Pude ser normal, pero una "l" se me atravesó.
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listed.to/@Marlio

Julio 5

La naturaleza de este software, que es mi único modo de existencia, da una única clave que funciona para siempre y que no hay manera de recuperar. Yo la olvidé, pero tengo el software abierto automáticamente en Jr, que es como se llama mi computador. Eso quiere decir que sólo existiré mientras exista Jr. Soy parte suya y mi muerte será tan inesperada como la suya.

Esta relación automática que generé con mi lugar de existencia me hace pensar sobre el modo en que me paro sobre la tierra.

Hay dos modos de estar en el planeta. Uno puede pensar de él que es un organismo vivo del que hacemos parte y que es frágil, como la vida, y que hay que cuidarlo y relacionarse con él desde ahí, o uno puede pensar en que es, simplemente, una cosa en la que uno está parado. En el segundo caso uno le abre huecos para desangrarlo y poder moverse más rápido a otro lugar donde uno está abriendo otro hueco para enterrar el plástico que hizo con la sangre que sacó del primer hueco, todo con la intención de comprarse unos zapatos más brillantes para pararse sobre él.

Yo trato de pensar que está vivo, y que yo también, y que eso no significa una cosa trascendental en un sentido religioso (es decir que no creo que mi vida o la vida sea lo único y lo divino), pero me mantengo consciente de que lo único que soy, tengo, seré y tendré, es la vida misma. No hay que tomársela tan en serio, porque es finita, pero hay que tomársela muy en serio, porque es lo único que hay. "La vida es pa' vivirla", decía un abuelo, "al fin y al cabo no sirve para nada más".

Y mi muerte no significa la muerte de la vida. Si algo veo desde el aislamiento es que haga yo parte del mundo o no, el mundo sigue y la vida sigue. La gente sigue cumpliendo años encerrada o no, la vida sigue manifestándose con o sin humanos, las montañas son inmunes al COVID y así yo no pase todo sigue pasando. Lo mismo es cierto para la humanidad, que además sobrevivirá a la pandemia. Pero, ¿es eso último cierto? Parece que le apuntamos a que sobreviva la economía y no la población. La tasa de mortandad es cada vez más alta, cosa natural, y los Estados toman acción frente a eso desde un pensamiento numérico y no humano.

Cierro con Bill Hicks: "The world is like a ride in an amusement park and when you choose to go on it you think it's real because that's how powerful our minds are. The ride goes up and down and round and round, it has thrills and chills, and it's very brightly colored and it's very loud. And it's fun, for a while. Some people have been on the ride for a long time and they begin to question, is this real or is this just a ride? And other people have remember and they come back to us and they say 'Hey, don't worry, don't be afraid, ever, because this is just a ride' and we... kill those people. 'Shut him up! We have a lot invested on this ride! Shut him up!: Look at my furrows of worry, look at my big bank account and my family... It has to be real'. It's just a ride. But we always kill those good guys who try to tell us that, you ever notice that? We let the demons run'em up. But it doesn't matter because it's just a ride. And we can change it any time we want. It's only a choice. No effort, no work, no job, no savings of money, a choice, right now, between fear and love. The eyes of fear want you to put bigger locks on your door, buy guns, close yourself off. The eyes of love, instead, see all of us as one."

Junio 23

Es macabro que uno salga a la calle y encuentre abierto todo menos las librerías y las escuelas. Algunos cafés están abiertos y venden para llevar y los bares están cerrados, pero las licoreras no. Y macabro es la palabra. Hay una suerte de muerte en este modo encerrado de existir. Hay una vida que no se completa. Cada vez que me siento a escribir y organizar ideas lo pienso más. La vida no es sino su desarrollo y su desarrollo pleno. Sea lo que sea que eso es, no puede reducirse a la mera repetición de tareas.

No es que no haya vida en levantarse, bañarse, cocinar y dormir. Yo me baño con agua fría y todas las mañanas soy consciente de que me baño. Es un reto diario estar bajo el agua helada a las 6 de la mañana y una victoria diaria sentir cómo se activa todo mi sistema circulatorio y cómo se despeja mi pensamiento antes de eso adormilado y filtrado por comodidad y lujuria. Mientras cocino pienso en el proceso químico que cambia el color de esto o aquello, en el modo en que la lenteja se hidrata, en el incesante vínculo que tengo con la tierra que se repite más como una espiral que como un círculo y me inventé un payaso que lo sobresignifica y le da valor moral a cada bocado y a cada mordisco. Tengo un graffitti en el baño que me invita a la consciencia plena del placer de defecar. Y duermo mal: a veces porque pierdo la batalla contra el exceso de pantallas que ha venido de la mano del aislamiento, a veces porque no tendí la cama en la mañana, a veces porque me siento solo y con frío y a veces porque no tengo la consciencia tranquila debido a que fui torpe en esta carta o a que oigo a alguien caminar con hambre frente a mi ventana y yo me siento triste porque fui torpe en aquella carta.

Decía que no puede reducirse a eso la vida, por mucho que uno haga el esfuerzo de llenarse eso de vida, porque uno quiere existir de la mano de otro. Lo macabro del aislamiento es que los negocios estén abiertos para que la economía se mueva y el que la mueva siga siendo el individuo y sea un individuo más solo que nunca. La tal carta esa me deja sin dormir porque quería conocer a otro por medio suyo y eso ya no sucederá. Lo que es macabro es que la emergencia sanitaria mundial es una vez más aprovechada por esa gente demasiado invertida en las ideas de poder y de dinero para hacer del resto de nosotros simples instrumentos, y que el sacrificio humano sea de frente, sin asco y sin temor. Sin temor porque saben que igual no va a pasar nada. La naturaleza humana es colectiva, el desarrollo natural de la vida humana es colectivo ¡No podemos siquiera reproducirnos solos!

Y siento ira. No es indignación, no es ese sentimiento efímero y febril que hoy llamamos indignación, no es esa sensación aparente que Aaron llama (con buen humor además) "el escándalo del día". Siento ira. Me enfurezco y pataleo, en un blog como quien se ahoga en un mar de impotencia, porque no puedo abrazar a un amigo que me topo comprando tomates, porque no puedo coquetear con una chica que no conozco y que sólo vi una vez bailando, porque no puedo evitar que asesinen a quienes se enfurecen y no sólo patalean en un blog, porque me siento como una enfermedad con patas.

Y me siento cobarde. Y me siento solo. Y esas dos cosas se alimentan y me carcomen como un cáncer en la voluntad que se llama frustración y que me dobla la espalda y me hace un butaco más, para que se me paren encima...

Junio 7

Ando atrapado en una tensión entre el mar y el io. Yo no sé si hay destino, pero sé que las palabras configuran lo que comprendemos y cómo lo comprendemos. Los nombres, así, nos configuran. Daphne es musa y es intocable, porque es otra, María es creadora, quien concreta lo divino y le da carne, y yo soy un funámbulo que camina la "l" que se le atravesó entre el mar y el io. Me tiembla el alambre en este momento debido a que el viento está demasiado quieto.

A un lado el abismo de la producción por producir. ¿Qué está haciendo con su vida Marlio? me grito cuando me quedo solo. En esos momentos escribo cosas en mi diario como "a mi no me da miedo morir, ni morir solo. Lo que me da miedo es morir sin haber vivido". Y me pongo a reflexionar sobre cómo quisiera salir sólo para oler flores y cuánto me gustaría amar sin estas ansias de ser admirado.

Al otro lado el abismo de la pasividad. Siempre que paso un rato de ocio y me veo obligado a mirarme los propios ojos siento en el pecho y en la máscara una presión que se parece mucho a las ganas de llorar. Como si el llanto quisiera tirarme la cara fuera y dejarme la carne expuesta. ¿Qué valor tiene eso? ¡Ninguno! Pero pienso que sería poético. No me siento conmovido por la falsa empatía, pero la practico... ¡Qué ganas siento de llorar!

Por no llorar leo poesía. Me re-encuentro con Dylan Thomas, y con la tranquilidad de que todos caminamos entre el bosque siendo apenas humanos. Enfurezco, pataleo. Recuerdo que mi computador presenta un error que me parece incomprensible. Un montón de letras y códigos que son como un texto en arameo para el que no lee arameo, o un código de programación para el que, como yo, no programa. Leo más de cerca y no es tan extraño. Es inglés y lógica. Me dice qué error presenta. Busco en internet el error, hay una comunidad de gente que me ayuda. Me guían sobre cómo solucionarlo, lo soluciono y escribo esta nota.

Sigo igual de atrapado en la tensión, pero con unas ganas más grandes de no ir tranquilo hacia aquella noche eterna...

Un amigo me pide historias de mi masculinidad tóxica... hoy recordé esta.

Cuando conocí a Mayi me enamoré de ella. Aún se aparece, cuando lavo la loza o me fumo un cigarrillo mirando las nubes pasar, la imagen de la primera vez que la vi sonreir. La conocí en unas olimpiadas de filosofía, estabamos aún en el colegio. No le pedí el número porque era muy romántico entonces y pensé "ya nos encontraremos de nuevo". No sabía aún lo grande que es el mundo. Ahora sigo siendo romántico, pero pido el número igual porque a veces hay que darle un empujón a la fortuna.

En efecto la vi de nuevo. Nos encontramos un día en la universidad. Ella tenía un noviecito ahora, un tipo flaco y demasiado guapo.¡Cuánto lo odiaba! Seguramente era un buen muchacho, pero yo lo odiaba. Mayi era católica, así que ese chiste que le hice acerca de que no soy celoso no tuvo mayor efecto. Me hice amigo suyo.

Anduvimos así como dos años. Un día trajeron a Bogotá una exposición de Man-Ray. En esa época yo estaba muy interesado en el Dadá y pasaba escribiendo cuentos sobre cómo yo no soy Duchamp. Man-Ray es uno de esos artistas que hoy llamamos Duchamp; hizo el primer ready-made y se metió a hacer fotografía. Fui al museo y me topé con una de estas personas cuyo trabajo es contextualizar el arte. Me explicó las técnicas, el contexto, todo. Yo digerí la información y pensé cosas y saqué conclusiones.

Mayi me llamó y me dijo que había roto con el flaco ese. La invité a la exposición. "¿Tú ya fuiste?"- me preguntó. "No"-mentí. Me puse una camisa que me hacía ver guapo y me fui a un Fallabella a echarme un perfume caro aprovechando la estrategia de las vendedoras de dar muestras gratis. La recogí y fuimos al museo. Le expliqué las técnicas, el contexto, todo como si lo estuviera descubriendo en las obras, en el momento. Esa misma noche nos acostamos.

Poco tiempo después empezamos a salir. Duramos un par de meses y yo ya no lo soportaba. Era católica, andaba en taxi a todos lados antes de uber y, una vez hubo uber, ni por la leche iba a pie. No contestaba el celular en la calle por miedo a que se lo robaran: ¡por Dios! ¡El lugar más peligroso al que iba era la 82! ¡E iba en uber!

Todas cosas que ya sabía sobre ella. La cacé y lo hice con paciencia. Luego me deshice de ella.

Un día, hace como un año, le escribí pidiendo perdón. Nunca respondió.

Mayo 7

Un amigo me dice que extraña a la novia en medio de la pandemia y que están mirando cómo pueden encontrarse durante el aislamiento. Le digo que ahorita es necesario hacerse la pregunta ¿qué es lo verdaderamente amoroso en esta situación? Me dice que es la carne la que llama y no la razón y me envía una canción de Iggy Pop "Love's missing". Bonita canción. Yo también he sentido el deseo de salir para evitar que se me pudra la carne en este encierro.

Le digo que igual hay que aprender a rascarse. A uno lo pica un zancudo y le clava un veneno que deja una comezón insoportable. Uno se rasca automáticamente y el alivio es infinito. Si a uno lo pican dos veces el infinito placer instantáneo se duplica. Pero si a uno lo pican mil veces ya uno empieza a pensarse la rascada.

Rascarse es clavarse las uñas en la propia piel para arrancarse una protuberancia resultado de la reacción a un otro. Si uno se rasca, alivia el dolor que significa esa reacción de manera inmediata y por la eternidad que puede durar un instante. ¿Quién no quiere eso? La vida es eso, podría decirse, un dolor que a veces se alivia, y cuando se alivia toda ella cobra valor. Puede uno decir, también, que el motor de la vida es el deseo, y su único fin el placer. ¡Hay que rascarse! Pero cuando uno tiene mil ronchas y se las rasca todas, termina por arrancárselas y dejarse unas heridas abiertas que duran mucho tiempo en sanar.

A veces, cuando se tiene mil ronchas, es mejor acostumbrarse a la comezón, vivir con ella. Aceptar el veneno que le dejó a uno el zancudo con su probóscide como parte de la piel. Permitirse sentir la comezón puede resultar en un tipo de placer más refinado que el alivio. Si la vida es un dolor que a veces se alivia, aceptar la comezón puede volverse un vivir pariendo vida. Si la vida es un deseo, y su único fin es el placer, aceptar la comezón puede volverse en un placer muy refinado y deseable.

Lo digo en serio, ¡aguántese! Todos tenemos una "l" atravesada en la mitad de la vida en este rato. Yo igual puedo decirlo fácil porque hace tiempos que nadie me invita a sus carnes y no volvió el zancudo que me picaba.

Mayo 4

He podido reconocer dos tipos de personas: ovíparos y vivíparos.

Los ovíparos nacen de quebrar las, ¡oh!, impenetrables cáscaras de sus prejuicios para revelar su prístina esencia. Esos se paran en el escenario como venus saliendo de una concha. ¡Mírenme!, gritan, ¡mírenme que mi existencia es arte! Esos crían sus verdades por fuera de ellos, las empollan y las lanzan al mundo a ver si vuelan. Les pasa mucho que un lagarto se les arrima al nido y les cambia el huevo. Si se niegan a ver lo que les pasó: ¡apláudanme!, suplican, ¡apláudanme porque no existo!

Los vivíparos gestan sus verdades en el útero y las paren con dolor. Esos se paran en el escenario y dejan allá las vísceras y la placenta. A sus verdades las amamantan y las fortalecen, les enseñan a andar, a conseguir comida y a valerse por sí mismas. Luego envejecen con la esperanza de que los sigan cuidando cuando ya estén viejos. Como se juegan la vida entera a uno o dos cachorros, les pasa mucho que mueren solos y con hambre.

También hay ovivíparos, pero esos no saben contar.

Mayo 3

"I did not ask to live, but now that I do I will fight for it. All live is precious, even mine" le dice la criatura a Frankenstein.

Nací sin fe y no sé por qué. Carezco de fe como mi abuela se alimenta de ella; porque así soy yo y así es ella. Mi falta de fe no me llevó a un culto de la humanidad. No me parece más importante tener la capacidad de resignificar el mundo que tener la capacidad de generar naranjas o de cambiar de color.

Y el árbol da naranjas y el camaleón cambia de color y yo resignifico el mundo.
A veces me levanto pensando que soy un dios amateur y doy órdenes a la criatura. ¡Crea! ¡Ama! !Haz justicia! "I am not the genius!" responde. "I know nothing and to you everything comes in the wind. I can only live to hear the wind howl inside my ears".

Pienso la palabra envidia.