Mayo 4

He podido reconocer dos tipos de personas: ovíparos y vivíparos.

Los ovíparos nacen de quebrar las, ¡oh!, impenetrables cáscaras de sus prejuicios para revelar su prístina esencia. Esos se paran en el escenario como venus saliendo de una concha. ¡Mírenme!, gritan, ¡mírenme que mi existencia es arte! Esos crían sus verdades por fuera de ellos, las empollan y las lanzan al mundo a ver si vuelan. Les pasa mucho que un lagarto se les arrima al nido y les cambia el huevo. Si se niegan a ver lo que les pasó: ¡apláudanme!, suplican, ¡apláudanme porque no existo!

Los vivíparos gestan sus verdades en el útero y las paren con dolor. Esos se paran en el escenario y dejan allá las vísceras y la placenta. A sus verdades las amamantan y las fortalecen, les enseñan a andar, a conseguir comida y a valerse por sí mismas. Luego envejecen con la esperanza de que los sigan cuidando cuando ya estén viejos. Como se juegan la vida entera a uno o dos cachorros, les pasa mucho que mueren solos y con hambre.

También hay ovivíparos, pero esos no saben contar.


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