Derramar sangre por la fé

Hoy escuché una frase, aparentemente escuchada de un Papa reciente:

Hay que defender la fé hasta derramar sangre. Y si hay que hacerlo, más vale que esa sangre sea nuestra y no de nuestros enemigos.

Es como un golpe en la cabeza para repensar la posición de los cristianos en el mundo.

En un mundo lleno de ideologías, el cristiano no debe decantarse por una, ni defender con violencia cierta posición (pienso en los católicos provida) o partido político (pienso en Vox). La encíclica Tutti Fratelli no podría ser más actual: Ser cristiano es ir al encuentro del otro, encontrar a Cristo en el más olvidado y marginado. No una posición política.


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