Borges.C64

Intrigado por las posibilidades que la computación ofrecía a su obra, Jorge Luis Borges, en su último viaje a Estados Unidos, se hizo comprar una computadora. Con el objetivo futuro de escribir un hipertexto, el autor habría recibido la ayuda de un ingeniero neoyorkino en el esbozo de unas líneas de código.
A pesar de la buena voluntad del ingeniero y el entusiasmo del autor, los constantes viajes de éste impidieron la realización del proyecto. Sin embargo, del encuentro de ambos quedó un disco magnético, etiquetado como Borges.C64, catalogado en el archivo del escritor y percibido por los académicos como una curiosidad de museo antes que como un aporte significativo para el canon de su obra.

En un acto exclusivo para conmemorar el centenario de su muerte, la reliquia fue abierta en una unidad de época. Su contenido ha causado asombro entre observadores y especialistas. Según ha sido descrito, el archivo es el boceto de la visión que Borges tenía del infierno: un panóptico de arquitectura intangible que iteraría los 33 cantos de la obra dantesca, narrados por el mismo y ambientados con una banda sonora mínima: el sonido de cubos de hielo golpeando contra un cristal, ad nauseam.


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