días de cuarentena. día 126. pasear en bicicleta y pillar cosas.

originalmente para el día ochenta.

el ocho de junio salí a dar un paseo en bicicleta, fue de los últimos que hice. hace ya más de un mes no hago paseos en cicla.

ese día pasé fijándome harto en la calle. en general lo hago pero caminando. esta vez sin embargo que me fui lento, pedaleando suave.

en la calle cuarenta y cinco con carrera dieciocho hay una torre de apartamentos de cuatro o cinco pisos. la torre es morada. de un morado militante. por la vida. se ve imponente justo ahí en ese lugar. tan inadecuada en su existencia, tan incorrecta en el espacio con que colinda.

un poco más allá en la diecinueve está la academia guerrero. y en ella una jirafa malgeniada. un grafiti más al oriente calzada norte. morado por todas partes la ciudad es un gran morado, acopia todos nuestros totazos, las estrelladas.

por la calle cincuenta y tres con carrera dieciocho, calzada sur, hay un pequeño jardín cerrado que no conocía. aguanta parchar ahí. todavía no lo conozco. lo vi de pasada. pero se veía bonito. con un jardín con una reja de hierro clásica. de esas de barra cuadrada con punta sacaojos. de las que custodian a las vírgenes que custodian los barrios de las ciudades.

más al occidente me fijo por vez primera después de muchas veces pasar (en esa esquina recogí unas pepas hace muchos años en un taxi que me esperó en una noche acelerada sin puntos de puntuación como este paréntesis) en lo grande que es la carrera veintiuno. justo en la calle cincuenta y tres uno se para en el centro de la carrera y tiene sendas visuales hacia el sur y hacia el norte. se ve tan amplia la vida. una cosa de cuatro o seis carriles, no recuerdo y tengo que tener cuidado porque la memoria romántica quiere imponer la visión de una pequeña gran avenida entre los barrios. pero se ve amplia. es amplia. tan amplia que el aire pasa más limpio por ahí. llena más los pulmones.


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