Ficciones del futuro que no veremos

Durante la gran reclusión concebí la idea de una biografía con distintas líneas temporales para un hombre llamado Lautaro, cuya conciencia sobre la elasticidad del tiempo le permite realizar una serie de actos infames.

No es un asesino, tampoco un ladrón, aunque sus actos en los cauces temporales desencadenan consecuencias atroces. Sin embargo, su obrar, extremadamente cauto en los detalles, le exime de la autoría intelectual de eventos dramáticos como genocidios, accidentes de aviación o suicidios colectivos inducidos por líderes trastornados. el protagonista actúa con sigilo, como si no buscara intervenir en las historias, pero con la intencionalidad de alguien conciente de su poder.

Aunque Lautaro es conciente de su habilidad para "surfear" entre las corrientes del tiempo, debe evitar las paradojas relacionadas con este tipo de viajes. ¿Cómo lo sabe? En uno de los episodios encuentra a un prófugo que le advierte de una agrupación de crono-cazadores cuya misión es ajustar las cronologías de los desordenes causados por surfistas como Lautaro.

La última parte es la persecución, por un breve lapso de 400 años, a Lautaro; su cazador es una figura oscura a quien la misión le ha sido asignada por la orden minutos después de que el protagonista descubriera el mecanismo temporal, en un difuso 1992. La resolución, esbozada en 10 páginas, da cuenta al detalle de quién es y qué motiva al cazador a dar fin a Lautaro. Sin embargo, no será éste quien reduzca al surfista. Acudiré a un recurso Deus Et Machina, extraído de la obra de H.G. Wells, para subrayar el drama que supone para Lautaro constatar que, por mucho que avance o retroceda en el río del tiempo, la muerte habrá llegado y tendrá su sombra.


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