía. Por esto, su reforma y a otros estamentos de seguridad no solo es necesaria para hacerle frente al abuso y encubrimiento sistemático a violaciones de derechos humanos, sino que es una acción estratégica para construir alianzas con los sectores más democráticos de esta institución.

Avanzar en agendas de una reforma tributaria progresiva, un sistema de salud que garantice la protección de este derecho y la re-politización de la economía son algunas de las agendas que en el contexto actual pueden erosionar el alcance de las fuerzas del mercado en nuestra sociedad. Con esto lograremos avanzar en proteger aspectos de nuestra vida y de la vida de nuestras comunidades. Desde el precio del pan hasta la visita al odontólogo. A esto le llamamos socialismo.


Ni pereza ni codicia, es el capitalismo...
Por Julián Harruch Morales

De acuerdo con datos publicados por el Dane esta semana, durante el 2020 más de 3,5 millones de colombianos cayeron en la pobreza. De tener 17,4 millones de pobres en 2019 pasamos a 21,2, lo que equivale al 42,5% de la población. Las cifras también muestran que 7,4 millones de personas viven en pobreza extrema. Junto con la pobreza, además, aumentó la desigualdad: el coeficiente de Gini pasó de 0,526 en 2019 a 0,544 en 2020. Mientras más y más personas pierden la capacidad adquisitiva mínima para satisfacer sus necesidades básicas, los ingresos de la nación se acumulan en menos manos.

La crisis social y económica agudizada por la pandemia ha permitido que nuevamente se pongan en cuestión algunos mitos del neoliberalismo. Entre otros, la idea de que el mercado siempre premia a los talentosos y esmerados, y que los pobres son pobres porque no aprovechan las oportunidades, no trabajan suficientemente duro, quieren vivir recostados en el Estado o cualquier otra cosa por el estilo. Lo cierto, en cambio, es que los ricos se hacen cada vez más ricos, no porque aporten más valor en la producción de la riqueza, sino porque su poder económico se traduce en poder político y este, a su vez, en aún más poder económico, etc. Que Luis Carlos Sarmiento Angulo tenga una fortuna de 8.8 miles de millones de dólares mientras el 42,5% de los colombianos vive con menos de 331.688 pesos al mes nada dice de los méritos y capacidades de uno y otros.

Ahora bien, así como no hay que centrarse en el individuo para dar con las causas de la pobreza, ¿no será que tampoco en él es donde debemos buscar la explicación para la extraordinaria acumulación que caracteriza al capitalismo tardío? ¿Obedece la incesante búsqueda de lucro a la maldad o la codicia personal de gente avorazada o, más bien, es resultado de las estructuras económicas propias del capitalismo? ¿No es acaso cierto que, aunque no cabe duda de que el capitalismo ha mostrado una capacidad sin precedentes para generar riqueza, también ha mostrado que nada en su funcionamiento interno asegura una distribución de la misma que garantice unos mínimos vitales dignos para la mayoría de la población?

En diferentes discusiones en semanas y meses recientes, me ha llamado la atención que muchas personas coinciden en que sí, que muchos de nuestros males derivan no de las motivaciones perversas de individuos, sino de estructuras sistémicas. Al mismo tiempo, incluso muchos que se identifican en la izquierda, se rehúsan siquiera a considerar un proyecto que sitúe la superación del capitalismo en el horizonte de lo posible, mucho menos si la palabra socialismo se desliza en la conversación. Pero si en efecto la crisis que vivimos tiene todo que ver con su funcionamiento interno, ¿no es entonces necesario que nos esforcemos por elaborar una visión y una estrategia de cómo superar el capitalismo?

La pregunta relevante no es si el capitalismo es bueno o malo, sino si podemos imaginar una alternativa mejor. Yo creo que sí. Sin ninguna pretensión de exhaustividad, considero que hay dos principios que deben ser parte de la visión para salir de la crisis en que estamos abismados: primero, que la gente no debe depender de su desempeño en el mercado y, por tanto, de su poder adquisitivo para satisfacer sus necesidades más básicas (alimentación, salud, vivienda, educación, etc.). Y dos, que la desigualdad social no debe convertirse en desigualdad política. A esto le llamamos socialismo.


NOTICIAS DE CAMPAÑA

En la última semana, el comité ejecutivo del PDA postergó para el 6 y 7 de junio la elección de delegados al V Congreso. Así mismo, modificó los números asignados a cada lista para la votación. A Fuerza Común le correspondió la #22. En las circunscripciones territoriales nuestras listas quedaron con los siguientes números:

Antioquia, lista #1
Bogotá, lista #5
Casanare, lista #2
Huila, lista #1
Nariño, lista #3
Quindío, lista #3
Norte de Santander, lista #2
Magdalena, lista #2
Santander, lista #1

LECTURAS RECOMENDADAS
https://jacobinlat.com/2021/02/12/como-ser-anticapitalista-en-el-siglo-xxi/
https://jacobinlat.com/2021/01/12/que-via-al-socialismo/
https://quillette.com/2020/02/27/the-two-middle-classes/
https://thequietus.com/articles/13004-mark-fisher-ghosts-of-my-life-extract
https://elpais.com/elpais/2012/09/26/opinion/1348650071_389535.htmlx

El enigma no existe

El próximo 23 de mayo de 2021 se llevarán a cabo las elecciones para escoger los delegados que participarán en el V Congreso del Polo Democrático Alternativo, el cual se realizará en el mes de junio. Este Congreso aprobará unos nuevos estatutos para el partido, ajustará su ideario de unidad y elegirá el comité ejecutivo que liderará la estrategia política de cara a las elecciones al congreso y la presidencia de la República en 2022. Nosotros hemos decidido participar en dichas elecciones como parte de la lista nacional de Fuerza Común (lista #2).

Nos mueve a ello una idea muy simple: los logros de la humanidad no han sido el resultado de una evolución espontánea y natural de las sociedades, sino de las luchas tenaces de gente que se ha organizado para transformar sus realidades. Así, en un sentido, la respuesta a las preguntas de qué hacer o por dónde empezar a construir un orden político y económico que responda de mejor manera a las necesidades e intereses de la mayoría de la población se nos aparece menos misteriosa. Los problemas que confrontamos (la construcción de la paz, el fortalecimiento de la sociedad civil, la crisis social y económica, el desastre ecológico, etc.) nos conciernen como comunes. Necesitamos, por tanto, apuestas colectivas. Nos urge superar la concepción atomizada de la sociedad, propia del régimen neoliberal, en la que corresponde a cada quien ver por su propio bienestar. Debemos organizarnos. El enigma no existe.

Creemos que el país necesita urgentemente una propuesta sólida de izquierda democrática y socialista, y consideramos que, en el contexto actual, podemos aportar a tal fin desde el Polo. Queremos llegar al Congreso del partido para contribuir a la solución de sus deficiencias democráticas (que están relacionadas, esencialmente, con la disparidad en la participación política entre mujeres y hombres, la extrema centralización en la toma de decisiones y la poca presencia de la clase trabajadora en sus órganos directivos); ayudar en la construcción de un ideario adecuado para defender lo que queda de los acuerdos de paz y combatir las escandalosas desigualdades sociales del país; y para intentar que, en las campañas electorales del próximo año, los sectores alternativos no cometan los mismos errores del 2018. Para derrotar al uribismo, hoy en su punto más débil desde 2002, necesitamos una gran convergencia, que no será posible con los altos niveles de hostilidad y la irresponsabilidad ética e intelectual que han caracterizado el debate político entre las distintas tendencias políticas de la oposición. No es un llamado a 'darse pasito', sino a dar las conversaciones políticas necesarias sin asumir la mala fe por parte del interlocutor y buscando vencer la mejor versión de su idea. Necesitamos un Pacto Histórico realmente plural, democrático y amplio.

Con el pretexto, así pues, de este ejercicio de campaña electoral para llegar como delegados al V Congreso del PDA, damos inicio a este blog, en el cual nos esforzaremos por elaborar honesta y críticamente nuestras reflexiones y análisis políticos. Semanalmente publicaremos al menos una columna. Les invitamos a suscribirse para que reciban nuestros escritos y, ojalá, a divulgarlos con sus familiares y amigos. Así mismo, estaremos muy complacidos si se animan a compartir sus comentarios a nuestras publicaciones en el Guestbook.

Y bueno, obviamente les invitamos a votar por nosotros. Lista cerrada #2 al V Congreso del PDA. Próximamente más información.

Por Juan Ballestas y Julián Harruch

Desde las montañas de nuestras incertidumbres