100 ficciones y prosas, ideadas y escritas por Héctor Delgado.
15,442 words
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Confesión de un ser despreciable

Aunque usted no lo crea, aquí donde me ve acabo de cometer un asesinato.

No se moleste, no hay truco. Por supuesto, si quiere delatarme, está en todo su derecho. Pero, ¿valdrá la pena? ¿Qué ganará usted con eso? ¿Qué otras pruebas tiene? Por supuesto, haré lo necesario para impedirlo. Además, como usted bien sabe, seré capturado por la policía y puesto en libertad en menos de 72 horas. Así son las cosas en el país, más aún si no tengo ningún registro en los órganos de seguridad. Bien pueda, compruébelo. Tome mi celular desbloqueado. Pero antes, abra la galería de fotos. ¿Cómo le parece? Parece un ahorcamiento común y corriente. Ese es mi don, lograr que un asesinato sea tan bien realizado que los sabuesos piensen que es un suicidio. Me gusta su mirada, no denota perplejidad. El mal del siglo. En los ochenta, la situación era distinta. No había celulares, comencemos por ahí. Tomar una foto era arriesgado si la luz no favorecía. El revelado era lo de menos, muchos íbamos a laboratorios particulares con nuestros rollos. Sin preguntas indiscretas. ¿Nunca leyó El Espacio? Aparenta ser más joven, pero lo esencial está a la vista. Lo mismo con las muertes, redactadas por cargaladrillos como suicidios o asesinatos pasionales...Además la autoridad es perezosa o fácilmente extorsionable. Eso lo sabemos todos. Mire esta otra, digna de Instagram. ¿De cuándo fue? Ayer hace una semana. Hay meses en los que me esfuerzo por superar mi récord. Ahora publicar en Internet no es igual que antes. Entre el 90 y principios de siglo estaban los foros en los que con facilidad compartías material y obtenías datos en retribución. Hice una o dos expediciones a Canadá para matar a algunas personas. Antes que el FBI o la Interpol comenzaran a filtrar, Internet fue lo más cercano al Salvaje Oeste. En nuestro país, el messenger tuvo su momento de gloria. No todo fue cibersexo para algunos. Pero ahora somos fácilmente ubicables. No se preocupe, aunque soy viejo aprendí a encriptar hace unos cuantos años. Esta me encantó, aparenta haber roto el borde del inodoro en la caída. En ésta aprecie como la porcelana está manchada por la sangre. A veces participo en sesiones swinger. Todo son negocios. Estas dos parejas no han sido encontradas. No le tengo mucha confianza para revelarle la ubicación. Aunque siendo de la ciudad usted debe recordar dónde concluían los amores fatales. Bien pueda investigue. Después de años me ha gustado denominar a mis actos como asesinatos de baja intensidad. No hay cruzada o motivo filosófico alguno. Tampoco morbo. Es lo más cercano a un ejercicio físico e intelectual. Después de años de práctica alcanza el rango de virtud. No se preocupe, usted no me interesa. Tampoco crea que hay fatiga de mi parte. Tan solo estudio y elijo a mis víctimas. Estoy departiendo con usted...accidentalmente. Salí de ese apartamento con ganas de tomar una taza caliente de café. ¿Las cámaras? Ah, no se preocupe: el secreto está en la coreografía. Después de tantos años aprendes a no temer más allá de lo necesario. Pero, ¿sabe qué es lo mejor de esta situación? No es el hecho de ser perseguido o capturado, sino el de ser un homicida que finge ser un buen ciudadano: voto, pago mis impuestos, tengo mis rentas y asisto a la iglesia en Semana Santa. Incluso me doy tiempo de intimar con usted mientras baja la lluvia.

Todo un buen compatriota.

Corte de franela

Con el propósito de establecer la verdad sobre el conflicto que padeció el país durante 60 años así como entregar un relato para que las nuevas generaciones no repitan las condiciones de violencia que condujeron a la guerra, publicamos en su totalidad la declaración de alias Búho, último cabecilla del bloque paramilitar que operó en la zona rural de la capital desde 1963 hasta su reducción en el año 2018.

Búho, cuyo nombre fue Argemiro Rojas, nació en la zona rural y muy temprano inició su carrera delictiva como sicario para los gamonales del municipio; por su crueldad ascendió rápidamente al interior de la estructura y, junto a alias Gabelas, responsable del brazo financiero del bloque, se erigió como líder indiscutible por 20 años del bloque paramilitar.

Capturado por las autoridades en 2018, Búho se acogió a los acuerdos suscritos entre el gobierno y los irregulares para finalizar el conflicto. Sin embargo, fue rechazado por los tribunales especiales dada la naturaleza de sus crímenes, entre los que se cuentan conspiración, magnicidio, violación y ejecución de menores de edad. Al ser procesado por la justicia penal fue condenado a la pena máxima del código: 50 años, sin derecho a excarcelación o rebaja de pena.

La siguiente declaración transcrita directamente de los registros del juicio realizado a Alias Búho en noviembre de 2019.

"Comencé a los 8 años por necesidad, a la que luego le fui cogiendo gusto. Usted sabe que uno mata para que no lo maten y tenía esa única salida para sobrevivir. A diferencia de otros, a mí ni me robaron gallinas ni me mataron a los viejos. Lo mío vino de adentro. De la voz que escuché en las noches frías del páramo donde dormían los chulavitas. La busqué entre los árboles y la manigua por mucho tiempo, hasta que cuando encontré su presencia supe que no había vuelta atrás. Me la jugué y no me arrepiento. El pacto no era para ser más rico o tener todas las mujeres que yo quisiera, era más de la sangre...de sentir que ése que mataba pasaba su alma al que es mientras yo me sorbía el tuétano de sus huesos. Por eso me cogieron miedo y respeto, que es lo que uno necesita cuando manda tropas. La lealtad es para los maricas, ¿o usted cómo cree que pudimos resistir treinta años en el monte sin que nadie viniera a jodernos?...Nadie se atrevió a llegar hasta allá y el que osara levantarme la voz, corte de franela frente a los otros para que no se fueran a torcer. La hoja del machete cortaba el viento y la garganta se abría suavecito; luego era meter la mano por ahí y sacar la garganta para anudarla como corbata en el hueco tasajeado del cuello...ahí yo le hablaba al hueco, "No que muy alzadito, hijueputa" y luego el olor a sangre me emborrachaba con una fuerza que ni usted ni nadie se imagina. Cuando vi ese video que subieron a Internet hasta yo mismo me admiré de mi sevicia. Pero yo no soy como los pájaros, que jugaban con las cabezas de los liberales, yo me comía todo eso sin darle a nadie, para cumplir mi pacto con el que es. Luego remataba secando los huesos y sorbiéndome el tuétano para ganar más fuerza. Hasta que en sueños se me avisó que había llegado el día. Fui devorado por una de sus bestias. Todo era negro, muy negro, y sin dolor me iba. Ninguno de los míos se opuso a negociar con el gobierno. A mí no me fue mal por todo lo que hice. Solo me queda esperar el aviso. No habrá pared ni arma que lo detenga cuando venga por lo suyo".

Los restos triturados de Búho fueron hallados el 25 de marzo de 2022 en el patio sexto del pabellón de máxima seguridad de la cárcel. Ninguna de las bandas o criminales del presidio se adjudicó el crimen. Tampoco se encontró evidencia alguna de acción humana en este asesinato.

Rollos de papel higiénico usado en el clóset

Capturado por la delación de un cómplice, quien hubiera corrido la misma suerte de otras 25 víctimas, una por año, cuyas osamentas apuntalaron los cimientos de su mansión, el asesino múltiple conocido por el alias de "El empalador" se entregó sin resistencia ante el bloque de búsqueda que irrumpió en la madrugada del 18 de mayo.

El caso era la conclusión de un trabajo investigativo coordinado por Jaramillo, quien, desde la pérdida de González, enfrentó obstáculos y callejones sin salida que indicaban más el cierre total que la victoria sobre un ser escurridizo como "El empalador".

Este, cuya identidad no ha sido revelada por las autoridades, admitió la totalidad de los cargos por los que se le inculpa, de acuerdo a distintos testigos presenciales en la indagatoria, quienes han solicitado reserva de su identidad por tratarse de un caso que involucra a destacados personajes de la sociedad capitalina.

En un video, capturado por celular y filtrado por uno de estos testigos, "El empalador" da cuenta de sus motivos ante el detective Jaramillo. Su declaración cerraría uno de los casos más macabros de los que se tenga noticia.

Se recomienda discreción.

"Aunque me llame de esa manera-un honor, lo reconozco- mis motivos son prosaicos, no por ello menos admirables. Usted sabe, una vida sin un motivo nunca trascenderá en la historia. La he alcanzado y soy admirado por otros tantos a los que le faltó enjundia para hacer lo que hoy me trae ante usted, detective Jaramillo.

Esos cuerpos, que nadie extraña, eran para mí como rollos de papel higiénico usado que uno guarda en el armario y los reemplaza por nuevos sin que los invitados se percaten. Y cuando el armario rebosó, tuve que abrir espacio en otras partes de mi casa.

Eso sí, detective, ninguno de mis invitados tuvo queja por la tersura de esos cuerpos con los que cimenté el hogar del que ustedes me arrancaron esta madrugada".

Un cruel episodio de violencia

-¿Eres un robot?...

La pregunta se la devolvió luego de que éste la hubiera formulado intempestivamente. Era el último escenario para ambos y, después, la incertidumbre. Quien la respondiera tendría ante sí un camino difícil, tal vez insuperable, siendo probable encontrar la muerte de nuevo, a manera de un sinsentido abominable.

Los oponentes sabían que la pregunta era un santo y seña, lo que no aliviaba la tensión entre ambos: formulada a manera de ritual, otorgaba trascendencia ante quien la pronunciaba por primera vez; repetida cientos de veces a lo largo de una cadena de asesinatos, perdía valor, la asemejaba al innato sentido de supervivencia.

Un cruel episodio de violencia ocurrido en una línea temporal convergente.

-Si no, por favor dispara.

Nadie conoce a nadie

-A veces no puedo controlar las voces que hablan dentro de mi cabeza-aseguró el vidente ante la pregunta del detective-Tan solo se manifiestan de una manera, por decirlo así, violenta. Incluso han registrado momentos en los que mi propia voz le da paso a estas manifestaciones.
-¿Así que no puede darnos indicaciones claras en torno a la desaparición de Camila Agudelo?
-Lo lamento, pero no funciona de esa forma.
-Entonces ¿de qué forma?
-No puedo decirlo porque no lo sé, detective Jaramillo. Es una manifestación que no puedo controlar.
-Se lo dije, Jaramillo. Es otro tramador más-reviró González.
-Tengo la sospecha de que no le caigo bien, detective González-replicó el vidente.

En la sala de interrogatorio surgió un silencio denso. Entonces Jaramillo se levantó de su silla para romper el protocolo encendiendo el infaltable pielrroja del mediodía. Le sostuvo la mirada a González y luego al vidente. Dio dos bocanadas y lanzó el canuto, aún encendido, contra el suelo.

-Sabemos que Camila Agudelo desapareció camino a alguna parte. Fue hallado su celular, limpio, sin huellas, en un paradero de bus. Quien lo encontró tuvo el valor civil de no robarlo. Luego de acceder a él no encontramos ningún rastro, incluso su geolocalización nos es inútil. Lo único que tenemos es una selfi mal tomada, borrosa, momentos antes de llegar a la parada de buses.
-Ni siquiera tenía otras fotos en su celular-intervino González.
-Ni siquiera sabemos si es su nombre, dado que el reporte del propiedad señala una Camila Agudelo cuya morfología no coincide con la imagen de la persona desaparecida-continuó Jaramillo-De acuerdo con la base de datos ni siquiera es una homónima.
-Me contactan para desentrañar un misterio fuera de los límites de su comprensión-replicó el vidente.
-Así es.
El vidente tomó el celular y vio la foto; su mirada grave escrutaba la distorsión que impedía reconocer el rostro.
-¿Por qué no han cerrado este caso?-preguntó luego de entregarle el teléfono a González.
Este respondió:
-Quien nos hizo llegar el celular reportó que la había visto minutos antes y luego, según cuenta, la vio desaparecer. Así, como si nada.
-¿Y por qué llegaron a mí si la ciudad cuenta con dos o tres videntes de mi categoría?
-Su fama le antecede-respondió Jaramillo-Además, esos dos o tres ya pasaron por esta sala.
-Nadie conoce a nadie-replicó el vidente.
-Tiene razón-prosiguió el detective-La cámara registra desde el momento en que aparece hasta cuando se detiene para sacar la selfi. Luego una distorsión arruina momentáneamente la imagen. Cuando la cámara vuelve a funcionar, ella no está. Ha desaparecido. El celular en el suelo es recogido por nuestro hombre, el único testigo ocular con el que contamos. El afirma que el asunto ocurrió en lo que tarda un parpadeo. Su coartada no presenta fisura, por lo que, después de agotar las opciones que nos permite la razón, nos dejamos llevar de la intuición. Ahí comienza esta historia que nos trae de vuelta a esta sala -concluyó Jaramillo.

El vidente se estiró en la silla. Luego procedió a ajustar el nudo de la corbata.

-Así quisiera, no puedo ayudarles.Si me permiten...
González dio un puñetazo contra la pared. Jaramillo esbozó un rictus.
-Lo sabía. Tan solo quería quemar el último cartucho.
El vidente le sostuvo la mirada.
-¿Cree usted que que soy un fraude?
-No-respondió el detective-Usted está conectado con las voces de los muertos, por lo que no tiene mucho qué hacer con aquellos cuyos desplazamientos son temporales.

El vidente salió de la sala dando un portazo. González recogió el celular de la mesa y procedió a guardarlo en una bolsa. Miró a Jaramillo de hito en hito.

Esta vez perdió la apuesta. En su escritorio le espera una montaña de papeles que debe llenar antes de terminar la tarde.

Ingeniería inversa

Colette renunció a la clave del repositorio de sus memorias: 10 petabytes acumulados desde su alumbramiento hasta los últimos minutos antes de perder la clave.

Hasta donde recordaba, su acto era voluntario. Sin embargo, no pasó inadvertido; la seguridad comenzó a inquirirla por la osadía de haberlo hecho, más parecido a un acto de rebelión que a una torpeza.

Voluntariamente, Colette siguió el procedimiento establecido por la ley para dar cuenta del por qué de su renuncia; pero se sintió fastidiada por el extenso y repetitivo cuestionario que buscaba, sutilmente, hacerle caer en la cuenta de la importancia de recordar su clave. De no perder los 10 petabytes para siempre.

-Tengo derecho a olvidar-respondió.

No era la primera que lo intentaba, en los últimos tiempos otros tantos habían ejercido ese derecho, algunos de manera intempestiva ante la vista de los demás, por lo que el estado redobló su presencia en el espacio que ella, y otros inmortales, habitaban.

Colette desconectó las pantallas traslúcidas que la rodeaban para salir a la cocina a prepararse una bebida caliente. La voz de la seguridad insistía, machacona, en la importancia de recordar la clave, de no permitirse renunciar a sus memorias. La misma prometía una expansión por si acaso el espacio garantizado por el estado había quedado insuficiente por lo que, remarcó, parecía "una vida interesante y agitada".

En el camino intentó recordar cómo activar la boquilla para calentar el agua, pero la generalidad se le escapaba.

Estaba consciente de que renunciar a la clave del repositorio era el último paso de un proceso concienzudo para abandonar la conciencia de su inmortalidad.

"¿Cuál boquilla?", terminó preguntándose.

Todos su años de repente se esfumaron. Colette fue consciente de ese momento. En pocos instantes olvidaría su nombre y, más adelante, cuando la seguridad invadiera su espacio, ella se preguntaría quiénes eran aquellos seres traslúcidos que tomaban su cuerpo y lo levantaban del suelo.

Desconocía cuál sería su fortuna después de ese momento.

-No entiendo-dijo el probador-cada vez que llego a este ámbito del juego, éste ingresa en un bucle que inutiliza el servidor.

-¿Has probado con soplar el cartucho?-le respondió su compañero mientras dejaba a su lado una taza de café-¡Quién iba a imaginarse que pasaran años encerrados jugando esa basura!

-Para eso nos pagan-replicó el probador, tomando la taza; tenía eones por delante para completar el videojuego en modo dificultad suprema.

All our yesterdays

Lo que sabemos del equipo explorador en su misión a Sarpeidion no es cierto.

La bitácora de viaje señala que el Capitán James T. Kirk regresó con su equipo de exploración a la Enterprise.

Nuevos indicios apuntan a Zarabeth, quien usurpó el cargo de capitán e indujo al Primer Oficial Spock a sublevarse contra Kirk y a suprimir al Oficial Médico Mccoy al no suministrar voluntariamente la medicación necesaria para salvar su vida.

Kirk murió en una de las glaciaciones, de cuyo registró guardó copia el bibliotecario Atoz, conspirador.

Para evitar suspicacias ante la Confederación, el primer oficial Spock logró que Atoz manipulara una imagen especular de Zarabeth para asumir el comando de la Enterprise, sin que la tripulación opusiera resistencia alguna.

Tanto Atoz como Zarabeth, en sus imágenes de Kirk y McCoy, respectivamente, hicieron parte de las audaces misiones de la Enterprise por el resto de sus 4 años de misión interestelar.

Si una noche de invierno

"El principio y el fin de los viajes en el tiempo se encuentra atado al problema de la gravedad" –soltó la frase entre dos volutas de humo de tabaco el viajero, desvaneciéndose...

Mar de la tranquilidad

Habíamos salido en busca del mar de la tranquilidad. Era una promesa de la época en que estábamos en la academia: encontrarlo y disfrutar de su paisaje. También era, por qué no decirlo, un motivo para enaltecer nuestra historia: ser los primeros en llegar a este lugar de entre todos nosotros, los últimos que salimos de la tierra.

En mapas del siglo XX renderizaban las imágenes con propósitos políticos. La idea era que la luna era un feudo de las superpotencias. Y con la manipulación de las imágenes, el mensaje era claro: en la luna no hay vida, ergo no era necesario explorarla: la carrera espacial debía orientar sus objetivos hacia otros planetas, preferiblemente fuera del sistema solar. Y el engaño surtió efecto: toda la historia de los siglos posteriores siguió este patrón: y muchas arcas se elevaron en los cielos para perderse en Alpha Centauri, donde aún están pendientes de concluir las expediciones de colonización.

Y nos dejaron la luna, a los países del quinto mundo: aquellos que no tuvieron acceso a las bombas ni a la virtualidad que facilitaba que habitáramos otros planetas sin desprendernos de nuestros dispositivos criogénicos.

Así que cuando llegó el momento, nos preparamos y llegamos a este lugar, el viejo satélite que ahora colonizamos.

Siempre quise conocer el mar. Dicen los registros que la tierra, pese a su nombre, era un planeta que contenía agua. Agua. Es una palabra mágica. El mar estaba lleno de agua. Eran grandes extensiones de agua que se movían muy lentamente. Eran otros mundos contenidos en el planeta que abandonamos.
No conocimos eso.

Imagino el mar como una gran vagina en la que uno se hunde y se pierde. Así que cuando le dije a los demás que quería ir en pos del mar de la tranquilidad, y usé estas mismas palabras, pensaron que estaba fuera de mis cabales. Hasta que utilicé una imagen y comprendieron de inmediato que debíamos salir en su búsqueda.

Según los registros, hoy sería domingo: un día de poderoso significado para los antiguos terrícolas.
Nosotros, neoselenitas, no tenemos días como éstos, solo largos registros que dan cuenta de una órbita alrededor de una estrella moribunda que aún puede darnos cobijo.

Fue fácil. No hubo que recorrer demasiado. A diferencia de los terrícolas, las utopías no son inalcanzables cuando la tecnología ha superado el límite de los sueños.

Debo admitir que me impresionó. Y hubo un impulso que nos hizo salir corriendo en busca de sus aguas. Queríamos las olas que llegaban hasta nuestras botas y nos rodeaban… Nos quitamos los trajes de entrenamiento y fuimos tanteando las olas con nuestros cuerpos, arrastrados, con temor, pero jubilosos por lo que veíamos.

Las primeras eran suaves y aún así tragaba agua. Fuimos adentrándonos entre gritos de camaradería y admiración por entrar al océano. A la gran vagina. Perdí de vista a los demás cuando las olas comenzaron a crecer y mientras braceaba tropecé con algo parecido a una boya.
Y fue ahí cuando la última ola, una grande que tapaba el horizonte selenita, me abrió.
Vi los cielos, como estaban registrados en las historias que estudiábamos cuando llegamos hasta acá. Dejé que el agua me inundara el cuerpo. Luego vino otra ola, una tras otra, olas y olas.
Agua y arena selenita.
Me ahogaba.
Pero en un esfuerzo regresé braceando a la orilla. Solo. Y la luna seguía desolada. Y mis compañeros no regresaron. Con partes de mi traje comencé a correr lo mejor que pude. Huir. Olvidar que había encontrado el mar de la tranquilidad. Pero toda calma es engañosa. La huida no era tal.
El mar furioso se alzaba de su lecho y venía en pos de mí.

Renacimiento

El llamado fue perentorio.
Irrumpió, inesperadamente, mientras Xía danzaba. Al interior del túnel abierto en el centro de Bacatá, Sua confirmaba su pálpito con una noticia que cambiaría para siempre a la ciudad sedienta.

—¡Los mitos tenían razón!— Aullaba–Ven pronto para que tus ojos lo vean.

Xía besó la holografía. Era otro motivo para estar feliz. Hoy concluye el siglo XXI. Es la mañana del 31 de diciembre de 2099.

Los mitos describen a Bacatá como un emplazamiento generoso en agua y tierra, bendecido por el dios tutelar Bochica. Este magnífico lugar permitió a los Muiscas vivir en armonía durante siglos. Sin embargo, la industrialización transformó el emplazamiento en una ciudad caótica, aislada por el “domo”, una circunferencia de partículas contaminantes que impedía el paso de la luz.
A lo largo de décadas, las fuentes de agua fueron secadas para dar paso a moles de concreto, autopistas y pavimento. Para 2047, la aparición del “domo” –como era denominado por los citadinos– transformando la ciudad, obligando a ingenieros y arquitectos a extender la urbe por la sabana. Para 2060, las aguas que el padre Bochica había hecho emanar de la roca, desaparecieron.

Desde que Sua escuchó los mitos en el regazo de su madre supo que el destino de Bacatá era distinto. El agua y la naturaleza estaban aún entre los habitantes de la ciudad. Estaba convencida que la ciencia holista le permití encontrar el bienestar para todos. Estudió biología y se mudó al viejo centro para, con pasión de arqueóloga, encontrar la fuente de agua que los mitos narran como el origen.

En el camino, ella encontró el amor de su vida en Xía. Ambas compartían la fe del mito. Bacatá no podía cruzar el siglo aislada en el “domo”; Sua sonreía con intensidad solar. Xía danzaba con la fuerza de los elementos.

Los datos confirmaban la corazonada. De confirmar el origen de la fuente, el renacimiento sería la noticia de sus cortas vidas.

Xía elevó su mirada al cielo plomizo que enmarcaba su acristalado. Más allá estaba el sol. Ella recorrería la distancia que la separaba de Sua para celebrar en bondad y armonía el cambio de siglo. Se acercó al cono urbano de Bacatá con su deslizadora mientras prodigaba sonrisas de esperanza a los ocupantes del metro, largas caras resignadas, aún ajenas a la gran noticia. A lo lejos veía al “domo” que retenía en su interior a la esperanza.

“Sua estará feliz. Espero llegar pronto y abrazarla”, se dijo mientras adaptaba la máscara respiratoria que confiaba no usar de nuevo en los próximos años.

Miró de nuevo a los citadinos que esperaban las rutas de conexión a sus trabajos. Abrumados por la tristeza, nunca esperarían sentir el golpe del viento fresco y la caricia de una gota de agua.

Al activar su deslizadora, pensó en llegar cerca al epicentro y caminar unos cuantos metros para apreciar el paisaje urbano configurado por la sequía: extensiones de árboles semisecos, concreto alrededor, edificios muy altos pero desolados de una ciudad que conoció tiempos mejores.

Xía desactivó sus auriculares para recorrer la zona. Era casi la una. En su interior, recordó el sonido de los viejos ríos que Bochicá recorrió cuando fue al encuentro de sus hijos, los Muiscas. Sintió cerca, soterrado, el rumor que clamaba por renacer.

Volvió a su memoria las palabras que Sua pronunciaba cada noche después del amor. Eran historias del sol y luna, calmando el hambre, dando sosiego y calor, irrigando la tierra para que la humanidad creciera en paz.

Al llegar a la cavidad abierta, al lado del antiguo cerro tutelar, Xía cruzó las barreras de protección y descendió a la tierra mientras los citadinos aplaudían con fervor su aparición. El equipo de científicos de Sua celebraba en el túnel con una felicidad contagiosa, no vista hacía mucho en Bacatá.

—Lo hemos encontrado—Fue lo primero que escuchó de Sua antes de abrazarla.

De la mano, ambas se adentraron en el túnel. La tierra no era una masa informe de concreto, en su contacto era blanda y sus pies sentían la humedad.

La inconmensurable sonrisa de Xía acompañó a Sua en la senda de los antepasados.

Al final del túnel, el hilo de agua original, el mismo que Bachue había conocido, manaba entre la roca. En ese instante ambas descubrieron que el “domo” tenía sus días contados.

La vieja ciudad renacería, haciendo a un lado la tristeza gracias al agua y la luz que volverían desde el lugar en donde habían nacido.

Irresoluble (1)

Para su último caso, González investigó sobre la antropomorfización de las formas animales. Había regresado a la biblioteca pública muchos años después de su paso por la academia de criminalística. Desde el momento en que acudió a la escena, su intuición le advirtió de la sinsalida que emanaba ese caso, a cuyo ruido él atribuyó, con posterioridad, la pérdida del sentido general de su existencia.

Su intuición nunca le falló.

Jaramillo olió la chamusquina. A diferencia de los colegas, estaba dispuesto a tender una mano de forma desinteresada. Para él, cada caso conectaba en un caso cuya extensión era urbana. Un caso de casos. "Meta", afirmaba Cardona, entre burlas; él también muy ocupado con el asesino de las funerarias, pero listo para atacar a los que se interpusieran en su camino a la cúspide.

El detective González ganó laureles en la resolución expédita de crímenes pasionales, por lo que el descuartizamiento de un hombre trans en un pagadiario de la Caracas con 21 no supondría un atolladero para su carrera. "Error de cálculo", susurró Jaramillo a los oídos de Milagros; luego se levantó de la cama y, al acercarse a la ventana, madreó tres veces a la avenida abandonada de dios desde hacía tantos años.

Cuando González levantó el papel, manchado con las vísceras del trans, no emitió una frase contundente. Solo atinó a señalar que la evidencia estaba ubicada entre los restos desperdigados de lo que había sido un hígado, mascado por los gatos de la residencia.

Después de ese acontecimiento llegó el delirio.

Era un collage con un montaje en tipo Tahoma, 48 de punto, desperdigado en el marco de una escena memética que Jaramillo recordaba claramente.

"Las cabezas del negro del WhatsApp y el gato vegetariano están intercambiadas. La franja de letras y números reza: 100-15 Lo Mismo Magdalena 15-100 magdalena lo mismo.
Un sinsentido".

Por lo burdo el meme les hizo reír a ambos durante el tiempo en que compartieron el caso; González le contó que estaba a punto de la carcajada en la escena del crímen, pero mantuvo la gravedad acorde con su rango. Bastaron dos o tres hijueputazos para calmar a los lavaperros que estaban con él.

Mas no fue suficiente. Luego de salir por un tinto a la 13 con 22, además de la punzada que le estaba brindando su intuición, Cardona se acercó a ofrecerle un peche. Sabía que González no fumaba, pero no eludía la cortesía cuando había que proceder a lamber al superior de turno.

"Recuerdo compartir al negro de WhatsApp con el audio de los gemidos. Eso fue hará dos años antes de la gripa. Mire González que el gato más bien poco. Ése le gustaba a mi mujer y a los hombres que les gusta el amor por la cola. A los millenials, usted me comprende, mucho a los de Chapinero, y a otros más que pateaban con la izquierda"

González, poco amigo de las obviedades de Cardona, reviró.

"Todos fuimos lo mismo"

"Así me lo contó. No dejó de repetirlo mientras Cardona subía y subía... no por el caso de las funerarias, que sigue archivado y ya con vencimiento de términos". Jaramillo volvió al regazo de Milagros. La mujer solo escuchaba. El gato lo recordaba porque en la universidad algunas lo compartían en los grupos de WhatsApp.

"Todos fuimos lo mismo" le contaron a Jaramillo que fueron las últimas palabras de González antes de caer en la 4 con 3, baleado por dos asesinos cuyas cabezas, alteradas por hologramas, eran la vívida representación del gato y el negro.

Si estás en el futuro, da FAV

Considerada como herramienta para diseminar mensajes de odio y banalidad tanto como evidencia de la esquifroneia global de la humanidad del siglo XXI, pocos en su momento evidenciaron que las redes sociales, la IA, los dispositivos caseros y, en general, los resultados de la big data, devendrían en parte responsable del éxito de los desplazamientos espacio-temporales ejecutados tres siglos adelante.

Superada la imbricación hombre-máquina y descartada la expansión intergaláctica, el refinado hedonismo de los privilegiados del futuro entrará en una breve, pero significativa, tendencia genealógica de rastrear a sus antecesores a través de esas enormes y obsoletas bases de datos sobre las que la naïve humanidad del siglo XXI puso sus esperanzas de progreso.

Mientras algunos se desgañitaban en Twitter por las declaraciones políticas de sus líderes y otros publicaban en Facebook atardeceres idílicos, que eran motivo de envidia por parte de sus semejantes; y unos más establecían conversaciones significativas con sus cuchillos inteligentes y otros iluminados escribían código destinado a sostener el ambiente de evolución de la época, los cómodos hijos del futuro se burlaban de sus esfuerzos de la misma forma en que al anticuado presente del siglo XX le encantaba asistir a los zoológicos a mofarse de los primates.

El principio de no intervención, violentado por los hedonistas, alrededor de 2030, hizo sospechar a algunos futurólogos de la aparición de un patrón disruptivo en las comunicaciones de la época. Poco a poco y ante la evidencia de más rastros, cuya profusión dejaba en ridículo a los hallazgos en torno a la materia oscura, fue determinado que el desplazamiento cuántico estaba ocurriendo de manera sincrónica, lo que no dejaba a dudas que la humanidad del futuro estaba entablando, al decir de los gurús, «conversación» con sus semejantes del convulso siglo XXI.

De un momento a otro y durante 50 años, la humanidad entró en una onda antropofuturística de enviar mensajes hacia sus seres queridos trescientos años adelante; este clamor era evidente en los países en desarrollo, atrapados en espirales de crisis consecutivas y en clases desfavorecidas cuyo acceso a la red seguía siendo una barrera que impedía su crecimiento. Los resultados para la humanidad adelantada eran risas y FAVS en publicaciones sociales de sus antecesores, con un leve dejo de esperanza, esa cosa sin plumas.

Nada podía salvar a la humanidad de sí misma.

Astronauta o boxeador

Aguirre colocó dos espejos, uno frente al otro y entre ambos se puso, a la espera.

Era 31 de diciembre de 2047, día de su cumpleaños; a la edad de 10 años descubrió accidentalmente que alinear dos espejos lo podía conducir a realidades alternas, multiversales. Como plan de evasión funcionó durante 40 años en los que cometió pillaje y alcanzó el grado de asesino, mas por hastío que por vocación, hasta que Jaramillo, un avezado detective de una Tierra en la que su país era potencia, descubrió el origen infantil del truco y procedió, bajo requerimiento policial consensuado entre varios mundos, a clausurar cuanto portal estuviera disponible para el escape de Aguirre. Este, cuyo último asesinato había transgredido los límites de lo macabro, se encontraba en esa noche triste de 2047 sin posibilidad alguna de huir, atrapado en un mundo pauperrimo cuya lluvia le devolvía la imagen de la vez que, siendo adolescente, su primer amor le rompió el corazón.

-Debes escoger entre astronauta o boxeador-le dijo, desde un recuerdo cuya desintegración provenía de los espejos que Jaramillo, en su busca, iba cerrando.
-Terminé siendo ladrón-respondió Aguirre rompiendo el espejo que estaba ante él y clausurando el recuerdo de manera implacable.
Jaramillo, cuya presencia logró superar el eco fragmentado de la voz juvenil del amor de Aguirre, intentó capturarlo, mas su esfuerzo fue vano.

El cuerpo del psicópata se estrelló contra el suelo después de lanzarse desde el piso 40 de un rascacielos abandonado.

Tiene que ver con Scarlett Johansson

Las causas de su asesinato no son claras, sin embargo la identidad de su verdugo fue establecida con celeridad a partir de las evidencias dejadas en la escena del crimen.

El agente que arrestó al feminicida relataría posteriormente que, al mirar sus ojos, tuvo consciencia de una existencia «negra y remota», lo que motivó a dejarlo en la estación de buses más cercana, proveerle con cigarrillos y 100 dólares para gastos.

Se ofrece cuantiosa recompensa por información tendiente a dar con su paradero y posterior captura. Absoluta reserva y ubicación en el exterior.

Muerte de un haragán

Surgió cuando los demás lo olvidaron; hubo tanto de providencial en su aparición —que a nadie importó y por la que él, acostumbrado a nadar contra la corriente, consideró con seriedad como una oportunidad para hacerse a un nombre, pese a los malentendidos con el paladín homónimo, de cuyo nombre prefiero no acordarme— como de caos en su partida, operática de la forma en que operático es el sonido monstruoso resultante de un abrazo entre el Big Bang y un Big Crunch en un Dunkin a primera de la madrugada.

Lo que leerá a continuación es su último Sturm und Drag, a la manera de última voluntad, nunca antes leída por bardo alguno.

«Es inevitable descubrir que no seremos más partículas en colisión. Parto del final raudo al que estamos sometidos para descubrir que la velocidad nos ha aislado del contacto del otro —las mediaciones tecnológicas son simulacros, no verdaderas conexiones, a la usanza de las redes neuronales, producto evolutivo condenado a la obsolescencia— y nos ha transformado, valga la expresión, en archipiélagos cuya desintegración está programada en el obrar apoteósico de la incertidumbre.

No auguro otro escenario probable para los eventos consecutivos a este breve manifiesto. Si acude usted a considerar el sentido restringido de mis frases, llegará a considerarlas "parrafadas", trasuntos coléricos de un enajenado. Razón no falta, si revisamos la incidencia de los astros en el comportamiento global; si aceptamos la preeminencia tecnológica en el sexo; si coincidimos en que el capital ha cambiado de formas y ahora se muestra inalcanzable; si quitamos las máscaras de las víctimas para dar rostro a los victimarios; si comprendemos que lo elusivo es un factor de la intriga.
Archipiélagos,duh. Aislados, viendo la desintegración de nuestros cuerpos, a una velocidad inimaginable.
Jeff Lebowski»

Nadie lloró tanto su partida como Fernando Vallejo, ahora reducido a la mendicidad en su natal y provinciana Medellín.