Artefactos

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Prosas y ficciones

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Layla, 1992

Es difícil que armonicen—tienen a Lizzo, Beyoncé, Rihanna— ... no les importa el tiempo. Les importa a ellas. Si Patty hubiera entendido eso. Si las groupies lo hubieran entendido... man... ella habría sido una pionera, pero no fue así. No la culpo, aunque ella reclamará royalties por cada mala versión que haga. De eso se trata vivir: de no saber.

El día que Kurt Cobain cayó de la bañera

En una de sus cuatro vidas, Kurt Cobain cayó de la bañera. Estuvo inconsciente por tres minutos. Fue la beba, Frances Bean, quien lo encontró. Abajo en el garage, Courtney le hacía una fellatio al camello que surtía de drogas a la familia Cobain-Love.
No había nadie que pudiera ayudarlo.
Era 5 de abril.

En una entrevista exclusiva para Rolling Stone, Kurt describiría su sufrimiento durante esos tres minutos. Fue una pesadilla sin final aparente en la que Courtney y el camello organizaban un complot para matarle con el rifle que le regaló William Burroughs en la primavera del noventa y tres. Le dispararon en el garage justo después de que Kurt los descubriera copulando sobre la mesa; ambos venderían la idea del suicidio, corroborada por la usual torpeza policial. Asistiría a su velorio, y posterior cremación, mientras era triturado por los medios, que lo ubicaban en el nefasto club de los artistas muertes antes de los 30. Después contemplaría la desintegración de lo que más amaba, su banda y su familia. Novoselic, un cero a la izquierda, Grohl, de esencia traidor, haciendo réditos con una banda mediocre en la que tocaba ese eterno segundón, Pat Smears. Le dará la razón a Frances Bean en alejarse de su madre; Courtney, mientras tanto, posará de viuda, hasta que su destino final se cumpla... muchas vidas adelante.

Lo que más le dolerá a Cobain, que tiene en alta estima su obra, es que su mensaje se habrá diluido entre repeticiones televisivas, rockumentales, y camisetas estampadas con su figura, repetidas hasta el cansancio alrededor del planeta. Hasta un español escribiría un libro sobre él. Pero nadie, absolutamente nadie, prestará atención a sus canciones.

—Fuck, man —le dijo a Jan Wenner, mientras apretaba su biblia de cuero— I screwed all things up.

Cigarrillos

Durante 25 años, H caminó el trayecto de vuelta a casa en 25 minutos o su equivalente en cigarrillos fumados, un total de 6, encendido cada uno con la colilla del anterior, sin pausa, sincronizados desde el momento en que cerraba la puerta del negocio hasta que golpeaba la de su casa, abierta por su esposa, Q, 12 años juntos, que lo esperaba para cenar un menú invariable y casi espartano de sopa, dos tajadas de pan para él, una taza de avena para ella y un café negro, sin azúcar, para él, su penúltimo, antes de pasar a la sala, encender el televisor, ver el noticiero y beber, esta vez sí, el último antes de las 12 de la noche, cuando subía las escaleras, lavaba sus dientes y dormía en el sofá frente a la cama de su mujer, con quien había llegado a un acuerdo amigable de separación e intimidad compartida que les reportaba a ambos la tranquilidad suficiente para coexistir sin afrentas o desengaños.

Cada mañana H regresaba al trabajo sin fumar un cigarrillo, con el aliento que la nicotina aún no le había arrebatado silbaba para acompañar el gorjeo de los pájaros o barruntaba para amplificar el crujir de las ramas contra el pavimento, mismo cuyas grietas conocía de memoria por más de dos décadas y que repasaba mentalmente mientras silbaba o barruntaba aunque, ocasionalmente, de esas mismas grietas surgía una que otra vocecilla que él disipaba elevando una nota o respirando más fuerte, con la creencia de que hacerlo le mantendría concentrado en las labores del día, que repetía sin césar desde que tenía memoria.

Su primer cigarrillo era a las 9 am, 25 minutos después encendía otro y así sucecivamente hasta la hora de almuerzo, cuando suspendía el hábito para enfocar su energía en el almuerzo espartano que su esposa cocinaba en casa (sopa, dos rebanadas de pan, un café negro), para retomarlo después de 25 minutos hasta el final de su inalterable jornada de trabajo: cuadrar las cuentas, ordenar las mercancías, bajar las cortinas, asegurar las puertas, en el mismo tiempo, sin interrupciones, metódicamente, un cigarrillo tras otro, H bajando la calle, ahora en silencio las grietas del pavimento, sin pájaros, las ramas barridas por el viento.

En ocasiones ocurría que H realizaba un mal movimiento y dejaba caer un cigarrillo en el pavimento. El accidente no detenía sus pasos, pero le forzaba a disminuir su ritmo para que los pitillos le duraran hasta medianoche. Sin embargo, esta vez no fue uno sino varios los que cayeron al suelo. Sorprendido por el accidente, hizo una relación de los cigarrillos que le faltaban para llegar a casa. La cifra le convenció de que si apuraba no llegaría con material hasta la puerta. Allá no guardaba reposiciones. La calle de luces apagadas y silencio posturbano era un infierno del que H no podría escapar con prontitud. Detenido, escuchó las voces de las grietas que cada mañana acallaba con sus silbidos. De lo que conversaron es mejor callar. H vio llover. Algunos conductores reportaron la anomalía. Coinciden en que el hombre miraba hacia los árboles con una mezcla de ironía y desilución: como si la presencia de esa luz celestial no fuera suficiente para paliar su angustia.

Mapa de calores

F conoció a J en la salida del metro. Amor a primera vista, pese al reciente divorcio de F con H... Sin embargo para J era su primera vez. Dos citas después, F y J comenzaron su historia juntos ante la sorpresa de H y N, ex de J, que aún tenía esperanzas de regresar antes de concluir !!!. F y J planearon un destino grandioso que superaba las expectativas de sus anteriores relaciones: viajar, tener hijos, comprar una casa, fueron opciones barajadas en los primeros días de su amor. Anunciaron su unión en Facebook con una foto de ambos en la playa. Y de ahí en adelante vivieron el día a día de una pareja del siglo, entre notificaciones del celular, tarjetas de crédito compartidas y salidas al bar cada viernes. Una que otra vez iban a actividades de sus trabajos para actualizar al mundo que seguían juntos. En ocasiones, F o J recordaban la grandilocuencia conque iniciaron su vida y deslizaban por ahí las frustraciones de no haber cumplido las promesas de los primeros días. Hasta que apareció X, a la entrada del supermercado, quien flechó a J e iniciaron una relación paralela. F, ajeno, descubrió la infidelidad y reaccionó con indignación —muy esperable, según le dijo X a J, quien daba largas a la idea de J de romper con F y mudarse a la casa de X; tampoco era de guardar chats o intercambiarse fotos, en su justo medio X, sin ceder o pretender demasiado. Abocados a un divorcio, F y J iban cerrando los episodios de una vida juntos sin mayores acontecimientos. En ocasiones, era J quien trataba de regresar a los tiempos en que fueron felices, pero F era refractario al recuerdo. Por su lado había conocido a A, con quien compartía algunos momentos de solaz, reconociendo que lo de J fue una gran oportunidad para amar. X, sin mover un ápice, seguía viéndose con J, sabía lo de F con A, y no tenía ninguna intención de trascender. A, sabiendo de la poca claridad de F, tampoco apostaba a futuro. Una noche F y J se cruzaron unas cuantas palabras por una nimiedad. De las palabras pasaron a los platos, de los platos a las palabras, de éstas a los besos, luego a las caricias, al final al sexo. Aunque se emparejaron, las claridades eran necesarias. X y A eran esenciales para F y J. Funcionaría, por supuesto, si pretendieran menos y realizaran más. Un año después, A, F, J y X, bebían en la terraza mientras conversaban sobre la vigencia de las antiguas historias de amor, en las que al final alguien terminaba sacrificado por el egoísmo del otro.

Genealogía imposible

Como es de público conocimiento, en 2004, Shishaldin, artista moderna, solicitó una autorización al gobierno francés para un matrimonio póstumo con el poeta Isidore Ducasse, Conde de Lautréamont. El gesto pasó inadvertido en los medios generalistas franceses, huérfanos de poetas desde el siglo XIX. Sin embargo, los seguidores más fervientes del conde, así como wikipedistas encarnizados, prestaron atención a los movimientos de la mujer. Diez años después, un equipo de genetistas exhumó los restos de un NN enterrado en un promontorio cerca a Greenwood, Mississippi, al que los lugareños atribuían la identidad de Robert Johnson, el bluesman que conversaba con el diablo. La verdad fue una revolución para musicólogos, historiadores y wikipedistas. En un giro inesperado, los restos del bardo satánico fueron expatriados desde Estados Unidos a Francia, donde eran esperados por la "novia negra", Shishaldin. Blindada por la legislación francesa, que favorece la poligamia concomitante, la artista contrajo nupcias con Johnson y, en medio de la celebración, anunció una gira mundial con hologramas de sus dos esposos acompañados por figuras del hip hop de entresiglos. Por supuesto, en un futuro próximo, sin definir. Apoyada por tecnología de punta en genética y revolucionarios avances de IA, Shishaldin tiene como empresa replicar hasta el más mínimo detalle de sus maridos, no solo con la intención de hacer el espectáculo vanguardista del siglo, sino también con la pulsión íntima de dar a luz, por primera vez, un clon que cuente con el ADN combinado de Lautréamont y Johnson.

El equívoco

Hasta su último suspiro, Nora Joyce, née Barnacle, no cansó de repetir a quien quisiera escucharla que el 16 de junio de 1904 su primer encuentro sexual no fue con James sino con W.B. Yeats, que la tomó "por la puerta trasera, sin tocar dos veces", mientras Joyce fungía de espectador pasivo y elogiaba la fáustica virilidad del poeta con palabras de grueso calibre.

El sexo de los libros

Del escritorio de Michel Houellebecq:
"En dos siglos, los objetos llamados "Libros" follarán entre sí. Lo que es la aberración de una mente bibliofílica, será un derivado perverso, además de lucrativo, para la pornografía. Se sabe que los libros carecen de género y de identidad sexual, por lo que las preocupaciones humanas sobre el placer, y el acceso a éste, no restringirán la interacción entre los objetos. ¿Quién, en su sano juicio, no pagará por asistir al cortejo y acoplamiento de dos trochos, considerados durante milenios como objetos sacrosantos del conocimiento? Por supuesto, es una idea hedonista y marginal, pero sus posibilidades no dejan de ser inquietantes. Me centro en la sensación física de la cópula, en silencio, sin exageraciones, dos objetos consumiéndose el uno al otro mediante una baba, semejante a la textura del caracol, sin dejar rastro de papel a los ojos de los espectadores. La eficaz compulsión de los lectores ante la posibilidad de liquidar tantas bibliotecas. El síndrome de abstinencia. La desolación.
El final de la mala literatura llegará por la vía impensada del sexo de los libros".

La última flor

Más que por la virtud de su arquitectura, destinada a provocar admiración en las inteligencias superiores que hallaría en su recorrido por el universo, Gertrude, el algoritmo, era valorada por ser un testimonio antropológico de dimensiones incalculables. Al eslabonar de manera infinita el aforismo "Una rosa es una rosa es una rosa", transmitía el valor excepcional de la flor sobre la que bardos y escritoras construyeron las literaturas de la tierra. Flor de la que, en un atisbo de torpeza común a la especie, no se había conservado semilla o material alguno que permitiera, a esas mismas inteligencias superiores, recrearla genéticamente.

La lista de compras

El detective accedió sin problemas al computador del asesino más buscado. En su interior encontró una carpeta con la etiqueta "Nuevo inicio" en la que había una libreta de notas sin título. Al abrirla, el detective encontró una lista de números. Su primera reacción fue sorpresiva: a primera vista, la lista ponía en evidencia los asesinatos del criminal en orden cronológico. El caso, cuya duración remontaba a 15 años atrás y por el que pasaron 3 detectives antes que él, estaba resuelto por un descuido del asesino.

Sin embargo, antes de celebrar, el detective se inquirió si el asesino no estaría jugando con sus expectativas. Había estado muy cerca de capturarlo una vez, de no ser por el aviso de un soplón al interior de su equipo. La tecnología jugaba un papel importante en la cacería, mapas de calor de los lugares sospechosos de ser guaridas y arañas digitales estaban activas recorriendo la red en pos de rastros. Era una cuestión de tiempo para que el criminal fuera detectado o cometiera un error que pusiera fin a la búsqueda. Pero, una libreta de notas descuidada en un viejo computador no encajaba con su perfil. Después de confrontar la lista con sus archivos, encontró que ambos documentos concordaban 100%. Un resultado inédito que incrementó su desconfianza. El asesino era una reconocida inteligencia superior. ¿Y si era una lista de compras codificada con las fechas de sus 24 asesinatos?. Criptografía no encontró vinculo alguno con su premisa. Frente a él estaba la verdad desnuda que permitiría formular los cargos y acelerar su captura.

Para el detective era aceptar la evidencia y proceder por el camino trazado.

El camino del asesino.

Pulsó "borrar" y cerró el caso para siempre.

Grandes Éxitos

Pese a nunca haber hecho realidad mi sueño de ser un crítico musical, como tampoco alcancé el de ser un escritor leído, sí cuento con una ventaja que mis rivales quisieran tener: sueño frecuentemente con mis músicos preferidos en los escenarios ideales para escribir las crónicas que nunca escribiré.
Por ejemplo, esta noche fue Thievery Corporation durante un ensayo, en un sótano de Washington, mientras preparan la gira de otoño. Hasta toqué la marimba, único instrumento musical que domino, para acompañar la voz de Natalia, la vocalista argentina que sigo en Instagram. Conversé con Rob Garza y Eric Hilton de muchas cosas, siendo el tema central la importancia de los uniformes que los miembros de la banda visten en cada concierto. Por supuesto, Thievery no usa uniformes. Tal vez Rob y Eric coincidan en el vestuario negro, ultra cool, de dos djs cuya música me acompaña desde el lejano 2005, pero LouLou y Natalia, Rob y los demás, están sin ropa sobre el escenario. En esos momentos descubro que sueño. Mi vida es un jet-lag entre escenarios vacíos.
Dentro de mi antología de sueños musicales hay una conversación con Bono antes de un ensayo de U2. Sus palabras no eran nítidas para mí, pero no queda duda con respecto a su mensaje de coexistencia mientras Larry chequeaba el celular, Adam rondaba por ahí con su gesto impasible y Edge, molesto, quería enchufar la guitarra. Otro destacado fue con James Hetfield, que tenía escondida una botella de Jack en una bolsa de Armani. No sé, todo me salió tan homeless que le propuse a papa Hef tomarnos dos shots de algo mientras llegaban los demás. No me sorprendió que hace una semana Metallica cancelara la gira. El de Radiohead fue difícil porque Phil no toma café colombiano y el de Miles Davis fue violento: el genio limpiaba su trompeta policolor e insistía, en perfecto creole, que era hora de volver al cielo. En uno, con los Kraken, apareció mi madre, alma bendita que nunca gustó de mi música, y en el de Cerati, mi exmujer le preguntó si seguía amando a Cecilia. Por supuesto, al regresar del jet-lag transcribo lo que más recuerdo. Puedo adelantar que estoy en conversaciones con Kanye. A veces aparece detrás de una puerta, pero el guardián me dice que debo esperar y luego, para cerrar la conversación, me pregunta:"¿Qué hay detrás de la ventana?".

Raíz

Mi padre, que fue un hombre dado a interpretar los sueños, encontró las señales de su muerte en uno que no quiso interpretar. En el despertar tenía las imágenes frescas en su memoria, por lo que decidió transcribirlas en un párrafo. Era una parte de su rutina: anotar sus sueños y dibujar las tiradas del Tarot. Mantenía vivo su talento como dibujante mientras acumulaba paneles con escenas de las cartas tiradas que portaban una advertencia, o un consejo, para las personas. En la escritura usó lápiz; en el dibujo, un bolígrafo. Azul, de trazos gruesos, los fondos en carboncillo. Antes de irme de Cali, pasábamos las tardes tomando café bajo la canícula. En su conversación derivaba de la literatura hacia el Tarot, y viceversa. Yo, que fui filólogo, escuché cómo él describió minuciosamente la última lectura que hizo, diseccionando el sentido en el más estricto rigor gramatical. Después de soñar su muerte, el instinto de supervivencia lo alejó del Tarot, el dibujo y la escritura. También supe, de sus labios, que fue aceptación, aunque para ello haya tardado 18 años desde su partida y otro sueño, el de anoche, en que nos encontramos, y él, con una sonrisa en los labios, me contó su historia.

Filantropía degollada

El museo de cabezas auspiciado por la fortuna de Jeff Bezos es su obra cumbre, superior a sus negocios al detalle, su filantropía, y es la muestra más elevada de su actitud visionaria. A diferencia de titanes como Elon Musk (por cuya testa financió una expedición de NASA hasta Marte) o Donald Trump (exhibida con y sin peluquín, de acuerdo con la intenciones del comisario de turno), Bezos capturó el espíritu de su época al buscar, y capturar, al hombre de la multitud, que con su esfuerzo erigió la fortuna de sus amigos y la suya a niveles inconcebibles para la historia del capitalismo. Por supuesto, reconocer las cabezas de Zuckerberg y de Billie Eilish es una arrogante evidencia de sus conexiones con la plutocracia norteamericana. Observar las humanidades del primer comprador de su librería en línea, o la del analista de inversiones que dio luz verde a su portafolio, e incluso la serie de indocumentados que hicieron una mediana fortuna repartiendo paquetes en la América de la década del 20, no deja de ser un recordatorio de los excesos y horrores del siglo, encarnados en el poder ilimitado de Bezos. Sin embargo, no deja de ser frustrante notar que su cabeza no cuenta con un podio en su museo. Consciente de que tras su desaparición se transformaría en un fenómeno post mortem de feria y peregrinación global, hizo respetar su voluntad de ser incinerado, pese a que él mismo, consciente de que estimularía una competencia a muerte entre ambiciosos y ególatras, puso sobre su humanidad una nada desdeñable recompensa para aquel que pudiera reducirlo y degollarlo.

Cthulhu

Después imagino una selva lóbrega cuya extensión supera el horizonte. Imposible de abarcar con la mirada, quien la recorra se extraviará entre lianas, barro y árboles derrumbados. Sin refugio para el débil, los rumores de los condenados resonarán con una fuerza superior a los fuegos de otros infiernos, menos temidos. Ubicua, la bestia aguardará.

En mi devoción atestiguo su amor furioso.

Psicología inversa

Al convencerse de que su necesidad de figuración abocaría su carrera al fracaso, Samuel Beckett decidió no escribir una línea más en inglés. En cambio abrazó al esperanto, una lengua apta para erosionar su narcisismo y su incontinencia verbal.

Sobre ti

Al igual que millones de su generación, Lautaro adquirió la app para darse un tiempo fuera de Internet sin que esto afectara la frecuencia de sus publicaciones, interacciones y comentarios, ni disminuyera la base de sus seguidores, pese al descenso de los últimos días, atribuido, según él, a un cansancio crónico de una vida de exposición mediática en la red.

Él, cuya identidad había sido gestionada desde antes de nacer por un algoritmo, no dudó en otorgar permiso vitalicio para que la app hiciera la labor programada. Lautaro sintió extrañeza al regresar al mundo material. Al adecuar su visión, descubrió que el mundo fuera de la red no contaba con los filtros, alteraciones y comodidades a las que estaba acostumbrado. Quiso reversar los protocolos de la app, pero el robot revocó su acceso al no encontrar información de respaldo en su base de datos.

-El almacenamiento del sistema no permite más incorporaciones. Proceda a llenar este formulario con su información personal y nos comunicaremos cuando haya almacenamiento disponible-fue la respuesta inalterable que Lautaro recibió por el resto de sus días.

Destino de la impostora

Desoir las advertencias fue una constante en la vida de Luisa.

Le venía de niña, aunque ella afirmó en mas de una ocasión que su necesidad de trascender era innata, y no el producto de las condiciones sociales de su época. Por lo que, mientras sus compañeros cultivaron un talento con miras a un futuro sin incertidumbre, ella empeñó sus esfuerzos en pulir lo que era rebeldía para construir esa imagen de líder que infundíó esperanza en sus seguidores.

Interpelada en cientos de entrevistas sobre su labor, Luisa nunca dudó de sus acciones. Las vinculaba con el destino común de sus millones de seguidores, con lo que apelaba a mantener un sentido de comunidad que inspirara a miles más a unirse a sus causas, algunas a contracorriente del espíritu de su época, del que ella, en meditaciones nocturnas, elaboraba reflexiones profundas y con un acento de invocación para recordar que, sobre todo, las acciones debían realizarse en el presente que habitaba la humanidad.

Sin embargo, hubo ocasiones en que la asaltó la inquietud sobre las consecuencias de sus actos. Eran momentos de vacío en los que la urgía determinar el impacto que sus luchas tenían sobre su vida. La mortificaba el sentido de urgencia: asumir las causas como si estuvieran destinadas para ella, llevarlas hasta el límite y luego abandonarlas para pasar a otras, más grandes, más radicales, en un círculo virtuoso que demandaba más declaraciones, imágenes y acciones contundentes. Muy temprano descubrió que su accionar estaba motivado por la soberbia de quien se descubre rechazada en una negativa o en el insistente golpear de una puerta cerrada que franquea el paso a alguna parte. Ya no había negativa suficientemente poderosa que lograra hincarla o puerta que no estuviera abierta. Descubrió que el sentido de su lucha era insostenible e inajenable, como el de quienes la precedieron, como el de los que la seguirían. Pero que, tal vez, no era el suyo. Como respuesta a esa incertidumbre, sus acciones adquirieron un matiz oscuro, que provocó el rechazo de algunos, pero que a ella le tuvo sin cuidado. hasta sus últimos momentos.

Desoir las advertencias fue una constante en la vida de Luisa.

Lo comprobó cuando sintió los impactos contra su pecho. Pudo contarlos, pero creyó que eran pocos: uno o dos más hubieran cimentado un legado sin discusiones para la posteridad.

Dos muertos

-¿Por qué a mí?-Clamó la víctima, de puntillas sobre un banco.
-Los caminos del señor son misteriosos-Respondió el asesino.
El bruto, en cuyas manos estaba la soga que amarraba al cuello de la víctima, estornudó.
-Sí es así, ¿por qué no me mata de una vez?
-Todavía no es momento-Respondió.
...Para su infortunio, el bruto estornudó por segunda vez. Con su fuerza tensó la cuerda que quebró el cuello de la víctima. Fue una muerte inmediata. Luego amarró la soga a un poste y encaró su destino.

Big Crunch

Cuando necesito conectar con mi vida, sentir la fuerza de un propósito emancipador, poderoso, revolucionario y caótico, abro un cuaderno al azar, empuño el bolígrafo y comienzo a pergeñar frases y párrafos sobre la hoja en blanco, hasta que, poco a poco, y por la fuerza de gravedad del agujero negro contenido en el cuaderno, son engullidas sin dejar rastro. Como mi vida, sin sentido. Desaparecidas.

#BatmanDay

Creemos que la soledad de Bruno Díaz es nuestra, hasta cuando descubrimos que el dolor autoinfligido no evita el insomnio.

Titulares imposibles

Cansados del estereotipo promovido sobre ellos por la industria del porno, actores afro han iniciado un #MeToo por la reivindicación de sus derechos.