100 días de prosas y ficciones ( #100days)
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Si estás en el futuro, da FAV

Considerada como herramienta para diseminar mensajes de odio y banalidad tanto como evidencia de la esquifroneia global de la humanidad del siglo XXI, pocos en su momento evidenciaron que las redes sociales, la IA, los dispositivos caseros y, en general, los resultados de la big data, devendrían en parte responsable del éxito de los desplazamientos espacio-temporales ejecutados tres siglos adelante.

Superada la imbricación hombre-máquina y descartada la expansión intergaláctica, el refinado hedonismo de los privilegiados del futuro entrará en una breve, pero significativa, tendencia genealógica de rastrear a sus antecesores a través de esas enormes y obsoletas bases de datos sobre las que la naïve humanidad del siglo XXI puso sus esperanzas de progreso.

Mientras algunos se desgañitaban en Twitter por las declaraciones políticas de sus líderes y otros publicaban en Facebook atardeceres idílicos, que eran motivo de envidia por parte de sus semejantes; y unos más establecían conversaciones significativas con sus cuchillos inteligentes y otros iluminados escribían código destinado a sostener el ambiente de evolución de la época, los cómodos hijos del futuro se burlaban de sus esfuerzos de la misma forma en que al anticuado presente del siglo XX le encantaba asistir a los zoológicos a mofarse de los primates.

El principio de no intervención, violentado por los hedonistas, alrededor de 2030, hizo sospechar a algunos futurólogos de la aparición de un patrón disruptivo en las comunicaciones de la época. Poco a poco y ante la evidencia de más rastros, cuya profusión dejaba en ridículo a los hallazgos en torno a la materia oscura, fue determinado que el desplazamiento cuántico estaba ocurriendo de manera sincrónica, lo que no dejaba a dudas que la humanidad del futuro estaba entablando, al decir de los gurús, «conversación» con sus semejantes del convulso siglo XXI.

De un momento a otro y durante 50 años, la humanidad entró en una onda antropofuturística de enviar mensajes hacia sus seres queridos trescientos años adelante; este clamor era evidente en los países en desarrollo, atrapados en espirales de crisis consecutivas y en clases desfavorecidas cuyo acceso a la red seguía siendo una barrera que impedía su crecimiento. Los resultados para la humanidad adelantada eran risas y FAVS en publicaciones sociales de sus antecesores, con un leve dejo de esperanza, esa cosa sin plumas.

Nada podía salvar a la humanidad de sí misma.

Astronauta o boxeador

Aguirre colocó dos espejos, uno frente al otro y entre ambos se puso, a la espera.

Era 31 de diciembre de 2047, día de su cumpleaños; a la edad de 10 años descubrió accidentalmente que alinear dos espejos lo podía conducir a realidades alternas, multiversales. Como plan de evasión funcionó durante 40 años en los que cometió pillaje y alcanzó el grado de asesino, mas por hastío que por vocación, hasta que Jaramillo, un avezado detective de una Tierra en la que su país era potencia, descubrió el origen infantil del truco y procedió, bajo requerimiento policial consensuado entre varios mundos, a clausurar cuanto portal estuviera disponible para el escape de Aguirre. Este, cuyo último asesinato había transgredido los límites de lo macabro, se encontraba en esa noche triste de 2047 sin posibilidad alguna de huir, atrapado en un mundo pauperrimo cuya lluvia le devolvía la imagen de la vez que, siendo adolescente, su primer amor le rompió el corazón.

-Debes escoger entre astronauta o boxeador-le dijo, desde un recuerdo cuya desintegración provenía de los espejos que Jaramillo, en su busca, iba cerrando.
-Terminé siendo ladrón-respondió Aguirre rompiendo el espejo que estaba ante él y clausurando el recuerdo de manera implacable.
Jaramillo, cuya presencia logró superar el eco fragmentado de la voz juvenil del amor de Aguirre, intentó capturarlo, mas su esfuerzo fue vano.

El cuerpo del psicópata se estrelló contra el suelo después de lanzarse desde el piso 40 de un rascacielos abandonado.

Tiene que ver con Scarlett Johansson

Las causas de su asesinato no son claras, sin embargo la identidad de su verdugo fue establecida con celeridad a partir de las evidencias dejadas en la escena del crimen.

El agente que arrestó al feminicida relataría posteriormente que, al mirar sus ojos, tuvo consciencia de una existencia «negra y remota», lo que motivó a dejarlo en la estación de buses más cercana, proveerle con cigarrillos y 100 dólares para gastos.

Se ofrece cuantiosa recompensa por información tendiente a dar con su paradero y posterior captura. Absoluta reserva y ubicación en el exterior.

Muerte de un haragán

Surgió cuando los demás lo olvidaron; hubo tanto de providencial en su aparición —que a nadie importó y por la que él, acostumbrado a nadar contra la corriente, consideró con seriedad como una oportunidad para hacerse a un nombre, pese a los malentendidos con el paladín homónimo, de cuyo nombre prefiero no acordarme— como de caos en su partida, operática de la forma en que operático es el sonido monstruoso resultante de un abrazo entre el Big Bang y un Big Crunch en un Dunkin a primera de la madrugada.

Lo que leerá a continuación es su último Sturm und Drag, a la manera de última voluntad, nunca antes leída por bardo alguno.

«Es inevitable descubrir que no seremos más partículas en colisión. Parto del final raudo al que estamos sometidos para descubrir que la velocidad nos ha aislado del contacto del otro —las mediaciones tecnológicas son simulacros, no verdaderas conexiones, a la usanza de las redes neuronales, producto evolutivo condenado a la obsolescencia— y nos ha transformado, valga la expresión, en archipiélagos cuya desintegración está programada en el obrar apoteósico de la incertidumbre.

No auguro otro escenario probable para los eventos consecutivos a este breve manifiesto. Si acude usted a considerar el sentido restringido de mis frases, llegará a considerarlas "parrafadas", trasuntos coléricos de un enajenado. Razón no falta, si revisamos la incidencia de los astros en el comportamiento global; si aceptamos la preeminencia tecnológica en el sexo; si coincidimos en que el capital ha cambiado de formas y ahora se muestra inalcanzable; si quitamos las máscaras de las víctimas para dar rostro a los victimarios; si comprendemos que lo elusivo es un factor de la intriga.
Archipiélagos,duh. Aislados, viendo la desintegración de nuestros cuerpos, a una velocidad inimaginable.
Jeff Lebowski»

Nadie lloró tanto su partida como Fernando Vallejo, ahora reducido a la mendicidad en su natal y provinciana Medellín.

Derivativa

J.D. Salinger no recordó despertar; bastó para sí el impulso cuántico, indeterminado, torrencial, para saberse parte del entramado, no al frente, -como fue su deseo- sino al fondo, de igual manera al proceder del Eclesiastés, cuya operación a la sombra es crucial para el funcionamiento armonioso entre el cielo y la tierra.

Dejó de escribir cuando repasó el párrafo anterior. Hizo a un lado la tablilla en la que acumulaba hojas y hojas de un tratado de teología sin concluir y fue a la busca de una taza de café. Un recuerdo prorrumpió en su mente, referido a una clase a la que asistió en la universidad de Uppsala. En ella, los estudiantes discutían si era o no importante saber si el alma era consciente de habitar el cielo o el infierno. ¿Por qué dar importancia a relatos cuya función es superponer capas de palabras entre el objeto y la verdad?.

Ante la ventana, en cuyo marco había muescas que apreciaba tocar para sentirse parte del entramado, observó a la distancia la confluencia de dos cauces cuya desembocadura alimentaba la fuente de su jardín. Estaba pendiente la conclusión del retrato de Alice, escrito sobre el espejo mientras ella, al anverso, traducía, de manera espontánea, los versos de Petrarca.

En su vértigo, Swedenborg fue lúcido para memorizar la trayectoria que labraba en los cielos particulares que iba atravesando; sin recordar su partida, comprendió que su final probablemente lo atraparía sin consciencia; clamó perdón por sus anteriores encarnaciones como por las que llegarían, y comprendió que cualquier recurso hipertextual solo remarcaría la potencia de una obra cuya existencia agobia a los humanos.

Los límites del equívoco

Hasta su final, Bill Murray sostuvo que los cadáveres empalados en el jardín de su mansión californiana eran utilería para el decorado de una película y no el rastro de un sangriento ritual indígena mesoamericano.

El soplo, dado a las autoridades por Lupe -su criada, tal vez amante, por 20 años-, más pareció un tétrico ajuste de cuentas entre ambos que una urgente denuncia criminal; interrogada por la policía, la empleada contó que el señor Bill la encomendó reclutar indocumentados a los que prometía una buena paga si accedían a realizar labores de mantenimiento en la residencia del actor.

Posteriormente los hombres, reducidos por el equipo de seguridad del actor, eran encerrados en un sótano para ser sometidos a vejámenes que eran reproducciones fidedignas de los ejecutados en el cono sur durante las dictaduras militares de la década del setenta del siglo anterior.

"El señor Bill se sentaba en un trono de jaspe frente a la turba y aplaudía cada exceso que cometíamos"-afirmó Lupe en los interrogatorios que pronto adquirieron resonancia internacional.

"Obtenía placer del sincretismo: un gusto erudito por el bondage combinado con las sensaciones obtenidas por la ingesta de corazones frescos, propios de rituales mayas... y su megalomanía, imparable desde Lost in Translation, le permitió ir a su aire en la incorporación de elementos romanos en sus rituales, de los que se rumorea participaron muchos ejecutivos de Hollywood"-aseveró el fiscal que conduce el caso.

Capturado al inicio del solsticio de invierno en un Chick-A-Fella de Detroit mientras robaba papas fritas a un rubicundo niño que no sabía quién demonios era ese señor de cabello entrecano y gafas oscuras, Murray ha mantenido una actitud distante, propia de sus representaciones cinematográficas. Las autoridades buscan por cielo y tierra a Lupe, la criada, desaparecida sin dejar rastro de la instalación penitenciaria donde había sido ubicada.

El ocaso del agrimensor

«Fui un nuevo dios sin turba que lo adorara»
Coinciden los testigos presenciales al afirmar que ésas fueron las últimas palabras de K.
Arrogantes y, por descontado, con el adecuado tono de patetismo de alguien que cumplió una centuria a la espera de franquear las puertas del castillo.

Nocturno sin desasosiego

...por ejemplo esta noche.
Mientras las gatas saltaban la una sobre la otra en un combate fraterno y sin aparente final, yo no quería regresar de un sueño —debería ser certero y subrayar el carácter de diorama de sueños, eslabonado uno con otro, compuestos por personas que han cruzado palabras, cuerpos y anécdotas, figuras y comparsas moviéndose grácilmente por cada escenario— en el que se me advertía de las consecuencias por abandono.

Sin embargo, el cuerpo es ciego y torpe en las ocasiones más necesarias; me levanté de la cama para ir detrás del elástico cuerpo de una de las gatas, cuyo pelaje blanco me señaló que no era ella sino uno de los gatos que convivió conmigo, muchos años ha —el tal Lucas, así su nombre— y me invadió la sensación no solo de que estaba soñando que quería abandonar el panorama de sueños sino que también había pasado del 2020 al 2015, así, como cuando uno sale de una habitación y pasa, por poner, a la sala, y de ahí a la cocina y enciende la boquilla para prender una colilla y regresa, como si nada, a la sala con el flequillo quemado —pero no tengo flequillo y mi cuerpo ahora es esbelto y sé que mi hombre duerme en la cama que acabo de abandonar, ese hombre que no quiero de nada, que llegó de casualidad y también por mi arte, pero que no quiero, y se lo diré apenas regrese— pensando que vivir transitando entre líneas de tiempo al interior de un multiverso, cuyo funcionamiento solo es accesible a través de intrincadas conexiones neuronales, es agobiante.

Así que me tiendo y vuelvo al diorama, pero éste ha cambiado de escenario a un cielo azul con aviones vueltos de panza haciendo la misma danza fraterna de las gatas, sin víctimas fatales, muy bien coreografiado. Y te lo diré en la mañana, cuando me percibas meditabundo, dando vueltas a una taza de café frío. Me dirás «hombre, antes que nada eres un tipo realista» y luego, cómo si nada, cruzarás la puerta de la ducha y no volverás, mientras, de fondo, suena el 34 Ghosts IV de Nine Inch Nails. Y yo querré tener un caballo para cruzar raudo la pradera.

A los que vendrán

Una vez, en Cartagena de Indias, vi a alguien sin sombra. Bajo la canícula, intenté seguirlo pero lo perdí. Después, los ejecutores asediaron la ciudad y no dejaron piedra sobre piedra.
Quedan advertidos.

La cosa latina

Luego del éxito alcanzado por «El Irlandés», Martin Scorsese confirmó la realización de una película sobre el surgimiento de la salsa y la consolidación del cartel de la heroína en Nueva York.

Ambientada entre 1952 y 1970, «The Bronx Connection» reflejará las tensiones entre un grupo de artistas y criminales nuyoricans por conquistar el mercado de las anfetamina dominado por blancos italoamericanos —entre cuyos negocios se encuentran big bands de jazz y crooners a sueldo— que desencadenará una cruenta guerra en las calles de la ciudad.

Los nuyoricans, liderados por Robbie Draco Rosa, Linn Manuel Miranda y Ruben Blades, construirán un imperio, conectado al naciente ritmo de la salsa, que conocerá su auge en Nueva York y desde ahí se exportará a Puerto Rico y Colombia durante la década de 1970, no sin antes pagar un alto costo en vidas humanas.

«Los ritmos afrocubanos fueron permeados por la asimilación de estas sustancias en la juventud de la época que no sintonizaba con el Flower Power californiano»—Afirmó el director—«De la misma manera en que la marihuana influyó en los primeros momentos del Jazz o la metanfetamina en Elvis y The Beatles. Negar la influencia de la heroína, y luego la cocaína, en la construcción de vínculos culturales entre los pueblos es como tapar el sol con un solo dedo».

El estreno de «The Bronx Connection» está programado para septiembre de 2021.

Pero yo no me escondo del diablo porque soy buena gente

Se lo escuchó de su propia boca el escritor Umberto Valverde, quien emocionado lo transcribió de inmediato en una servilleta manchada de Aguardiente Blanco del Valle y esa noche del 1 de enero de 1969 le pidió a Darío Agudelo que la guardara para escribir más adelante una crónica que sería publicada en la primera página de El País pero éste la dejó caer cuando bailaba con la tía Ana que la recogió del suelo y se la quiso devolver al profesor que no la quiso recibir porque eran tonteras del bazuco que estaban metiendo ambos, el escritor y el pianista, por lo que ella decidió guardarla, no sea que luego la reclamara y ella no la tuviera por haberla botado en la calle, no sin antes haber leído lo que estaba escrito y prometerse a sí misma contar la verdad cuando llegara el momento, que fue hace un año en un día de acción de gracias anodino en el que ambos limpiábamos los pisos del Wal-Mart de Germantown, en Virginia, lo que me hizo ahorrar unos dólares y regresar a la casa de la abuela, en Cali, y buscar entre los papeles esa servilleta ajada, conservada entre dos láminas de contact, para transcribir sus palabras sin faltar a la verdad ni acudir a la ficción.

«Señor Bobbie Cruz, vos sos Aleister Crowley?»

La confesión del paria

Renunciando a la fama de la que gozan las figuras tutelares de la industria, a las que él convence de un reboot o una franquicia multimillonaria, J.J. Abrams deslizó que su aporte al cine era demoler el legado de esos artesanos que, de dientes para adentro, le despreciaban; «Nunca pretendí concluir la historia de una familia inexistente», se escucha en la grabación de un encuentro que sostuvo con ejecutivos de Disney en la que se presume estaba George Lucas.

La señora Neele

Era viernes, bajo el signo de Sagitario, cuando fue hallado un auto en la cuneta de Newlands Corner. En su interior había un vestido de matrimonio y una licencia de conducir; las señas indicaban que pertenecía a la escritora Agatha Christie, famosa por sus novelas de misterio. Después de una búsqueda exhaustiva por toda Inglaterra, la abducida apareció en una clínica de reposo registrada bajo el nombre de Tressa Neele. Desde ese día hasta hoy, sus lectores admiramos su vasta obra firmada bajo la rúbrica de la señora Christie. Sabemos, y callamos, del complot orquestado entre su exesposo Archie y prominentes miembros de la sociedad del Alba Dorada para apropiarse del corpus y los royalties de esa incómoda mujer que narraba, en clave de misterio, las orgías y asesinatos de los conjurados.

Asunto:

«Loable tu esfuerzo de emprender una carrera asaz desdichada como la de escritor; empeño, según tus palabras, "consciente y primerizo", cuyo esfuerzo has mantenido desde temprana edad. De este tipo de actitudes no tengo mucho qué decir dado que admiro la persistencia pese a no estar del lado de ella. Sin embargo, sí considero de vital importancia subrayar el abuso de las oraciones coordinadas como una de las limitantes de tu fluidez; una barrera que has levantado en tus escritos e impide el paso a tus lectores, cuya función tiendo a relacionar con tu persistencia. Te digo, no estoy dispuesta a realizar análisis pseudo–cognitivos de tu labor, lo que no me impide observar constantes que no sé determinar si estilísticas o conductuales. De cualquier manera, no me gustan. Distraen, alejan, son monótonas. Impiden el cauce. Cito unas palabras de "Karl Ove Knausgård en una selfi de 1982", de Jonás Vergara: "Sabedor del futuro destino de su imagen, el escritor decidió no romper ese papel granulado que la contenía. Era tan ambigua esa pose que Karl Ove dedujo futuros reedituables si mantenía el gesto los años que tardase en alcanzar la fama". Observa cómo Vergara construye el bulo: sin alargar la oración, utilizando la expresión en un sentido sugerente, apelando al lector para que complete el significado ahorrándole esfuerzos gramaticales y semánticos; su maestría es suscinta, elegante. No tomaré tus textos porque sabes a cuáles me refiero. Si persigues la ilusión, toma nota. Evade las preocupaciones aristotélicas, el fraseo sonoro, rimado, de tus textos: no alargues frases ni persigas finales; no oscurezcas donde hay luz; escúchate, lee mejor y descansa más. Tal vez los próximos mejoren y te hagan sentir más cómodo con tu estilo, sin olvidar a la persona que luego leerá.
Hasta entonces, te quiero».

Las pertenencias

Manchado en sangre fue encontrado un ejemplar de La Biblia Gnóstica del escritor Samael Aun Weor entre los restos mortales de Guillermo León Sánchez Vargas, mejor conocido por su alias de Alfonso Cano, jefe guerrillero de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). Para los forenses nacionales, la revelación careció de la sorpresa que sí impactó a los black ops de la CIA, presentes en el lugar de los acontecimientos, quienes lo confiscaron de inmediato ante la evidente torpeza de los especialistas criollos. Rayado a lápiz, con cientos de observaciones a pie de página -muchas de ellas aún ilegibles-, el ejemplar sigue siendo pieza clave de una investigación en curso, aún sin desclasificar, que la agencia sostiene desde 1947, año de su fundación.

El destino del patrón

Antes de caer abatido, Pablo Escobar insistió ante su biógrafo que él no era responsable de los magnicidios que le atribuía el estado colombiano. Al menos, no el de Galán, detonante de una persecución encarnizada cuya culminación aguardaba por él en la terraza de esa casa de interés social, su refugio por dos meses. Todo era un complot, decía, del que él había sido instrumento, «Es que usted no sabe quiénes están detrás de todo esto», fueron sus últimas palabras antes de intentar el escape que concluyó su vida, minutos después, a manos de mercenarios entrenados por el gobierno israelí.

30 de enero de 2069

Por voluntad expresa de las partes (Paul, Yoko, Ringo, Dhani y la familia Preston) cada centenario del mítico concierto de la azotea será recreado hasta el final de los tiempos.
No se escatimarán recursos o escenarios —esto en la contingencia de una extinción masiva o la desaparición del planeta—; la única condición, impuesta por Paul, es que cada reunión será concreta: no hologramas, no virtualidad, los cuatro fantásticos más Billy Preston, en versiones cyborg programadas para durar 60 minutos, interpretarán el repertorio de ese histórico jueves.
Ante el anuncio, la industria biotecnológica ha observado una apreciación inédita en el valor de sus futuros, pese a la veda de 20 años para trabajar en el material genético de los sobrevivientes.

Liu Cixin, culpable

Requerido por el Partido Único, Liu Cixin (刘慈欣) anticipó su sentencia antes de ser proferida: dejaría de escribir por 15 años para asumir su reeducación con las cabezas más prominentes del partido; abandonaría toda comunicación con Occidente, incluso con sus compatriotas; su agente literario, traductores y colegas, al igual que su familia, no establecerían vínculos con él durante la sentencia; su esposa es hija, refractarias a leer sus novelas y cuentos, lo acompañarían al centro de rehabilitación y serían recluidas en celdas aisladas en cumplimiento de la pena. Esta vez, Occidente (es decir, su poderoso agente en Londres, con oficinas en Estados Unidos, y su sello editorial) no puso el grito en el cielo, como lo hizo con Salman Rushdie u otras figuras menores del establishment literario. ¿La razón? Aparte de las desgastantes tensiones que supone la defensa de las libertades, su correlato financiero no justificaba una labor de cabildeo y parasitarismo social. Además estaba claro que Liu reveló en su trilogía importantes detalles de la estrategia geopolítica de su país. Tanto su agente como su editor habrían advertido al escritor de su torpeza, pero éste, deslumbrado por el impacto mediático de Julian Assange, Edward Snowden y Chelsea Manning, había asumido que su aporte al zeitgeist sería determinante para un cambio global. «Una nueva revolución», le gritó a su mujer, embriagado en la redacción de las líneas finales de El Bosque Oscuro, segundo volumen de su superventas. Sin embargo, el impacto en caja no tradujo en acciones reales, lo que frustró a Liu, quien había medido su revelación en términos de ilustración y distribución viral de sus ideas. Cuando fue sometido a reeducación, en los archivos confiscados por el Partido Único se encontraron borradores panfletarios a favor del terraplanismo y la industria pornográfica nacional.

Risas enlatadas

«Entre lobos no hay lealtades» era la frase preferida de A, tiburón de los negocios, capitán de la industria, prohombre, defensor de la moral, ciudadano emérito, desaparecido sin dejar rastro quince años atrás. En su empeño por encontrarlo sucumbieron las fuerzas militares extranjeras, las más brillantes mentes detectivescas, la tecnología de punta y el azar. Incluso su familia, que por años sostuvo la versión de un secuestro a manos de ilegales, no quiso aceptar la fuerza de los hechos hasta último momento, pese a que las evidencias eran crudas, palmarias, irrevocables. Por lo que, ante el féretro de roble, vacío en su interior, congregadas las fuerzas vivas de esta vieja y sucia ciudad, el llanto por su ausencia fue épico, absoluto, trágico. Lo lloró su esposa, casada con él por 50 años, piadosa y magnánima, que había organizado el complot en líneas generales, fastidiada por la prole que golpeaba a su puerta demandando sus derechos; lo elogió su segundo, probo y apocado, hastiado de una carrera de abusos y bajezas, que dispuso una bodega vacía para la ceremonia final; lo ponderó su secretaria, eficaz y terca, juguete roto de afectos y vacilaciones que nunca pudo darle el hijo que buscaba en ella, al organizar la agenda que seguiría estrictamente su bastardo, el ejecutor, sin alcurnia ni apellido, pero que estaba ahí, ante el féretro, ofreciendo unas palabras respetuosas ante el padre ausente mientras el primogénito, inútil, callaba, en su distancia monaguesca, las incontables veces que había recurrido a su ayuda, siempre negada, para salvar esas deudas de juego y vicio que el prohombre no compartía pero que, secretamente, envidiaba, él, un coloso, ajeno a las bajezas de esas mujeres y hombres sobre los que había construido un emporio, defendido la moralidad, restringido libertades y limpiado el camino de competidores, menos épicos que él, que ahora musitaban en voz grave el evangelio de la misma manera como en aquella tarde aplaudieron a rabiar el impecable proceder de los matarifes. En la segunda fila, los políticos, incluido el presidente -quien dejó su discurso para el final- guardaban silencio al recordar que habían visto pasar el mismo carro dos veces en quince años (la primera vez cuando el prohombre ignoraba que iba a enfrentar su destino, la segunda cuando ese mismo vehículo tomaba el camino de vuelta, con el féretro vacío, hacia la catedral); detrás de ellos los banqueros, que franquearon infinitas cantidades de dinero para que los coronoles, ascendidos de capitanes en la época en que A desapareció, realizaran un operativo limpio e impecable que figuraría, algún día, entre las magnas obras que consolidaban la república, misma que ahora, congregada como una fuerza viva alrededor de un cajón, el Presidente ensalzaba en un grandilocuente elogio, destinado a perdurar por las vetustas rotativas que construyeron el mito del prohombre ante las masas hambrientas, sin destino ni esperanza, agolpadas en la calle a la espera de dar un golpe a esa jauría protegida por soldados rasos que juraron fe en una causa que ni ellos mismos se atreven a creer. Dada la importancia del momento, el presidente se permitió la anécdota de referir la última llamada que él, cuando fue alcalde, recibió del prohombre a las 3.59 de la tarde en que no regresó...llamada que dejó en altavoz mientras encendía un cigarrillo a la memoria de ese viejo hijodeputa atrabiliario que había puesto la plata para elegirlo pero que, en contadas horas, dejaría de ser un obstáculo para todos. Recuerda el máximo dirigente que A le reprendió con «cariño y franqueza» por el aumento de la vagancia en las calles, ordenándole limpiarlas de inmediato -como si fuera él el que mandara, y no yo, grandísimo malparido-. Tal era su talante cívico, «inquebrantable» en palabras del presidente -que ordenó burocráticamente el silencio de aquello que necesitaba pasar sin ser visto, callar sin ser hablado, romper sin ser notado- que hoy, en este magno y triste evento, nos congrega alrededor de valores que no debemos descuidar, pese a que el tiempo, implacable, nos aguarda al final. Dios y patria, señoras y señores. Así concluye esta farsa con un aplauso ostentoso y liberador de los asistentes, protegidos por dinero, sangre e intereses. El muerto al hoyo, el vivo al baile.

Vibras - feat. Thom Yorke

Las posibilidades de una colaboración entre la faceta dj de Thom Yorke y el reggaetonero J. Balvin surgieron después de que éste posteara una foto juntos a la salida de una de las presentaciones de Yorke, en abril del año en curso. Balvin, cuya lucha contra la depresión crónica había sido capitalizada por su equipo de PR, afirmó que el encuentro con Yorke fue «espontáneo» y «positivamente transformador», lo que significó un giro drástico para su carrera, que sería muy bien aprovechado por su mánager y estrategas. Por los lados de Yorke, absorto en la promoción de Tomorrow Modern Boxes -un conceptual IDM que no cuajaba en ventas e impacto cultural- al parecer fue un episodio anecdótico, de escasa relevancia, dada la forma en que sus PR manejaban la sofisticada, en ocasiones hermética, imagen del artista: en ese momento, crítica y medios generalistas ponderaban la alta estima que éste tenía de la naciente obra de Billie Eillish, por lo que un devaneo after con un cantante urbano, ajeno a la órbita creativa del líder de Radiohead, no superaba dos o tres segundos de exposición en TMZ. Sin embargo, los meses siguientes vieron el florecimiento de un Balvin cercano, espiritual y musicalmente, a Yorke. Algunos de sus singles más ponderados de esa época cuentan con loops y sampleos de The King of Limbs, The Eraser y Amnesiac. El colombiano, quien lanzaba producto cada semana, entró en una onda introspectiva, autorreflexiva y críticamente meta, muy bien recibida por Pitchfork; en una de sus reseñas subrayaron los vasos comunicantes entre la propuesta urbana y la pintura gélida de Bloom, Morning Mr. Magpie, The Pyramid Song, envueltos en la cadencia, tan cercana al género urbano, de Lotus Flower. La apropiación cultural, un término tan caro a los sociólogos y antropólogos del tercer mundo, apareció en boca de comentaristas musicales de Estados Unidos e Inglaterra, sorprendidos por la evolución estética y temática del colombiano. El norte se tomaba al sur y el reggaeton, un género feminista, bailable y rompe pistas, comenzó a moverse en ese sentido luego de la aprobación mainstream anglosajona. Al principio con rechazo, lo que traía buenos recuerdos a los más avezados, que comparaban la deriva de Balvin con la «traición» de Bob Dylan al folk: Maluma, su epígono fashionista, quedó relegado al olvido cuando intentó copiar a Blur; Bad Bunny postergó su álbum colaborativo dada las reiteradas ausencias del artista, tanto en el estudio como en los grupos de WhatsApp compartidos; los puertorriqueños no estaban entusiasmados en procesar una asimilación más y Rosalía, preocupada porque su carrera estaba estancada en España, decidió hacer un Almodóvar y firmó un contrato con Amancio Ortega para una línea de chonis transgénero que serían la inspiración de su siguiente álbum, un flop absoluto del que aún no se recupera. Mientras Balvin se adentraba en la sonoridad temática y estilística de Yorke, éste aparecía más colorido y expresivo en su outfit y sonido. Percibido como curiosidad, los comentaristas dejaron pasar las primeras fases de un Yorke exultante y performativo, más cercano a Flying Lotus y Thundercat, que a Four Tet o Burial; pero no pudieron seguir haciendo la vista gorda cuando Thom, en un deje kardashiano, abrazó la rudeza básica del género urbano en demos de lo que sería una colabo entre Balvin y él, filtrados al parecer por Nigel Goodrich, muy preocupado por el devenir de quien fuera protegido y amigo. El tema dio de hablar el resto del año mientras Balvin, ahora mejor amigo de Michael Stipe, se mostraba abierto a seguir la línea de referencia sexual que Sam Smith promulgaba en sus conciertos. La crítica mantuvo las alabanzas al colombiano al tiempo que cobraba, implacable, los devaneos al inglés que, por lo visto, se remontaban a las épocas de Ok Computer. Algunos asociaban ese resentimiento a la pérdida de la aureola de alguien pretendidamente impoluto. Como si de cualquier Chris Martin se tratara, Pitchfork ocultó de su web las críticas favorables a Radiohead y a la obra solista de York. Hasta The Sun se involucró al publicar una foto de Ed O´Brien, Phil Selway y los hermanos Greenwood, Johnny y Colin, haciendo a Thom de lado en el estudio de grabación. Para año nuevo, la colaboración sugerida no había cristalizado, mucho menos la BSO de Yorke encomendada por Netflix. A su manera, los PR de ambos desmintieron cualquier rumor que vinculara a los artistas; Balvin, en tono comedido, ponderado y distante, definió a Yorke como su «gran influencia» mientras la gente de Thom borraba de Internet cualquier vínculo relacionándolo con el colombiano, tratamiento parecido al lanzamiento del último álbum de Radiohead, ése, el de 2016.

Sin embargo, en la web profunda se encuentra una edición curada y remixada de Vibras hecha por Thom, cuyo precio en bitcoins está al alza. Será canónica, por supuesto, como Yhandi, de Kanye, liberada por su suegra, Caitlyn, en venganza por las bromas del gran amigo del artista, el comediante Dave Chapelle.