Confesión de un ser despreciable

Aunque usted no lo crea, aquí donde me ve acabo de cometer un asesinato.

No se moleste, no hay truco. Por supuesto, si quiere delatarme, está en todo su derecho. Pero, ¿valdrá la pena? ¿Qué ganará usted con eso? ¿Qué otras pruebas tiene? Por supuesto, haré lo necesario para impedirlo. Además, como usted bien sabe, seré capturado por la policía y puesto en libertad en menos de 72 horas. Así son las cosas en el país, más aún si no tengo ningún registro en los órganos de seguridad. Bien pueda, compruébelo. Tome mi celular desbloqueado. Pero antes, abra la galería de fotos. ¿Cómo le parece? Parece un ahorcamiento común y corriente. Ese es mi don, lograr que un asesinato sea tan bien realizado que los sabuesos piensen que es un suicidio. Me gusta su mirada, no denota perplejidad. El mal del siglo. En los ochenta, la situación era distinta. No había celulares, comencemos por ahí. Tomar una foto era arriesgado si la luz no favorecía. El revelado era lo de menos, muchos íbamos a laboratorios particulares con nuestros rollos. Sin preguntas indiscretas. ¿Nunca leyó El Espacio? Aparenta ser más joven, pero lo esencial está a la vista. Lo mismo con las muertes, redactadas por cargaladrillos como suicidios o asesinatos pasionales...Además la autoridad es perezosa o fácilmente extorsionable. Eso lo sabemos todos. Mire esta otra, digna de Instagram. ¿De cuándo fue? Ayer hace una semana. Hay meses en los que me esfuerzo por superar mi récord. Ahora publicar en Internet no es igual que antes. Entre el 90 y principios de siglo estaban los foros en los que con facilidad compartías material y obtenías datos en retribución. Hice una o dos expediciones a Canadá para matar a algunas personas. Antes que el FBI o la Interpol comenzaran a filtrar, Internet fue lo más cercano al Salvaje Oeste. En nuestro país, el messenger tuvo su momento de gloria. No todo fue cibersexo para algunos. Pero ahora somos fácilmente ubicables. No se preocupe, aunque soy viejo aprendí a encriptar hace unos cuantos años. Esta me encantó, aparenta haber roto el borde del inodoro en la caída. En ésta aprecie como la porcelana está manchada por la sangre. A veces participo en sesiones swinger. Todo son negocios. Estas dos parejas no han sido encontradas. No le tengo mucha confianza para revelarle la ubicación. Aunque siendo de la ciudad usted debe recordar dónde concluían los amores fatales. Bien pueda investigue. Después de años me ha gustado denominar a mis actos como asesinatos de baja intensidad. No hay cruzada o motivo filosófico alguno. Tampoco morbo. Es lo más cercano a un ejercicio físico e intelectual. Después de años de práctica alcanza el rango de virtud. No se preocupe, usted no me interesa. Tampoco crea que hay fatiga de mi parte. Tan solo estudio y elijo a mis víctimas. Estoy departiendo con usted...accidentalmente. Salí de ese apartamento con ganas de tomar una taza caliente de café. ¿Las cámaras? Ah, no se preocupe: el secreto está en la coreografía. Después de tantos años aprendes a no temer más allá de lo necesario. Pero, ¿sabe qué es lo mejor de esta situación? No es el hecho de ser perseguido o capturado, sino el de ser un homicida que finge ser un buen ciudadano: voto, pago mis impuestos, tengo mis rentas y asisto a la iglesia en Semana Santa. Incluso me doy tiempo de intimar con usted mientras baja la lluvia.

Todo un buen compatriota.


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