La peste, revisitada: 2028

...No pasará inadvertida la encriptación del documento final, rechazado por editoriales otrora leales al escritor, buscando eludir los ataques sistemáticos de terroristas cibernéticos, cuya intención extrema consiste en suprimir el recurso electrónico, dado que, hasta el momento de la escritura de esta nota, no han podido dar con el paradero de Camus.

La peste es una crítica sin concesiones al Nuevo Orden Mundial, cuya consolidación en 2020 supuso el final de las democracia y el advenimiento del totalitarismo. El entretelón pandémico, que instrumentó y controló a las masas, ocultó un conflicto entre potencias para hacerse a una hegemonía largamente ansiada desde la caída del muro de Berlín, del que el virus fue una herramienta, en principio marginal, y, posteriormente, decisiva para ganar la contienda. El autor limitó sus reconocidas habilidades literarias para entrar a saco contra las cuarentenas, descritas como un recurso despótico de los gobernantes para acumular poder y ejecutar negociados inverosímiles en otro tiempo, la cultura de la cancelación, según él "Un recurso discursivo que olvidó sus formulaciones emancipativas, para impregnar sus actuaciones de actitudes gregarias... mafiosas", y, la pasividad, inducida por la tecnología, para adormecer a las masas en un discurso de miedo, cuyo escalamiento en sí fue un fenómeno nunca antes visto. Camus ingresó en "territorio comanche", al decir de sus comentaristas, en el que buscó no coincidir con el aplauso del establecimiento, "Privilegiados cuya lucidez se mide en la dimensión de la pantalla de retina de su dispositivo", para afrontar la reducción del hombre por el hombre en un escenario que "manipuló la percepción de la opinión al vincular las cifras de los muertos con un producto cinematográfico hartas veces visto". Mientras mueren aquellos que tienen que morir, no necesariamente por el virus, el personal médico afronta el duelo con el melodrama de su "sacrificio" y la exhibición de un dolor tragicómico en las redes sociales, mismos intrumentos que fomentan el miedo e implantan otra capa de corrección política a los lenguajes naturales. En este punto, el autor ha sido enfático en subrayar que los esfuerzos de una humanidad indolente por paliar los dolores que provoca la enfermedad, son "espectáculos cuya ignorancia no deja de ser indignante", ya que son respuestas "pavlovianas" al circuito de estímulos construidos por gobiernos y corporaciones para sustentar la restricción de las libertades. Hay un punto macabro, que el mismo autor enuncia a través de uno de sus personajes, quien afronta tres veces la prueba para detectar la peste y, al final, renuncia a considerarse sano por las presiones de médicos y cercanos, al señalar "La rara casualidad de que los medios de comunicación estuvieran listos para recluirse mucho antes de que la población pudiera hacerlo". Complicidades que traducen, según el autor, un estado de preparación que solo advirtieron pocos, tomados como delirantes, posteriormente reducidos durante el aislamiento general obligatorio. Camus entra a las residencias de los mayores para desnudar el geronticidio, ejecutado por cuidadores provistos con celulares de última generación, mientras las economías locales sucumben a un enemigo silencioso, como lo es la desaparición del flujo de capital. "Un momento histórico para la especulación", no solo de las bolsas sino del rentista, quien nunca sucumbió a la peste, comprando a precios irrisorios propiedades y cuerpos durante la cuarentena. Sin misericordia, el autor expone en largos pasajes la forma en que la hipocrecía corporativa erosiona las actividades humanas: repartidores hambrientos que no alcanzan su destino caen tiroteados por las fuerzas del orden, al tiempo que drones sucumben del cielo por las resistencias hambrientas y post-teconológicas. Incluso se retrata a sí mismo intentando la reivención, tras recibir la crítica de un acomodado profesor universitario, cuyo rechazo a los ejercicios de estilo escritos en su blog durante las primeras fases de la simulación, le obligan a cuestionar su profesión. Camus detalla un panorama en el que el enemigo, la peste, es el trasunto de la humanidad, que ha construido un teatro de operaciones para diezmarse a sí misma. Quien venza, asegura Camus, ganará tiempo y hegemonía. Sin embargo, más que dominar al hombre, la potencia tendrá como tarea restringir la Inteligencia Artificial al rango de instrumento de control. Sugiere que se cuenta con un plazo medio de tres generaciones para alcanzar este cometido antes que el singular teatro de operaciones sea controlado por medios no humanos. El final es angustioso, no hay escapatoria posible, ni siquiera buscando refugio bajo tierra o aspirando a desaparecer en la extensión del mar.

Al momento de su publicación, La peste no le granjearía simpatizantes al escritor. Rescatar los primeros capítulos fue una labor titánica de hackers, ellos mismos amenazados por fuerzas oscuras. Sin embargo, impresos y distribuidos en algunas partes del mundo, luego fueron conectados con el resto del material, disponible en un repositorio brindado por un auxiliador de Camus.

El autor alcanzó a revisar el material final antes de su desaparición en 2024.


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