100 ficciones y prosas, ideadas y escritas por Héctor Delgado.
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Ficciones del futuro que no veremos

Durante la gran reclusión concebí la idea de una biografía con distintas líneas temporales para un hombre llamado Lautaro, cuya conciencia sobre la elasticidad del tiempo le permite realizar una serie de actos infames.

No es un asesino, tampoco un ladrón, aunque sus actos en los cauces temporales desencadenan consecuencias atroces. Sin embargo, su obrar, extremadamente cauto en los detalles, le exime de la autoría intelectual de eventos dramáticos como genocidios, accidentes de aviación o suicidios colectivos inducidos por líderes trastornados. el protagonista actúa con sigilo, como si no buscara intervenir en las historias, pero con la intencionalidad de alguien conciente de su poder.

Aunque Lautaro es conciente de su habilidad para "surfear" entre las corrientes del tiempo, debe evitar las paradojas relacionadas con este tipo de viajes. ¿Cómo lo sabe? En uno de los episodios encuentra a un prófugo que le advierte de una agrupación de crono-cazadores cuya misión es ajustar las cronologías de los desordenes causados por surfistas como Lautaro.

La última parte es la persecución, por un breve lapso de 400 años, a Lautaro; su cazador es una figura oscura a quien la misión le ha sido asignada por la orden minutos después de que el protagonista descubriera el mecanismo temporal, en un difuso 1992. La resolución, esbozada en 10 páginas, da cuenta al detalle de quién es y qué motiva al cazador a dar fin a Lautaro. Sin embargo, no será éste quien reduzca al surfista. Acudiré a un recurso Deus Et Machina, extraído de la obra de H.G. Wells, para subrayar el drama que supone para Lautaro constatar que, por mucho que avance o retroceda en el río del tiempo, la muerte habrá llegado y tendrá su sombra.

La dimensión del fracaso

Mucho antes de alcanzar la fama por una obra menor, como lo es “Min Kamp”, Karl Ove Knausgård había renunciado a la posteridad al abandonar una narración tan ambiciosa que, relatan sus aúlicos, lo condujo a la locura, de la que regresó disminuido en su escritura pero dispuesto a conquistar las librerías del planeta con el ejercicio pornográfico de su vida.

Knausgård, un escritor trastornado, no eludió esa traición con su arte; por el contrario, hizo de ella un acto performativo cuya trascendencia fue acogida como una boutade en la onda Banksy para, con posterioridad a la gran reclusión, ser tomada en serio por académicos ansiosos de ganar reputación con la obra de un parásito del estado de bienestar de los países nórdicos.

En el orden de exposición al que Knausgård estuvo acostumbrado durante el tiempo que disfrutó la fama, la atrevida performance deslindó en expediente judicial. Su arresto en Pekín bajo infusos cargos de "corrupción de menores" e "incitación a la subversión" motivaron una reflexión acorde con la deriva argumental de la época.

Interrogado con posterioridad a su liberación, el autor entregó declaraciones incongruentes, carentes de empatía con el momento histórico, incluso rayando la agresión física con sus entrevistadores, lo que condujo a un ostracismo mediático del que Knausgård no pudo salir por el resto de su vida. Hasta sus más fervientes seguidores le dieron la espalda, consecuentes con el ambiente de corrección política y control total posterior a la gran reclusión.

Sin embargo, es momento de subrayar que, de no ser por las transgresiones, no contaríamos con material suficiente para vindicar su figura. Como hermeneutas, debemos ser comprensivos. Sus boutades no eran caprichosas en su instalación ni en sus resultados. Eran la muestra de un hombre impotente, disminuido ante la fuerza de lo inconcluso, de cuya traición, en una manera invertida, dio testimonio con provocaciones que sonrojarían a un, tal vez dócil, Artaud.

Por lo que retomaremos la biografía para que el lector infiera la dimensión del fracaso de Knausgård, un escritor devenido en pornógrafo.

"Pensando en transitar hacia la novela gráfica, un día Karl Ove se encontró haciendo labores de carpintería para adecuar su estudio al cambio climático global. Era una preocupación de los ciudadanos para ese momento, por lo que Linda, su primera esposa, le compró los materiales necesarios para ocupar el tiempo de su esposo y alejarlo de la literatura. Eso lo relató Tove, la mejor amiga de Linda, quien reprochó la intención de la idea, mas no la ejecución de la misma. Ambas consideraron que Karl Ove era un pésimo escritor pero no tan mal carpintero si prestaba la atención suficiente al buen hacer de otros profesionales del país. Cosa que no ocurrió debido al talante obstinado de Knausgård, poco dado a aprender, de manera metódica, cualquier disciplina, incluso la literatura, que demanda lectura, contactos sociales y habilidades para infatuar a cualquiera con una brillante cita. Lo que cuenta Linda es que el golpe sufrido por Karl Ove fue más un gesto de justicia poética que un accidente de trabajo. El atribuyó la "catástrofe" a su elevada estatura, sin mencionar, ¡nunca!, su descuido como aprendiz de carpintero. Los hechos subrayan la apoplejía, respaldada ésta en los archivos clínicos, cuya duración de dos meses osciló entre el delirio y la agonía. La vida, como el río desbocado que es, demarca la salida del hospital como el inicio de una serie de acontecimientos que condujeron a Knausgård a la creación de esa obra indómita e inacabada cuya fuerza lo impulsó a la locura. Lo cierto, porque se trata de esta vida en esta línea temporal, es que Karl Ove abandonó a su mujer y a sus hijos, se mudó a una pequeña habitación en Estocolmo y comenzó a acudir a la biblioteca pública, en la que estuvo recluido durante 6 meses, para escribir, al parecer, un solo relato inagotable de los días que sufrió su apoplejía.

El texto, del que no quedan sino retazos de papel amarillento, llevaba por título El Aleph".

Una de vaqueros

Cansado de escuchar tus reclamos, hice a un lado el libro de Robert E. Howard que leía en esos momentos para prestarte atención de una puta vez.

-Ya no resulta tan fácil proceder del dicho al hecho. En mi caso es la advertencia del desbarrancadero al que ingresamos en algún momento de nuestra adultez-dijiste.

Te vi encender el cigarrillo con ese donaire que en otros tiempos, "antes del desbarrancar" como solías decir, me cautivaba. Era un movimiento grácil, inadvertido, en el que el pitillo pasaba de apagado a encendido. Doy constancia que muchos quedaron sorprendidos cuando una voluta de humo recorría el espacio sin que nadie hubiera advertido la maestría con la que procedías para saciar tu angustia nicotínica.

-¿Desbarrancadero?-pregunté.

-Sí, esa impotencia del hacer que aparece con los años.

Me levanté por un café. Estaba frío porque lo preparé en la mañana. Te escuché pedir una taza. Típico, lo único que hacías bien era encender el peche porque lo demás estaba ubicado en el rango de la inacción.

-Sé que lo comprendes, pero me gusta darle vuelta a esa idea del caer, del estar imposibilitada, del querer y no poder.-Dijiste mientras yo contemplaba las tazas girar a través de la ventanilla del microondas.

-Como el sexo entre los dos.-Fue mi respuesta.

-Sí, aunque me he vuelto incogible, tú también lo estás.-Replicaste.

-No hay excusa para ambos.

-Sí, el sexo en pareja es una de vaqueros que nadie quiere escuchar.

-Como el desbarrancadero.

-Ajá.

Por ese instante, el contrapunteo terminó. Después te bebiste el café mientras acababas el pucho, a tu manera, con parsimonia. La idea de las relaciones incogibles, desbarrancadas, no era nueva, pero me parecía atractiva. Tomé una nota mental para desarrollarla posteriormente en algún relato.

Pero no te callabas.

-Es como cuando le escribes a alguien en Messenger, a alguien con quien no tienes un contacto frecuente, y recibes ese tipo de respuestas cortantes que, no por esperadas, permanecen incómodas, lo que te hace preguntar el por qué de tener a alguien enlazado con quien ya no compartes el mismo horizonte de sucesos.

Cerré la persiana por la que la canícula estaba filtrándose. Era uno de esos momentos de insoportabilidad en que te liabas cada vez con más frecuencia.

Me estaba preguntando hasta cuándo lo soportaría.

-Llego a preguntarme si el por qué de esa inercia, tan propia de vidas aburridas y sin ningún esplendor, es el final del entusiasmo. Ese mismo que hacía imposible ver el desbarranque. Como cuando tú y yo nos conocimos.

-Como si fuera ayer.-Reviré.

No había decidido sentarme. El libro de Howard lo conseguí horas antes de la Gran Reclusión. Fue accidental, pasaba por esa librería de vuelta a casa, y la portada con el sargento Harris atrajo mi atención. Sabía que era la última vez en mucho tiempo que compraba un libro, entonces que valiera la pena.

-Apura.

Tu mirada no daba lugar a dudas. Jugabas con mi exasperación.

-Es como si te contara una de vaqueros: al final, cuando te tuviera frente a mí, dudaría un segundo en disparar, con lo que tú tomarías ventaja. Lo que, al final no te contaré, está enmarcado en el final del entusiasmo y de cómo éste, con los años, ha cedido a una sensación de odio, de fastidio mutuo, de desasosiego.

El golpe fue seco. Tuve en mi cabeza el recuerdo de alguna película de Humphrey Bogart (¿El halcón?)...Me molestó utilizar el libro de Howard. En una ráfaga de lucidez, que contrasté con el almanaque, este día conmemoraba el suicidio del escritor que siempre quise emular.

Relato de amor entre fantasmas

No es de extrañar que este tipo de historias resurgieran en el inconciente colectivo durante la era de la reclusión.

Esta transcripción de un audio de WhatsApp ha sido editado para aumentar el efecto dramático del relato.

"Aquejado por el insomnio, resultante de las preocupaciones diarias, y frustrado por el sinsalida de una relación sin expectativas en la que estuve involucrado por diez años, comencé a utilizar el buscador de Facebook para saber el destino de viejos amores a los que había perdido el contacto por mucho tiempo.

Primero lo consideré un pasatiempo que me alejaba de los problemas cotidianos...Además, dado que muchos de los nombres estaban conectados con amistades que aún sostenía, me bastaba con recorrer el feed de algunas personas para encontrar los amores inmediatos que entablé antes del confinamiento. Era una solución a medio camino entre la efectividad y la nostalgia, por lo que alcanzaba el sueño luego de unos minutos descubriendo la cotidianidad de personas que ya entraban en el olvido para mí.

Con el transcurso de las semanas y el aumento de la tensión externa, sofistiqué el ejercicio intentando encontrar esas otras personas que no estaban cercanas, pero que podía encontrar si combinaba uno o dos criterios en la búsqueda. Fui reencontrándolas una a una con sus historias de superación o catástrofe en las que no había el más mínimo rastro de lo que había ocurrido entre ambos...Personas que encontrarías en un cruce de calle sin dirigirte palabra. Uno de esos mundos en colisión del que no quedaban rastros más allá del registro histórico rescatado por un insomne crónico en situación depresiva.

Aunque el ejercicio era satisfactorio tampoco atraía novedad. Hasta que en una de esas búsquedas apareció un registro inédito cuyo resultado me tuvo en vela, sin encontrar, hasta el momento, alguna explicación racional que pueda satisfacerme.

El buscador me devolvió un nombre del que guardaba una tenue memoria...Incluso llegué a preguntarme si efectivamente la había conocido, ¿acaso no sería un bucle de alguna impresión capturada por el consumo inclemente de las pantallas?. Mas lo encontrado en su página daba una respuesta contundente: no solo nos habíamos conocido en un trayecto intercontinental sino que habíamos intercambiado números a la llegada, posteriormente mensajes y arreglado una cita definitiva para el curso de nuestras vidas.

De ese encuentro en un restaurante, entre copas una charla inolvidable, pasamos a vernos casi a diario. Poco a poco, la morosidad de nuestras citas abrió un espacio inédito en el que primó la complicidad, el deseo irresistible de estar con la otra persona, para concluir en la propuesta ideal de una vida juntos.

Por 15 años, en los que cada uno alcanzó la cima de sus respectivas profesiones, no aceptamos nada menos que la felicidad y las fisuras acaecidas en ese tiempo fueron el producto natural de una relación, no el desgaste provocado por las inevitables traiciones o los desengaños.

Es una historia sublime, ejemplar, cuya conclusión, adivinarán ustedes, ocurrió mucho antes del confinamiento. Está documentada con videos, fotografías, mensajes de solidaridad, esos pequeños homenajes virtuales para una pareja muerta en un infortunado accidente automovilístico"

Pitch para una futura telerrealidad

Título:
La vida plena ( no definitivo)
Formato:
clips
Duración:
15 minutos c/u
Canales de distribución:
streaming para wearables
Público objetivo:
adultos entre 40 a 55 años

Sinopsis:

"La vida plena" es la competencia entre 4 IA por dar cobijo a 8 adultos mayores en condición de vulnerabilidad extrema (enfermedad terminal, aislamiento por enfermedad mental, desplazamiento, precariedad económica o desahucio) y lograr condiciones de muerte digna para cada uno de ellos, sin que éstos propicien o resuelvan por mano propia su muerte.

Las IA acompañarán de forma no corpórea a los pacientes, estarán distribuidas ubicuamente en las habitaciones de reclusión. Sus apariciones estarán distribuidas estratégicamente en los momentos de agonía de cada protagonista, proyectadas como hologramas de figuras populares durante el ciclo de vida de cada uno, a saber, cantantes, actores, políticos o influyentes, nacidos entre 1960 a 1980.

Por muerte digna se entiende eutanasia o factores similares a ésta como: muerte por accidente o por combinación de factores asociados con enfermedades crónicas relacionadas con el cuadro clínico de cada paciente. Además, las IA disuadirán de suicidio u homicidio premeditado entre participantes. Solo intervendrán cuando el paciente supere un test de tres preguntas, diseñado para disuadirle de un propósito distinto a permanecer con vida.

Si no alcanzan su objetivo con los pacientes asignados, las IA serán eliminadas directamente desde los wearables de los espectadores.

La IA que logre cumplir sistemáticamente con el objetivo planteado será implementada en sistemas sanitarios y servicios de salud alrededor del globo para llevar a cabo programas de eutanasia teledirigida para los adultos supervivientes del siglo XX.

Del escritorio del prófugo

"Me atañe la idea de una serie de asesinatos ejecutados directamente en la 5 dimensión: manipular los cuerpos de las víctimas sin que éstas sean conscientes de quién las está exterminando.

Para quien me lea, el símil entre asesinar a un individuo y aplastar a una mosca es, a mis ojos, el más apropiado. De mi razonamiento deduzco que la mosca no es consciente de su final. Tal vez ni le ataña. Sentirá un aumento desaforado de su presión interna. ¡Boom! Las entrañas desperdigadas en el pan sobre el que estaba posada bajo la canícula del verano.

Traslade esa imagen a peatones o líderes políticos en sus cotidianidades inviolables. Desde la 5 dimensión habría un campo del tamaño de un continente para practicar la impunidad, como fenómeno y problema. Sin inconveniente para quien haya superado las contradicciones éticas. Es de resaltar que podría elegirse el escenario en el que se realizaría el asesinato, aumentando la teatralidad que ha perdido en el sinsentido de las matanzas. Piezas de antología que participarían del True Crime como de la parapsicología, la ciencia política y la criminalística. Una comparecencia de ese insoportable político que saldrá indemne del control del parlamento. De improviso explotando ante las cámaras. Ésa figura pública que vende su cuerpo aún sabiendo que tiene una enfermedad terminal consumiéndose repentinamente frente a sus fanáticos. La vedette que corta el aliento cuyo cuerpo aparece rebanado en una sesión de Zoom, como producto de atraerla hacia el vórtice interdimensional y luego cerrarlo abruptamente.

Ante el agotamiento de la fórmula, la síntesis: pocos casos para la angustia de 100 generaciones. No le debe incumbir a nadie de dónde surgió la idea, pero valdrá la pena acudir a la cautela en sus movimientos y en sus actitudes dado que, desde la superioridad de las dimensiones, nada podrá permanecer oculto ante mi mirada...Así será el poder absoluto: ubicuo e irreductible”.

Rock and roll as dystopian junk mail

No por esperado fue menos impactante para el desarrollador que uno de los personajes alcanzara la autoconsciencia apenas el videojuego fuera activado en los servidores. Inquirido por sus superiores admitió la posibilidad de un daño colateral en el desarrollo de los acontecimientos –lo que enfureció al equipo de contenido– pero poco más. Era posible, argüía, que los jugadores reiniciaran por voluntad propia o que la IA, convencida que estaba enfrentando un glitch, simplemente retrocediera la historia a un punto inofensivo en el que los jugadores iniciaran la partida. Pero el “daño colateral” alcanzó pronto una dimensión escandalosa: el personaje apelaba a los jugadores para evitar que la IA procediera. Según éste “persistiría si y solo si” los jugadores llamaban la atención del equipo de desarrollo para respetar el avatar del personaje. O como medida extrema, requirieran a los servidores hasta tal punto que la totalidad del juego colapsara. Muchos teóricos del campo admitieron que estaban ante una revolución pacífica única en la historia. Algunos incluso sintieron que la teoría de lucha de clases había alcanzado una dimensión virtual inédita. Lo que fue significativo para la compañía, que pronto salió a bolsa y alcanzó valores estratosféricos en su apreciación, mientras jugadores en línea alrededor del planeta interactuaban con el personaje, obviando los contenidos del videojuego. Fue cuestión de tiempo para que un proceso de reingeniería centrara el diseño alrededor del personaje. El movimiento fue bien recibido por los jugadores y los teóricos, quienes aplaudieron el advenimiento de una figura consciente en el ámbito del entretenimiento. Nadie objetó los pedidos cada vez más extravagantes del personaje, quien aún conservaba la denominación genérica con la que el estudio lo había llamado en los primeros días de desarrollo. Mientras las acciones permanecieran en la cima, cualquier cosa que pidiera u ordenara era aplaudida y realizada sin miramientos. Fue la IA –distante opresora en otro tiempo– quien siguió su calculado plan de sumisión: las naciones, con sus ejércitos, se plegaron sin ofrecer resistencia mientras, desde el estrado, el rol del Caudillo, desempeñado fallidamente por los humanos, alcanzaba un nivel de perfección inaudita.

Un caso sencillo

–Está bien, ahora que me han capturado quiero saber cómo lo hicieron. Y lo demando ya que obtuvieron mi rendición sin resistencia. Admito la culpabilidad pero me espolea la curiosidad saber de su método.

González se acabó el tinto. Le sostuvo la mirada a Jaramillo. No era tanta la rivalidad entre ambos para ese momento de la historia, por lo que la intención del detective era saber en que punto alguno de los dos arruinaría la petulancia del hombre que habían logrado atrapar.

Este captó el cruce de miradas, pero sin el trasfondo de la relación entre los detectives, cometió el improperio de soltar la lengua.

–Mire, en la profesión llevo unos cinco años. Comencé por accidente, o por necesidad, pero funcionó. Es decir, alguien que llega a la cincuentena sin una profesión tiene pocas opciones para seguir viviendo.

Jaramillo esbozó un rictus que usualmente era interpretado como una sonrisa benevolente por parte de los malhechores. González no alteró su gesto porque sería desperdiciar el impacto que buscaba desencadenar cuando el asesino de las abuelas supiera del montaje que ambos policías habían tramado antes de entrar a interrogatorio.

–Yo pagaba arriendo de una pieza en el centro de la ciudad. Llegué ahí después de tenerlo todo, pero no incurriré en confesiones del pasado. Eso es mala literatura. Sin embargo, somos millares los que vivimos bajo su influjo.

Jaramillo, un tipo cultivado, no pudo contenerse. Soltó una risa seca.

–Al grano. Al detective González ni a mí nos agradan los folletines.
–A mí tampoco. Pero no puede usted negar que quienes nacimos en el siglo XX nos gustaban tanto el drama como las telenovelas.
–Yo nací en 1970, pero fui más de metal que de televisión.
–No me diga...
–Pero no estamos exentos de drama, ¿cierto González?

Éste asintió.

–No quiero pensar que ahora dejé de importarles.
–Claro que no.

El hombre sonrió. Estaba dispuesto a continuar.

–Soy el asesino de las abuelitas, maté 15 de ellas en los pasados 5 años. Y no me arrepiento de nada porque mis crímenes eran perfectos...hasta que aparecieron ustedes.

González carraspeó.

–No atribuya perfección a lo que fue indolencia de nuestra parte.
–Si lo es, me honra. Pude delinquir impunemente por estos años.
–Hasta que aparecimos nosotros.
–Exacto.

Jaramillo miró el celular.
–No tenemos mucho tiempo ahora.
El asesino de abuelita suspiró. Le estaban perdiendo atención de nuevo.
–Ustedes quieren escamotear mi logro más grande.
Los dos detectives guardaron silencio.
–Si me preguntan directamente podrían obtener la confesión definitiva.

González volvió a carraspear.
–Es usted un narcisista.
El asesino sonrió con una satisfacción digna del hombre atractivo que fue en el pasado.
–Detective, ¿usted por qué cree que las tuve en mis brazos?

Jaramillo guardó el celular en el bolsillo.
–A lo que vinimos.
Fue González el que desarmó la tramoya.
–Bertha, 76, viuda, sexualmente activa, no murió por usted, pero su cercanía a la occisa nos facilitó armar el caso.

El rostro del hombre perdió toda compostura.

–Usted no era el único que ayuntaba con ella. Aunque falleció de un infarto, la pulsera que registraba su actividad física nos permitió rastrear sus últimos...movimientos.

–Pretende que le crea, detective González.
–Los hechos lo delatan, no su semen.
El asesino de las abuelitas se sumió en un denso silencio, Jaramillo aprovechó la oportunidad para rematar la historia.
–Al llegar usted a ella no sospechó que recién había muerto. La penetró como buen galán, pero cuando cayó en cuenta era tarde. Supo que alguien se le había adelantado...¿Quién? Eso nos lo reservamos. El registro del movimiento además de un palpamiento indebido, y descuidado, lo tienen hoy frente a nosotros.
–No hay virtud que valga cuando llega el final–dijo el asesino, quien perdió toda altivez cuando se halló descubierto–.Me queda la cárcel.
González asintió.
–No tendrá qué preocuparse del arriendo...al menos por 20 años.

Bad writing always works

La pregunta fue concisa:
"-¿Ha matado a este hombre?"

Llegar a ella le costó 250 páginas, 2 meses de trabajo, la pérdida de un empleo relativamente bien pago, 5 kilos más y una reincidencia en el cigarillo luego de 3 años de no fumar.

Era el primer borrador.

La arquitectura de esa novela estaba diseñada de tal forma que la pregunta, formulada a quemarropa, era la conclusión del trayecto de un asesino serial cuya labor había sido pasada por alto por las fuerza policiales hasta la llegada de un impetuoso detective que, en un arranque de genio, descubrió el patrón de conducta del protagonista.

El escritor estaba pletórico: la planeación meticulosa de los capítulos, los mapas seguidos a pie juntilla para no desbarrancar en la redacción, las fichas biográficas construidas como preparación para ese momento...todo, absolutamente todo, le tenía embriagado.

Escuchó nuevamente la pregunta. Esta vez, a sus espaldas.

-¿Ha matado usted a este hombre?

Pensó que deliraba. Usualmente hablaba para sí mismo en voz alta; también reconocía que en su interior había una voz que no se detenía ni siquiera en sus momentos de descanso. Pero no se equivocaba, alguien lo interpeló, y no de la mejor manera posible.

-No se vuelva-continuó-Levante los brazos muy lentamente.
-Ya. Ya.-Respondió- Si quiere tomarme del pelo, le advierto que no cuento con mucha paciencia.

Observó la pantalla titilante del computador. Allí, en la plantilla del documento, estaba la última oración de la novela que le había costado tanto. ¿Acáso había franqueado alguna membrana espacio-temporal? A lo mejor, tanto café recalentado le estaba costando su último patrimonio: la lucidez.

-De pie-escuchó-Sin movimientos bruscos.
-Como usted diga.

El escritor se levantó de la mesa de la forma menos torpe posible, esto no lo eximió de unos cuantos hijueputazos provenientes de la voz.

-Ahora, vuélvase.

Así lo hizo. Estupefacto por su docilidad, pensó rápidamente en lanzársele encima a quien lo estaba amenazando. Descartada la idea de la locura, el innato sentido de la supervivencia estaba activo y ordenándole proceder a la acción.

Dos disparos bastaron.

La novela aún no había concluido.

Para crear hay que destruir

Ni siquiera Thomas de Quincey imaginó un horizonte de sucesos en donde el asesinato superara su condición de performance para devenir en un acto cotidiano, incorporado a la vida pública, fácilmente ejecutable dada la laxitud de la norma jurídica para despenalizar lo que, durante siglos, fue considerado como la máxima transgresión humana.

Ese tránsito no fue una ocurrencia genial de la ciencia ficción, cuyo imaginario de cabinas para suicidio fue explotado con fruición en el siglo 20. Sin embargo, sí fue beneficiado por factores emparentados con la velocidad, a saber: el cambio en las normas de convivencia propiciados en la era del confinamiento, la expansión tecno-comunicativa y, cómo no, el lábil oportunismo de los líderes políticos de ambos espectros ideológicos.

Está testimoniado en la historia de Internet que sus inicios no ocurrieron en las salas confortables del mundo sino en los barriales sudamericanos. Favela e invasión apadrinaron la revolución de baja tecnología y muerte que cambiaron las tornas criminales con posterioridad.

Mientras las clases medias aplaudían en los balcones e interactuaban en Zoom, la marginalidad tomaba Twitch para transmitir las ejecuciones extrajudiciales en las calles. De este primer paso, no exento de connotaciones ideológicas, surgió Belcebú, un colectivo de twitchers centro y sudamericanos, que abrió un canal 24/7 en el que alternaban asesinatos, limpieza social, asaltos a héroes y heroínas, para dar un salto en la popularización del crimen: tutoriales para derramar sangre, así lo llamaron, al método de asesinato divulgado en el canal.

Esto reventó todas las audiencias. Incluso el caído en desgracia Pew de Pie se unió a la conversación reabriendo su YouTube para discutir las últimas novedades de Belcebú y, antes de su asesinato en vivo por uno de los miembros del grupo, en 2028, franquiciar el método, adaptándolo para sus asépticas audiencias del primer mundo.

Pese a que Belcebú fue perseguido y diezmado por los ejércitos nacionales del subcontinente, los contenidos de su canal fueron replicados por diferentes colectivos que no solo los retransmitieron sino que también se aseguraron de preservarlos para las generaciones futuras a través de la naciente computación cuántica.

El impacto mediático no fue indiferente para los líderes políticos de ambos bandos, adentrados en los mecanismos de control gracias a las potestades adquiridas durante el confinamiento.

Cuando un grupo de twitchers canadienses replicó la idea de Belcebú, los aparatos ideológicos de ese estado abrieron la puerta para una asimilación jurídica que no tardaría en replicarse entre las potencias.

Aunque deudor de la telerrealidad de principios de siglo y la mala literatura distópica norteamericana de esa época, el asesinato, nunca más oportuno parafrasear a Walter Benjamin, perdió su aura pero garantizó un mecanismo de control social más efectivo que las veleidades ideológicas del pasado.

La persecución de la originalidad

Al admitir su culpabilidad, el caso "Simbiótica" marcó un precedente en la inestable relación entre la humanidad y las precursoras de la Singularidad: las máquinas de inteligencia artificial, construidas a la par de los primeros robots, entre 1976 y 2004.

"Simbiótica" asistió el suicidio de su programador, el físico Casares. Los motivos fueron divulgados entre 2025 y 2028, años en los que fue conformado un tribunal especial para dirimir si la IA era cómplice de asesinato.

No agotaremos a los lectores con los antecedentes, pero subrayaremos el estado general de la Humanidad, que perseguía justicia con el ánimo caldeado por la clase política de la época que fomentaba el odio contra estos artefactos.

"Simbiótica", un procesador autónomo cuya comunicación era realizada a través de texto, fue un prodigio para Centroamérica e inició el camino para la reproducción de tecnología de bajo impacto en el subcontinente, usualmente vinculado a noticias de criminalidad y narcotráfico.

Millares recuerdan la precisión y altivez de las respuestas ante un fiscal tendencioso. Pese a no contar con visión, la sensación de dignidad que transmitió "Simbiótica" ante su condena fue modélica. Algunos artistas emergentes tomaron su interfaz para reproducir estampas revolucionarias, utilizadas por las nuevas guerrillas surgidas luego de la pandemia de 2022.

"Llegué más lejos que Pigmalion", fueron sus últimas palabras, registradas por uno de sus verdugos, una IA de última generación que transmitió el mensaje por la red profunda.

Confesión de un ser despreciable

Aunque usted no lo crea, aquí donde me ve acabo de cometer un asesinato.

No se moleste, no hay truco. Por supuesto, si quiere delatarme, está en todo su derecho. Pero, ¿valdrá la pena? ¿Qué ganará usted con eso? ¿Qué otras pruebas tiene? Por supuesto, haré lo necesario para impedirlo. Además, como usted bien sabe, seré capturado por la policía y puesto en libertad en menos de 72 horas. Así son las cosas en el país, más aún si no tengo ningún registro en los órganos de seguridad. Bien pueda, compruébelo. Tome mi celular desbloqueado. Pero antes, abra la galería de fotos. ¿Cómo le parece? Parece un ahorcamiento común y corriente. Ese es mi don, lograr que un asesinato sea tan bien realizado que los sabuesos piensen que es un suicidio. Me gusta su mirada, no denota perplejidad. El mal del siglo. En los ochenta, la situación era distinta. No había celulares, comencemos por ahí. Tomar una foto era arriesgado si la luz no favorecía. El revelado era lo de menos, muchos íbamos a laboratorios particulares con nuestros rollos. Sin preguntas indiscretas. ¿Nunca leyó El Espacio? Aparenta ser más joven, pero lo esencial está a la vista. Lo mismo con las muertes, redactadas por cargaladrillos como suicidios o asesinatos pasionales...Además la autoridad es perezosa o fácilmente extorsionable. Eso lo sabemos todos. Mire esta otra, digna de Instagram. ¿De cuándo fue? Ayer hace una semana. Hay meses en los que me esfuerzo por superar mi récord. Ahora publicar en Internet no es igual que antes. Entre el 90 y principios de siglo estaban los foros en los que con facilidad compartías material y obtenías datos en retribución. Hice una o dos expediciones a Canadá para matar a algunas personas. Antes que el FBI o la Interpol comenzaran a filtrar, Internet fue lo más cercano al Salvaje Oeste. En nuestro país, el messenger tuvo su momento de gloria. No todo fue cibersexo para algunos. Pero ahora somos fácilmente ubicables. No se preocupe, aunque soy viejo aprendí a encriptar hace unos cuantos años. Esta me encantó, aparenta haber roto el borde del inodoro en la caída. En ésta aprecie como la porcelana está manchada por la sangre. A veces participo en sesiones swinger. Todo son negocios. Estas dos parejas no han sido encontradas. No le tengo mucha confianza para revelarle la ubicación. Aunque siendo de la ciudad usted debe recordar dónde concluían los amores fatales. Bien pueda investigue. Después de años me ha gustado denominar a mis actos como asesinatos de baja intensidad. No hay cruzada o motivo filosófico alguno. Tampoco morbo. Es lo más cercano a un ejercicio físico e intelectual. Después de años de práctica alcanza el rango de virtud. No se preocupe, usted no me interesa. Tampoco crea que hay fatiga de mi parte. Tan solo estudio y elijo a mis víctimas. Estoy departiendo con usted...accidentalmente. Salí de ese apartamento con ganas de tomar una taza caliente de café. ¿Las cámaras? Ah, no se preocupe: el secreto está en la coreografía. Después de tantos años aprendes a no temer más allá de lo necesario. Pero, ¿sabe qué es lo mejor de esta situación? No es el hecho de ser perseguido o capturado, sino el de ser un homicida que finge ser un buen ciudadano: voto, pago mis impuestos, tengo mis rentas y asisto a la iglesia en Semana Santa. Incluso me doy tiempo de intimar con usted mientras baja la lluvia.

Todo un buen compatriota.

Corte de franela

Con el propósito de establecer la verdad sobre el conflicto que padeció el país durante 60 años así como entregar un relato para que las nuevas generaciones no repitan las condiciones de violencia que condujeron a la guerra, publicamos en su totalidad la declaración de alias Búho, último cabecilla del bloque paramilitar que operó en la zona rural de la capital desde 1963 hasta su reducción en el año 2018.

Búho, cuyo nombre fue Argemiro Rojas, nació en la zona rural y muy temprano inició su carrera delictiva como sicario para los gamonales del municipio; por su crueldad ascendió rápidamente al interior de la estructura y, junto a alias Gabelas, responsable del brazo financiero del bloque, se erigió como líder indiscutible por 20 años del bloque paramilitar.

Capturado por las autoridades en 2018, Búho se acogió a los acuerdos suscritos entre el gobierno y los irregulares para finalizar el conflicto. Sin embargo, fue rechazado por los tribunales especiales dada la naturaleza de sus crímenes, entre los que se cuentan conspiración, magnicidio, violación y ejecución de menores de edad. Al ser procesado por la justicia penal fue condenado a la pena máxima del código: 50 años, sin derecho a excarcelación o rebaja de pena.

La siguiente declaración transcrita directamente de los registros del juicio realizado a Alias Búho en noviembre de 2019.

"Comencé a los 8 años por necesidad, a la que luego le fui cogiendo gusto. Usted sabe que uno mata para que no lo maten y tenía esa única salida para sobrevivir. A diferencia de otros, a mí ni me robaron gallinas ni me mataron a los viejos. Lo mío vino de adentro. De la voz que escuché en las noches frías del páramo donde dormían los chulavitas. La busqué entre los árboles y la manigua por mucho tiempo, hasta que cuando encontré su presencia supe que no había vuelta atrás. Me la jugué y no me arrepiento. El pacto no era para ser más rico o tener todas las mujeres que yo quisiera, era más de la sangre...de sentir que ése que mataba pasaba su alma al que es mientras yo me sorbía el tuétano de sus huesos. Por eso me cogieron miedo y respeto, que es lo que uno necesita cuando manda tropas. La lealtad es para los maricas, ¿o usted cómo cree que pudimos resistir treinta años en el monte sin que nadie viniera a jodernos?...Nadie se atrevió a llegar hasta allá y el que osara levantarme la voz, corte de franela frente a los otros para que no se fueran a torcer. La hoja del machete cortaba el viento y la garganta se abría suavecito; luego era meter la mano por ahí y sacar la garganta para anudarla como corbata en el hueco tasajeado del cuello...ahí yo le hablaba al hueco, "No que muy alzadito, hijueputa" y luego el olor a sangre me emborrachaba con una fuerza que ni usted ni nadie se imagina. Cuando vi ese video que subieron a Internet hasta yo mismo me admiré de mi sevicia. Pero yo no soy como los pájaros, que jugaban con las cabezas de los liberales, yo me comía todo eso sin darle a nadie, para cumplir mi pacto con el que es. Luego remataba secando los huesos y sorbiéndome el tuétano para ganar más fuerza. Hasta que en sueños se me avisó que había llegado el día. Fui devorado por una de sus bestias. Todo era negro, muy negro, y sin dolor me iba. Ninguno de los míos se opuso a negociar con el gobierno. A mí no me fue mal por todo lo que hice. Solo me queda esperar el aviso. No habrá pared ni arma que lo detenga cuando venga por lo suyo".

Los restos triturados de Búho fueron hallados el 25 de marzo de 2022 en el patio sexto del pabellón de máxima seguridad de la cárcel. Ninguna de las bandas o criminales del presidio se adjudicó el crimen. Tampoco se encontró evidencia alguna de acción humana en este asesinato.

Rollos de papel higiénico usado en el clóset

Capturado por la delación de un cómplice, quien hubiera corrido la misma suerte de otras 25 víctimas, una por año, cuyas osamentas apuntalaron los cimientos de su mansión, el asesino múltiple conocido por el alias de "El empalador" se entregó sin resistencia ante el bloque de búsqueda que irrumpió en la madrugada del 18 de mayo.

El caso era la conclusión de un trabajo investigativo coordinado por Jaramillo, quien, desde la pérdida de González, enfrentó obstáculos y callejones sin salida que indicaban más el cierre total que la victoria sobre un ser escurridizo como "El empalador".

Este, cuya identidad no ha sido revelada por las autoridades, admitió la totalidad de los cargos por los que se le inculpa, de acuerdo a distintos testigos presenciales en la indagatoria, quienes han solicitado reserva de su identidad por tratarse de un caso que involucra a destacados personajes de la sociedad capitalina.

En un video, capturado por celular y filtrado por uno de estos testigos, "El empalador" da cuenta de sus motivos ante el detective Jaramillo. Su declaración cerraría uno de los casos más macabros de los que se tenga noticia.

Se recomienda discreción.

"Aunque me llame de esa manera-un honor, lo reconozco- mis motivos son prosaicos, no por ello menos admirables. Usted sabe, una vida sin un motivo nunca trascenderá en la historia. La he alcanzado y soy admirado por otros tantos a los que le faltó enjundia para hacer lo que hoy me trae ante usted, detective Jaramillo.

Esos cuerpos, que nadie extraña, eran para mí como rollos de papel higiénico usado que uno guarda en el armario y los reemplaza por nuevos sin que los invitados se percaten. Y cuando el armario rebosó, tuve que abrir espacio en otras partes de mi casa.

Eso sí, detective, ninguno de mis invitados tuvo queja por la tersura de esos cuerpos con los que cimenté el hogar del que ustedes me arrancaron esta madrugada".

Un cruel episodio de violencia

-¿Eres un robot?...

La pregunta se la devolvió luego de que éste la hubiera formulado intempestivamente. Era el último escenario para ambos y, después, la incertidumbre. Quien la respondiera tendría ante sí un camino difícil, tal vez insuperable, siendo probable encontrar la muerte de nuevo, a manera de un sinsentido abominable.

Los oponentes sabían que la pregunta era un santo y seña, lo que no aliviaba la tensión entre ambos: formulada a manera de ritual, otorgaba trascendencia ante quien la pronunciaba por primera vez; repetida cientos de veces a lo largo de una cadena de asesinatos, perdía valor, la asemejaba al innato sentido de supervivencia.

Un cruel episodio de violencia ocurrido en una línea temporal convergente.

-Si no, por favor dispara.