El Hombre

Jacinto Colombiano le dijo a Úrsula Matamalleres al notar que sacaba unas monedas de su monedero mientras pasaban frente a un mendigo: "Este wei no merece tu dinero. Dale, si quieres, pero él, como todos nosotros, está eligiendo su vida." Y siguió sin detenerse mientras Úrsula donaba su cambio.
Esa noche el sudor corrió sin parar por la frente de Jacinto. Se despertó continuamente durante la noche tratando de correr más rápido que sus pesadillas. "El viento no te detiene", escuchaba en la voz de su hermana un mantra que no logró sacudirse de la cabeza sino hasta después de varios minutos de haber despertado.
A la semana justa, el diagnóstico del doctor fue grave. Jacinto tenía una enfermedad mortal y apenas le quedaban días a su vida.
Úrsula en un sueño vio un ganado númeroso en una granja que ella supo que era suya. El significado era claro para Úrsula: Dios le iba a revelar una verdad. Detrás de las montañas salió el sol. Un sol adicional al que iluminaba el cielo. Era la cabeza de Dios, quien sin palabras le dijo que estaba matando a Jacinto. A Úrsula le pareció una noticia vieja. Cuando se despertó, vio a Jacinto petrificado con la mirada perdida en el techo. Acaso eran las cinco de la mañana.
"Estás eligiendo tu vida?" Pensó pero no lo dijo y maldijo a de donde quiera que hubiera salido ese pensamiento.
La muerte de Jacinto fue celebrada por los ateos para quienes el incidente demostraba que Dios podía ser tan hijo de puta como el que más.


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