El juicio por combate de Jean de Carrouges y Jacques Le Gris
April 15, 2026•1,666 words
A principios del siglo XXI, el británico Ridley Scott dirige una película que estrena en 2021, basada en una novela del americano Eric Jager, publicada en 2004; sobre los hechos históricos y medievales del último juicio por combate, celebrado en la Francia del siglo XIV.
Y con ella, pretende interpretar y mostrar una Edad Media que sólo existió en la mente perturbada de un ilustrado -o iluminado-, una película de mentalidad, ya no moderna, sino modernista, que no es capaz de extrapolar la vieja tradición intelectual, sino que usurpa una Era para rellenarla artificialmente de problemas modernos, propios del siglo XXI.
Y con todo, la película es buena; pero incoherente, vaga y algo cobarde. La divide torpemente en tres «verdades», la de Jean de Carrouges, la de Jacques Le Gris y, finalmente la que debiera ser la más verdadera, la de Marguerite de Carrouges. Yo he querido dividir entonces la verdad según Ridley Scott y la verdad según la historia:
La verdad según Ridley Scott
Primero, lo bueno: la fotografía y la puesta en escena es excelente, el vestuario muy bueno. Es cierto es que te traslada visualmente a la Edad Media francesa, sin ninguna duda. El principio de la película es atrapante y envolvente (con unos matices a Rashōmon, del maestro Akira Kurosawa). Y es que no sólo te traslada a ese tiempo sino que el guion, que orbita alrededor de una terrible violación, esta bien desarrollado... Pero sólo al principio.
Un elemento arrasa con todo este tratamiento, si bien las versiones de Jean de Carrouges y Jacques Le Gris mantienen tu absoluto interés, a pesar de los típicos y tópicos medievales que acostumbran a todas las películas del género y que uno ya se esfuerza en ignorar... Y todo acompañado por una fotografía verdaderamente sobresaliente.
Sin embargo, todo el guion construido, la preparación al juicio y el desarrollo llevado se desmorona cuando empieza la versión de Marguerite de Carrouges: «la verdad»; cuyo título del propio capítulo se encarga de dejar claro (no vaya a ser que alguien dude de la versión femenina).
Esta versión abandona la sutileza y la ambigüedad que la cinta estaba construyendo, derrumbando también el resto de elementos: la figura del caballero se deconstruye para convertirse en un ordinario zafio, un bárbaro animal y cruel (claro, la mujer no sólo debía ser víctima de una terrible violación, también era necesario hacerla víctima de su esposo). Narrativamente se suicida, se arrodilla ante la simpleza y la vacuidad. Entonces, el guión se convierte en muy superficial; se le nota demasiado la agenda política feminista, con demasiada poca sutileza. Los tópicos medievales pesan ya demasiado a estas alturas y uno pierde las ganas de seguir ignorando, así los prejuicios y un espíritu de revisionismo histórico y aniquilamiento de todo cimiento histórico clásico (especialmente el medieval).
Scott se esfuerza en denostar una Era de la humanidad, tradición que nos viene ya desde el Renacimiento y, sobretodo, desde la Ilustración; para movernos en una Edad Media machista, racista, retrógrada, con lucha de clases, lucha de sexos, tiranías, suciedad, oscurantismo... Y todos los conceptos modernos que se le ocurran al lector. No, las mujeres no estaban oprimidas en la Edad Media, ni cosificadas, ni carecían de libertad, ni de libre albedrío. Tampoco eran la versión antigua del #metoo.
La versión femenina sobra: es un despojo añadido artificialmente que se carga la historia contada anteriormente. ¿Para qué me presentas antes dos versiones si me vas a indicar posteriormente que son falsas?. Sinceramente pienso que, si bien hubieran eliminado su versión, y dejado una estructura con las verdades de Jean de Carrouges y de Jacques Le Gris, con el juicio y el duelo final, estaríamos ante una gran película; a la altura de Gladiator. Pero no, había que introducir feminismo (en la Edad Media, repito), agenda política y demás lastre moderno.
Para acabar, le concedo a Scott y debo admitir que la escena del duelo y la conclusión es impresionante -aunque no ocurriera así-, esta rodada con una brutalidad y un realismo cautivante; propio del director y su artesanía.
Noble conclusión para una trágica película.
La verdad según la historia
Los hechos históricos conocidos son muy escuetos, y a menudo se embarran en artículos con la novela de Eric Jager, enturbiando la verdad en no pocas ocasiones. El juicio por combate era un sistema del derecho germánico que se empleaba para resolver ciertas acusaciones de las que no se tenían testigos; o de una confesión, en la que las dos partes luchaban en combate singular. El ganador de la contienda era proclamado como poseedor de la verdad. En esencia, se trataba de un duelo judicialmente sancionado. Se mantuvo durante toda la Edad Media europea y fue desapareciendo durante el siglo XVI. El último que hubo, es el que estamos tratando.
No obstante, el juicio por combate era muy raro, e incluso la mayor parte de las veces no se permitían. En otras ocasiones, se permitía pero no podía llegar hasta la muerte. Tampoco era común que se empleasen en casos de violación, si bien el agresor masculino solía ser ejecutado o exiliado. En el caso de una acusación falsa por parte de la mujer, debería mantenerse la costumbre francesa de azotes o palizas. Si bien sí es cierto que el cronista Jean Froissart (1337 - 1405) menciona, en el caso del juicio que nos ocupa, la amenaza a la víctima de ser quemada viva en caso de demostrarse falsedad; éste se encontraba en el momento del duelo en Flandes, no siendo testigo ocular. Además, se equivocó en el lugar del duelo, que fue la pared del Priorato de Saint Martin des Champs de París. Por ello, su mención no disfruta de toda fiabilidad.
El principal contendiente era el caballero Jean (IV) de Carrouges (1330 - 1396), camarlengo del duque Pierre II d'Alençon. Nació en el seno de una familia nobiliaria francesa, siendo el primogénito de Jean (III) de Carrouges, capitán y vizconde de Bellême, y Nicolette Bouchard, dama de Mesnil-Mauger. En 1357 fue nombrado paje en la corte de Alençon, recibiendo la espada e iniciando la carrera militar. En 1364 debutó como escudero junto a Bertrand Du Guesclin en la batalla de Cocherel. Casó en primeras nupcias con Jehanne de Tilly, con quien tuvo un hijo, padrino del cual fue su enonces amigo y escudero Jaques Le Gris. Desgraciadamente, mujer e hijo murieron a causa de la peste. La amistad con Jacques Le Gris se terminó por tierras en disputa, hecho en el que incluso demandó a su señor.
Casó en segundas nupcias con la noble normanda Marguerite de Thibouville (1362 - ~1418). En enero de 1386, tras haber marchado a una expedición a Escocia sirviendo bajo las órdenes del almirante Jean de Vienne, regresó a Francia. Al poco tiempo, hubo de marchar desde su hogar hasta París para informar de dicha expedición al joven rey de Francia Carlos VI, que aún reinaba bajo la tutela de sus tíos.
En este intervalo de tiempo su esposa, ya Marguerite de Carrouges, sufrió una violación cometida por el favorito del duque de Alençon y viejo amigo; Jacques Le Gris, y por su escdero y hombre de armas; Adam Louvel. La agresión grupal fue bastante más brutal de lo expuesto en la película, habiendo dejado a la agredida cicatrices, además de estar en estado de gestación en ese momento.
Para salvar su honor y el de su esposa, Carrouges apeló al Parlamento de París y, para hacer valer su derecho, puso su vida en juego en un juicio por combate (u ordalie), uno de los últimos celebrados; o el último del que tenemos constancia.
Por su parte, Jacques Le Gris (nacido en Normandia en 1330), un hombre corpulento y con fama de mujeriego, negaba categóricamente su crimen (al contrario de la romantización de la cinta británica). La insistencia de Le Gris en defender su caso mediante un juicio caballeresco por combate, en lugar de optar por el más seguro juicio eclesiástico (al que, como clérigo de órdenes menores, tenía derecho), atrajo un amplio apoyo a su causa entre la nobleza francesa.
Hecho también ignorado por la película, Le Gris estaba casado (o lo había estado) y tenía varios hijos. Sin embargo, ni si quiera su propia defensa parecía estar convencida de su inocencia, indicando su abogado en varias ocasiones sus dudas.
El duelo no transcurrió como se observa en la cinta, no hubo justas ni caballos, tampoco deberían llevar escudos porque irían ataviados con armaduras completas. Marguerite de Carrouges tampoco estaba presente en el duelo. Jacques Le Gris cayó antes al suelo, pero ante la negativa de confesar su crimen, Jacques de Carrouges lo mató, saliendo victorioso el 29 de diciembre de 1386.
Al terminar, sí es cierto que el cuerpo de Le Gris fue colgado de cadenas en una horca, dejando durante meses pudrir su cuerpo. Acto ejemplarizante para el vulgo, que viera lo que ocurría a los violadores. El vencedor recibió 1.000 francos junto a una renta real de 200 francos más al año. Se le otorgó el cargo de escudero real de Carlos VI (aunque esto no era especialmente una tarea sencilla...) y disfrutó de relativa fama y fortuna junto al honor restablecido de su esposa, con la que tenía tres hijos. El 10 de noviembre de 1390, al regresar de una peregrinación realizada unos meses antes a Tierra Santa, junto a su amigo, el caballero Jehan Le Meingre, apodado Boucicaut, Carrouges fue nombrado caballero de honor del rey.
En la Pascua de 1396, Jean de Carrouges emprendió una cruzada contra los sarracenos bajo las órdenes del joven duque de Nevers, Juan sin Miedo. En septiembre de ese mismo año cayó en combate en la batalla de Nicópolis.
Marguerite falleció entre 1417 y 1419. Su familia se ampliaría con la de Le Veneur de Tillières. Esta última fue la que recibió los terrenos y el castillo de Carrouges, del que siguió siendo propietaria hasta 1936, cuando el último representante de la línea los cedió al Estado francés.