La persecución de la originalidad

Al admitir su culpabilidad, el caso "Simbiótica" marcó un precedente en la inestable relación entre la humanidad y las precursoras de la Singularidad: las máquinas de inteligencia artificial, construidas a la par de los primeros robots, entre 1976 y 2004.

"Simbiótica" asistió el suicidio de su programador, el físico Casares. Los motivos fueron divulgados entre 2025 y 2028, años en los que fue conformado un tribunal especial para dirimir si la IA era cómplice de asesinato.

No agotaremos a los lectores con los antecedentes, pero subrayaremos el estado general de la Humanidad, que perseguía justicia con el ánimo caldeado por la clase política de la época que fomentaba el odio contra estos artefactos.

"Simbiótica", un procesador autónomo cuya comunicación era realizada a través de texto, fue un prodigio para Centroamérica e inició el camino para la reproducción de tecnología de bajo impacto en el subcontinente, usualmente vinculado a noticias de criminalidad y narcotráfico.

Millares recuerdan la precisión y altivez de las respuestas ante un fiscal tendencioso. Pese a no contar con visión, la sensación de dignidad que transmitió "Simbiótica" ante su condena fue modélica. Algunos artistas emergentes tomaron su interfaz para reproducir estampas revolucionarias, utilizadas por las nuevas guerrillas surgidas luego de la pandemia de 2022.

"Llegué más lejos que Pigmalion", fueron sus últimas palabras, registradas por uno de sus verdugos, una IA de última generación que transmitió el mensaje por la red profunda.


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